Hay memoria y hay verdad, pero no hay justicia

19 Jul 2019 Por Álvaro José Aurane
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La oscuridad, en la tradición judeocristiana, marca desde el “Día uno” de la creación la voluntad de Dios (Elohím, en hebreo) de fijar un orden binario, fundante de una lógica moral. Primero separa la luz de la oscuridad. Luego, el día de la noche. Después -en definitiva-, el bien del mal.

Toda cosmogonía registra antinomias similares. Pero la mitología griega presenta una particularidad: las Tinieblas son un lugar. Su personificación es Érebo, una deidad primordial, anterior a Zeus, hijo del Caos -precisa Pierre Grimal- y hermano de Nix (la Noche). Diferentes teogonías atribuyen a las Tinieblas y a la Noche el engendro de abstracciones como las Ceres (la muerte violenta), Ápate (el Engaño), Éride (la Discordia) y las Hespérides (ninfas del ocaso).

Pero Érebo no sólo es un dios: también es la residencia del Cancerbero (el perro de tres cabezas que custodia las puertas del infierno. De las Erinias (las figuras míticas de la mortificación). Y de Tánatos (la Muerte). El Érebo es mencionado en muchas tradiciones como parte del Hades (el Inframundo). E inclusive, es usado como su sinónimo.

Ahora que se cumplen 25 años de impunidad del atentado contra la Argentina a través de la AMIA es inquietante comprobar que Érebo queda aquí. Que en este país hay un inframundo vigente, habitado por la monstruosidad, por el sufrimiento que mortifica y por la muerte. Un infierno terrenal ganado por la aniquilación violenta, que ha engendrado discordias y engaño. Todo un ocaso del Estado de Derecho.

El Érebo argentino gestado a la sombra del más cruento y sanguinario ataque terrorista en la historia de este país (el peor de toda América hasta el 11 de septiembre de 2001) es aterrador. Pero no lo es masivamente. “Para buena parte de la gente, el Érebo es misterioso y remoto”, escribe Gustavo Perednik en Matar sin que se note. Para el común de los seres humanos, describe, es real “sólo el planeta en el que hay justicia, la ley es soberana, la racionalidad influye las relaciones humanas y todos comemos perdices”.

Hay que echar luz sobre esa guarida de custodios del averno. Para eso es la memoria de los 85 compatriotas que perdieron la vida en ese acto brutal y canalla contra nuestra nación. Para eso es la verdad de lo ocurrido. Y para eso es la Justicia. El problema es que aquí aún no hay justicia. Y ese es el cimiento de nuestro Érebo.

365 días

Hay memoria. Todos los años hay actos para conjurar el olvido. Para mantener vivo en la memoria colectiva el recuerdo de los que fueron asesinados.

Y hay, todos los días, un dolor indeleble e imperecedero en miles de argentinos. En los que perdieron afectos y amores en ese ataque a la Argentina. Y también en aquellos que, sin haber sido tocados de una manera tan directa por el atentado, sienten que el ataque a la libertad les duele en todo el cuerpo.

Cuatro pilares

También hay verdad. Se la puede encontrar en la investigación que llevó adelante Alberto Nisman, el fiscal federal a cargo de la “Unidad Fiscal de Investigación (UFI) AMIA”, quien, según las pericias de Gendarmería nacional, fue asesinado el 18 de enero de 2015.

Nisman rescata elementos de la causa “AMIA I”, que lleva adelante el juez Galeano, en la que pueden observarse, inclusive, dos momentos. En ese expediente se determina que el reducidor de autos Carlos Telleldín es el que arma y vende la Trafic cargada de explosivos que hará volar la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, en Pasteur 633, a las 9.53 de la mañana de un día como el de ayer. El equipo de socorristas que había llegado de Israel al día del siguiente del ataque, y que no pudo hallar sobrevivientes entre los escombros, sí dio con el bloque del motor cuya información permitió llegar a Telleldín. Cuando rastrean sus llamadas detectan que, una semana antes, se había comunicado con un empresario de origen sirio ya fallecido: Alberto Kannanore Edul. En la agenda que le secuestran a Edul dan con el nombre de Moshe Rabbani, clérigo de la mezquita de Flores y consejero cultural de la embajada de Irán.

Pero con posterioridad, la investigación de Galeano da un giro hacia lo que se llamará “la conexión local”, que apunta a uniformados la Policía bonaerense e identifica a un grupo de corruptos que tenían montado un negocio con autos mellizos. Eran delincuentes, pero no por ello terroristas, según se probará en 2004. Durante la sustanciación del primer juicio de la AMIA se descubre que Galeano había sobornado con 400.000 pesos (o dólares, dado que se había pagado en tiempos de la convertibilidad) a Telleldín para que acusara al comisario Juan José Ribelli. Es decir, le había dado dinero a un imputado auténtico para crear un imputado ficticio. Con ello cae todo el juicio: el tribunal absuelve a los 22 acusados.

Ese mismo año, Néstor Kirchner, presidente de la Nación, viaja a los EEUU en busca de reinsertar al país en default en mercados internacionales. En Nueva York recibe un pedido: esclarecimiento del atentado. Él armará la UFI AMIA, colocará a Nisman al frente y pondrá todos los recursos del Estado, desde los servicios de inteligencia hasta el erario, a disposición de esa unidad de investigación para que se llegue a la verdad del ataque. Dos años después, Nisman establece cuatro pilares sobre la verdad del ataque perpetrado contra la AMIA en la denuncia del 25 de octubre de 2006.

