Deuda de los tucumanos consigo mismos y con Pelli

21 Jul 2019

Tucumán fue -y afortunadamente lo sigue siendo- una tierra fértil de talentos, muchos de los cuales han trascendido los límites provinciales y la han prestigiado. El viernes, se apagaron los 92 años de César Pelli, arquitecto que encontró su lugar bajo el sol en las alturas de los rascacielos de varios rincones del mundo.

Hijo de nuestra Universidad, donde se graduó en 1949, gracias a una beca del Institute of International Education, en 1952 viajó a Estados Unidos para hacer un master en la Universidad de Illinois. Después de recibirse trabajó en el estudio del gran arquitecto finlandés-norteamericano Eero Saarinen, un paso fundamental para su especialización. Con la muerte de Saarinen pasó a hacerse responsable de diseño en grandes empresas de arquitectura e ingeniería en Los Ángeles.

En 1960 regresó a Tucumán y enseñó en la UNT. Al iniciarse los setenta ya había adquirido renombre en todo el país. En 1976, la Universidad de Yale lo designó decano de su Escuela de Arquitectura y, al año siguiente, se instaló por cuenta propia, con “César Pelli & Asociates”. El catálogo de sus obras es impresionante: la embajada norteamericana en Tokio; el Winter Garden de Niágara Falls; el Pacific Design Center de Los Ángeles; el Winter Garden en World Financial Center de Nueva York; la expansión y remodelación del Museo de Arte Moderno Neoyorkino, las Torres Petronas, de Kuala Lumpur; la Sede de NTT, la Compañía Nacional de Teléfonos de Japón, etcétera. Obtuvo con su equipo de diseñadores el Primer Premio por la Sede Central de Conferencias en Viena, en 1989, recibió el Premio a la Firma Arquitectónica del Instituto Americano de Arquitectos y en 1995 su Medalla de Oro.

Al igual que Pelli, hubo otros tucumanos que con su labor y talento hicieron conocida esta provincia más allá de nuestras fronteras. Sin embargo, en muchos casos, estos no han sido lo suficiente valorados por sus comprovincianos porque no los conocen o porque rápidamente se les busca defectos para mermar su prestigio bien ganado. Lola Mora (1866-1936), por ejemplo, fue nuestra escultora más importante; varias de sus obras la recuerdan en San Miguel de Tucumán, pero no hay ninguna efeméride que la homenajee.

Muchos de ellos podrían ser homenajeados con bustos o con calles o plazas que lleven sus nombres o con el estudio de su producción en el ámbito educativo, tanto en la literatura, la música, las artes plásticas o las ciencias. ¿Cuánto sabemos los tucumanos de Juan Bautista Alberdi, padre de la Constitución Nacional, de Nicolás Avellaneda, Julio Roca, los dos presidentes que nuestra provincia le dio al país?

Los arquitectos no suelen ser figuras que despiertan una suerte de idolatría en una sociedad como lo son, por ejemplo, los deportistas o las figuras del rock. Sin embargo, Pelli fue un hombre que sobre la base de humildad, talento, perseverancia, pragmatismo y buena suerte construyó un camino trascendente, sin menospreciar nunca sus orígenes. Reconoció el valor de su provincia en su formación y en su concepción de la arquitectura. Considerado uno de los arquitectos más importantes de las últimas décadas a nivel mundial, paradójicamente los tucumanos no contamos con ninguna de sus creaciones, pese a que hubo algunos intentos que se frustraron por falta de visión o mezquindades de nuestra clase política.

Sería bueno que su diseño del Centro Cívico de Tucumán que se hallaba en su etapa final, se concretara finalmente. Sería un modo de homenajear a este gran tucumano, aunque él ya no pueda enterarse.

Comentarios