El juego que cambia sus reglas a medida que gana participantes

El "UNO" se creó hace más de 40 años y hoy continúa sumando aficionados que se atreven a modificarlo para volverlo más divertido.

18 Jul 2019 Por Karen Fernández

El juego que puede unir a primos, amigos, hermanos, tíos y hasta desconocidos de todas las edades es un simple mazo de 108 cartas conocido como “UNO”. Sin embargo, a partir de allí se abren innumerables posibilidades, discusiones y polémicas.

Es el juego infaltable en la mayoría de las reuniones, cumpleaños, viajes y hasta bares de todos los tucumanos y personas de todo el mundo. Puede reunir hasta 10 personas en una mesa (en algunos casos más) y, según las reglas, se puede jugar desde los siete años, aunque solo se necesita saber los números y los colores primarios.

El mazo tiene cartas del cero al nueve de los colores azul, rojo, amarillo y verde. Además de cartas “especiales” que cambian el sentido del juego, anulan turnos, cambian el color con el que se está jugando  o las más temidas: aquellas que te obligan a levantar dos o cuatro cartas.

EL JUEGO. Contiene un mazo de 108 cartas. LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO

Las cartas deben combinarse con los números, colores y las especiales para lograr deshacerse lo más rápido posible de todas. Cuando a algún jugador le quede una sola carta, deberá avisar a los demás gritando “UNO” o será penalizado alzando dos cartas. El primero en quedarse sin ninguna, será el ganador, aunque los demás pueden continuar la partida.

El mazo viene acompañado con un instructivo que explica cómo jugar, aunque la mayoría de las personas admiten que ya crearon sus propias reglas para volver la partida “más divertida”. Incluso una versión del juego viene con el instructivo en blanco, para que el dueño escriba a mano las reglas a seguir. Entonces cuando una persona juega por primera vez al UNO, lo aprende de una forma que quizá en otro grupo lo hacen distinto.

Ahí surge la pregunta: las reglas del UNO ¿se respetan o se imponen?

El instructivo, sin ninguna explicación, es lo primero que desaparece de la caja que transporta las cartas, por eso los distribuidores del juego detallan las reglas en su página web. Algunos jugadores, al leerlas, descubren que nunca las siguieron; ni siquiera desde que aprendieron a jugar.

Un infaltable en la mochila de María Méndez (16) son las cartas del UNO que “siempre sacan de apuro”. Admitió que con sus amigos crearon sus propias reglas: “usamos la súper rápida, la carta muda, cambio de mazo directo, rotación de cartas todo para volverlo más divertido”.

“Soy muy tramposa en todos los juegos de mesa, pero en el UNO es más difícil, es esencial estar concentrada y con las cartas ordenadas para ser rápidos”, agregó.

SILENCIOSOS. Cuando sale la carta muda (acordada por los jugadores) tienen que comunicarse con señas. LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO

Se trata del pasatiempo preferido en los recreos de Juan Pablo Mercado (14). “Con mis compañeros sí cumplimos las reglas y me enojo cuando no lo hacen”, relató. “Me encanta jugar de a muchos porque es más divertido”, agregó.

“La base del UNO es armar complots”, explicó Valentina Palavecino (19) que se pone de acuerdo con los participantes para tirarle todas las cartas +2 y +4 a una persona determinada. Aunque admite que cuando descubre a alguien haciendo trampa se molesta porque “odia perder”. “No me acuerdo cuándo es la última vez que jugué sin pelearme con alguien, pero ‘jodiendo’”, recordó.

Además, Valentina tiene muchas anécdotas con sus amigos. “Una vez estábamos en un bar y justo todos los varones se fueron al baño, con mis amigas sacamos todas las cartas especiales y ellos no entendían por qué alzaban siempre ellos. Capaz que por esta nota se enteran de que hicimos trampa”, bromeó.