1.- El fiscal sostuvo que el atentado se planificó en la ciudad de Mashhad, en Irán, en septiembre de 1993. En una reunión de la que participan miembros del Gobierno de ese país. Por esa acusación, Interpol libró ese año las “circulares rojas” de captura internacional contra el ex presidente de Irán, Akbar Hashemi Rafsanjani; el ex ministro de Información y Seguridad hasta 1997, Alí Fallahjan; el ex ministro de Relaciones Exteriores, Ali Akbar Velayati; el ex comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezai; el jefe del Servicio de Seguridad Exterior del Hezbollah, Imad Fayez Moughnieh; el ex comandante de las fuerzas especiales iraníes, Ahmad Vahidi; el ex secretario de la embajada de Irán en Buenos Aires, Ahmad Reza Asghari; y el ex consejero cultural, Mohsen Rabbani. Pero han pasado 25 años y en enero de 2017 el ex presidente Rafsanjani falleció, a los 82 años, por problemas cardíacos.

2.- Nisman determinó que la ejecución del atentado queda a cargo de Hezbollah, la organización libanesa chií que surgió al calor de la intervención israelí de 1982 en ese territorio y de las guerras civiles (1982-83 y 1985-86) del Líbano, y que en estos días es declarada terrorista por el Gobierno argentino.

3.- El terrorista que se inmoló en el atentado del 18 de julio de 1994 es Ibrahim Hussein Berro, de 21 años, oriundo del sur del Líbano y reclutado por Hezbollah. Él manejaba la Trafic.

4.- La buscada conexión local, puntualizó Nisman, no era otra sino Moshen Rabbani.

Tres documentos

En mayo de 2013 hay un segundo documento respecto de la verdad: un dictamen en el cual Nisman acusa judicialmente al régimen iraní de infiltrar numerosos países de Sudamérica para instalar “estaciones de inteligencia” destinadas a cometer, fomentar y patrocinar actos terroristas, en consonancia con el postulado de “exportar” la revolución islámica.

Seis meses después, Nisman interpuso un recurso para que se declare inconstitucional el Memorándum de Entendimiento de la Argentina e Irán, un pacto que había sido firmado en secreto por el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; y que luego fue justificado en nombre de que, como la investigación del atentado de 1994 “estaba estancada” había que buscar una alternativa. Nisman planteó que la “Comisión de la Verdad” que creaba ese acuerdo era un órgano político que le arrebataba la causa a su juez natural para ejercer funciones propias de los jueces. Esa “Comisión” estaba facultada para recibir evidencia, revisarla, efectuar un análisis de la prueba de cada acusado, recolectar material de prueba, interrogar acusados y también al juez de la causa, y, finalmente, emitir un informe. Ese “informe”, que no podía ser revisado, debía ser considerado, dijese lo que dijera, como “la verdad”, y tanto Irán como la Argentina deberían tenerlo en cuenta para ajustar sus acciones y su legislación. Por tanto, el fiscal planteó que el Poder Ejecutivo se entrometía en la función judicial, que violaba su independencia y que echaba por tierra el sistema republicano, además de muchas garantías constitucionales. En mayo de 2014, la Justicia declaró inconstitucional el acuerdo. El fallo quedó firme en diciembre de 2015, cuando el Gobierno de Mauricio Macri desistió de apelar esa decisión.

Finalmente, el 14 de enero de 2015, Nisman denunció en la Justicia a Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman (ya fallecido) y numerosos miembros del oficialismo de negociar y organizar la impunidad de los prófugos iraníes en la causa AMIA, con el objetivo de “fabricar inocencia” para Irán. Según el fiscal, intereses geopolíticos y comerciales del Gobierno argentino iban a beneficiarse con el pacto destinado a favorecer ilegalmente y desvincular definitivamente y de manera fraudulenta a los sospechosos de participar en el atentado.

Cuatro días después ocurrió la muerte de Nisman. En el tacho de basura de su departamento, el 20 de enero de 2015, encontraron el borrador de su pedido de arresto contra Fernández de Kirchner y contra Timerman.

25 años después, el atentado contra la Argentina mediante la voladura de la AMIA sigue impune.

Una luz

Hay una posibilidad. Entre otros motivos porque las Tinieblas y la Noche también engendraron a Hémera: el Día. Acaba de recibir dictamen de mayoría, en la Cámara de Diputados de la Nación, el proyecto de Ley de Juicio en Ausencia, que preserva los derechos y garantías del imputado, porque aunque no esté presente, cuenta durante la sustanciación del proceso con una defensa técnica e idónea que garantiza todos sus derechos y sus garantías.

Cabe una aclaración, indispensable en este país donde, apenas perpetrado el atentado de la AMIA, el entonces presidente de la Argentina, Carlos Menem, llamó a su par de Israel, Yitzhak Rabin (asesinado al año siguiente en Tel Aviv) para darle las condolencias, porque al parecer no advertía que los muertos eran argentinos. La necesidad de Justicia no es una demanda de la comunidad judía: es el derecho de los argentinos a vivir, justamente, en un estado de derecho. Y a lo único que un estado de derecho no puede renunciar a es la Justicia. ¿Qué es un Estado sin Justicia? Los argentinos conocen largamente la respuesta...

¿Qué es un Estado donde se conoce la verdad del horror, donde hay memoria de sus víctimas, pero no hay Justicia?

Mientras el atentado siga impune, Argentina no estará en el tercer mundo sino en el primer inframundo. En el Érebo. En las tinieblas.

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