En primera persona: cuatro historias sobre cómo roban a los taxistas en Tucumán

La mayoría de los ataques a choferes tienen como protagonistas a mujeres. Una modalidad que va en aumento.

19 Jul 2019 Por Miguel Velardez
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Pedro Cabrera, uno de los choferes asaltados por una mujer. LAGACETA.COM

¿Cómo hacen los delincuentes para ganarse la confianza de un taxista, lograr que bajen la guardia para tomarlos desprevenidos y darle el zarpazo del robo?...

La viveza criolla, el cuento del tío, la picardía o, como quieran llamarle, es lo que ponen a prueba todos los días los ladrones para tomar por sorpresa a los choferes y robarles. El ingenio popular es muy productivo a la hora de pensar las estrategias para asaltar a desprevenidos. Es cierto que muchos “tacheros” ya conocen las artimañas de los delincuentes; sin embargo, siempre aparece un nuevo método que termina venciendo al más alerta de todos los conductores.

Cada vez que aparecen nuevos métodos para engañar y asaltar, los propios taxistas comparten esas anécdotas como una manera de alertar a los demás. Pero también es cierto que los delincuentes vuelven a la carga con otras artimañas, a veces, más efectivas.

Una de las últimas estrategias que apareció en las calles para asaltar taxistas tiene como protagonistas a mujeres; a veces, solas y otras en dúo.

Con las milanesas para la cena

Este hecho ocurrió en la avenida Juan B. Justo y Blas Parera. En realidad, el viaje comenzó mucho antes, en la zona de la plazoleta Mitre, donde una pasajera le hizo señas al taxista. La mujer abrió la puerta trasera y se acomodó en el asiento. El chofer encendió el reloj taxímetro, mientras la mujer le pedía que la llevara hasta la avenida Martín Berho al 600. El chofer aclaró que solo la llevaría hasta avenida Juan B. Justo y Martín Berho (unos 600 metros antes del destino señalado).

“Ya me imagino –dijo la mujer-, por culpa de unos cuantos delincuentes, después pagamos todos”, agregó.

Pedro Cabrera lleva 25 años arriba de un taxi. No tuvo sospechas y siguió su camino. Bajó la ventanilla y le preguntó si le molestaba el humo del cigarrillo a lo que la pasajera le dijo que no le molestaba si le convidaba uno.

El taxista siguió por avenida Sarmiento hasta esquina Norte y dobló por Juan B. Justo. Al llegar al cruce de la esquina con la calle Blas Parera, la pasajera le pidió que frenara. “Espere, espere, por favor –le dijo la mujer-, pare que quiero llevar unas milanesas para no tener que salir de nuevo de la casa”, agregó.

La mujer señaló una carnicería que está en esa esquina. Bajó del auto y al pisar la vereda saludó a un vendedor de CD que estaba en el lugar. “Hola Juan –dijo la mujer-, ya tenés el CD que te encargué”, preguntó.

El hombre respondió que sí, mientras el taxista encendía el segundo cigarrillo del mismo viaje. La mujer caminó hasta la carnicería y el taxista aprovechó para estirar las piernas. Se bajó, apoyó la espalda en la puerta del auto y siguió fumando tranquilo.

El auto había quedado a unos 30 metros del local comercial, donde la mujer bajó a comprar las milanesas. No habían pasado ni 10 minutos, cuando el chofer daba las últimas pitadas, cuando un hombre le hizo señas desde la carnicería. Con la mano le pedía que se acercara al local.

“¿A mí me llama?” preguntó el chofer golpeándose el centro del pecho con la mano.

“Sí amigo, venga”, le dijo. “¿Está esperando a la pasajera?”, preguntó. “No se preocupe, ya está en la casa; en esta carnicería entra por una puerta y sale por la otra, no compra nada –le explicó señalando con el brazo en alto-; todos los días hace lo mismo”.

Resignado, el chofer volvió a su auto. Pero en el trayecto le preguntó al vendedor de CD si conocía a la pasajera que había bajado del taxi unos minutos antes. “Sí –le respondió-, tenga cuidado que es más rápida que inmediatamente”, le dijo…

Con un bebé en brazos

Otro caso típico de asalto comienza en la zona de la Maternidad. Dos mujeres suben al taxi. Una de ellas lleva un bebé en brazos. “En realidad, no sé si era un bebé de verdad o un muñeco, porque lo tenía en brazos y bien tapado”, advierte el taxista Francisco González, que cayó en la trampa. Piden un viaje a Banda del Río Salí y el chofer avanza por Mate de Luna hacia 24 de Septiembre para seguir rumbo al Este tucumano.

Durante el viaje, la estrategia es entrar en confianza. La conversación gira sobre temas cotidianos. Pero hay ciertos indicios para sospechar. Por ejemplo, la mujer que se sienta atrás, en general, es la que menos habla y es la que, supuestamente, lleva un bebé en brazos.

Antes de llegar al lugar señalado, las pasajeras cambian de destino. Ahí empieza el problema. El chofer tiene dos opciones: hacer bajar a las mujeres o seguir el viaje. Al final del trayecto, una de ellas dice que en la nueva esquina está esperándola su esposo y que va a pagar el viaje. En realidad, es el que hará el asalto con armas y con uno o dos socios más que aparecen de sorpresa, cuando el vehículo se detiene.

El abogado de saco negro

Un hombre sube al taxi; en la mano lleva una agenda de cuero marrón y algunos papeles sueltos. Dice que es abogado y pide que lo lleven a una esquina de Villa 9 de Julio. Es media mañana. En el destino señalado, se baja y le pide al chofer que espere unos minutos, mientras él habla con un cliente. La conversación se da en la vereda, mientras el taxista observa toda la escena sin problemas. Luego de unos minutos, el pasajero vuelve a subir al auto y señala un nuevo destino. En la segunda parada, repite la escena; se baja y habla con un grupo de tres personas. Después vuelve al auto y sigue su periplo. Mientras viaja, el pasajero le cuenta al chofer que tiene varios casos penales y que va conversando con sus clientes para avanzar los papeles en tribunales. Es pleno día y el chofer no desconfía. En ese momento es cuando el delincuente da el zarpazo. Pide que lo lleven al barrio farmacéutico como último punto del viaje. Se baja y entra por un callejón; mientras el chofer espera. Pero el cliente nunca vuelve… el conductor se ve en medio de un territorio que desconoce y no le queda otra opción que resignarse a perder el viaje, pero salir rápido para no perder más cosas. Cristian Gómez todavía recuerda que salió del lugar con la velocidad de un relámpago.

La torta para el cumple

Una mujer sube al taxi cargada con una bolsa. Dice llevar pequeños regalos y cotillón para una fiesta. Su destino es Uruguay y Paso de los Andes. Asegura que va a retirar una torta para el cumple de su sobrino. Durante el viaje le recomienda al chofer ese lugar para comprar la torta cuando lo necesite. “Son muy ricas y con buen precio”, asegura.

Viaja sentada atrás del chofer, Julián Rodríguez, el taxista que cayó en la trampa, recuerda que la mujer tenía una panza de embarazada. “Por eso no dudé ni un minuto, a pesar de que la zona era complicada”, recuerda.

Una cuadra antes de llegar a destino, le pide al chofer que frene. “Aquí está mi marido”, dice la mujer. El hombre sube al taxi también en el asiento trasero. Pero no avanzan ni una cuadra; inmediatamente la mujer toma por el cuello al taxista, mientras el pasajero le pone un cuchillo a la altura del hombro y comienza el asalto.

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