Quien todavía no se acostumbra a las reglas adicionales, pero aun así disfruta el juego, es Ricardo Auad (17) “Me olvido del espejito, así que juego con las reglas normales, aunque mis amigos no”, comentó. “Aún así siempre gano primero y me aburro esperando que los demás terminen la partida”, alardeó.

Cecilia Herrera (21) aprendió a jugar con hermanos después de años de tener el juego porque “no le llamaba la atención”. Aprendió a jugar guiada por las reglas incluidas en el mazo. “Después comenzamos a inventar reglas o a buscar otras formas de jugar por internet, para que nunca se torne aburrido”, contó. “Las cartas de +2 o +4 sacan lo peor de mi”, agregó bromeando.

LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO

“Siempre hay que adaptarse a las reglas del grupo con el que estés jugando, no queda otra aunque a mí me gusta respetar las originales; por algo están”, admitió Facundo Siria (17). Asegura que el UNO es el mejor juego de mesa y que no tiene ninguna estrategia armada. “Lo peor que me pueden hacer es tirarme un +4 cuando anuncio que me queda una carta”, amplió. Julian Rubino (20) no está de acuerdo y defiende que las reglas originales son aburridas. “Sin las especiales no se disfruta el juego”, atacó.

Un sin fin de opciones

El juego tiene más de 100 adaptaciones que personalizan el tradicional UNO con versiones especiales de series o películas famosas. Además hay versiones del mazo donde las cartas son sumergibles e ideales para el verano. Para las personas que no tienen las cartas o no saben con quién jugar, hay disponible una versión online donde ahí se respetan las reglas de los creadores. 

“Cuando estoy aburrida el UNO siempre es la mejor opción, lo juego con mis amigos, familia y hasta desconocidos desde que soy chiquita”, recordó Sofía Martin (18). Y agregó que llegó a discutir con su primo después de haberle hecho levantar 30 cartas en una jugada.

“No entiendo a mis amigos que se pelean en medio de una partida, me dan mucha risa”, contó Bruno Angelillo (20). Su estrategia es intentar quedarse con alguna de las cartas especiales hasta el final. Además enseñó el juego a casi toda su familia para poder disfrutarlo con ellos.

LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO

Solana Made (20) asegura que el UNO es el mejor pasatiempo en una misión con su grupo, porque puede jugar con desconocidos y con sus amigos a la vez, además las reglas no son difíciles de entender. “A las reglas hay que acordarlas en un principio, no pueden agregar o modificarlas en medio de la partida”, aseguró. Y admitió que su parte preferida del juego es cuando sale la carta muda y tiene que comunicarse con señas y a veces no logran entenderse entre todos los jugadores.

En una juntada en donde no conoces a algunas personas el UNO puede hacer que comience una amistad. Eso le pasó a Aarón Domínguez (20), que no asiste a ninguna juntada sin las cartas en la mochila. “Es un buen juego para empezar a hacer amistades porque ya todos lo conocen y es fácil de entender”, argumentó.

LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO

“Depende el grupo con el que me junto es la forma en la que jugamos, si no usamos la forma convencional y vamos agregando las reglas especiales de a poco”, añadió.

“El juego me sube un montón la adrenalina sobre todo cuando aparecen las cartas especiales o comienza alguna de las típicas discusiones por las reglas”, admitió Agostina Navarro (22).

Y aseguró que no hay nadie que respete las reglas iniciales, “con todas las variaciones, ya parece aburrido el juego original, cada grupo tiene sus reglas y eso lo hace único”.

No hay dudas que el UNO es el juego que parece no pasar de moda y que gana más aficionados con el paso del tiempo. Cada vez es más habitual ver a grupos de personas jugándolo en bares, previas y reuniones. Lo que no se puede asegurar es que, entre ellos, puedan llegar a un acuerdo con las reglas, que cambian y se multiplican en la misma proporción en que aparecen nuevos jugadores.

Comentarios