¿Impiden los protectores solares que el cuerpo genere vitamina D?

La vitamina D es vital, entre otras cosas, para fijar el calcio, y nuestro cuerpo sintetiza el 70% en contacto con el Sol. Suplementos dietarios.

12 Jul 2019
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SALUDABLE. Tomar sol durante media hora (no al mediodía) permite al cuerpo a producir vitamina D. reuters

Todos hemos escuchado que se necesita calcio para tener huesos sanos y fuertes. Lo que con menos frecuencia nos dicen que sin la vitamina D el cuerpo no puede absorber calcio. Y el organismo produce químicamente la vitamina D cuando la luz solar directa toca nuestra piel. Aquí nace un problema, porque también todos hemos escuchado -hasta el cansancio- de los riesgos de la exposición al sol, crecientes desde que la capa de ozono, ese escudo astronómico natural contra la radiación ultravioleta, sufrió los embates de la contaminación y quedó tristemente perforada.

La pregunta del millón: ¿cómo salir de este atolladero? ¿Sol, sí? ¿Sol, no?

El déficit puede ser grave

La cuestión del déficit de vitamina D no sólo es complicada por los adultos y su osteoporosis. También en los niños es esencial para alcanzar su masa ósea óptima y lograr huesos sanos, así como para el desarrollo de sus músculos y del sistema nervioso.

Y eso no es todo: un estudio llevado a cabo en la Universidad de Johns Hopkins (EE.UU.) y publicado en American Heart Association Journal Hypertension, demostró que en bebés y niños que crecen con déficit de vitamina D, aumenta un 60% el riesgo de sufrir mayor presión arterial, ¡ya en la infancia! De hecho, la insuficiencia de vitamina D es hoy una epidemia a nivel mundial. Los niveles recomendados están entre 30 y los 50 nanogramos por mililitro (ng/ml), pero según un informe de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición “el 88% de la población mundial tiene concentraciones plasmáticas por debajo de los 30 ng/ml; un 37% presenta valores de menos de 20 ng/ml y un 7% tiene niveles inferiores a 10 ng/ml”.

Dado que muy pocos alimentos contienen vitamina D (la dosis indicada de ingesta diaria es de 1.000 unidades internacionales), su síntesis en la piel a partir de la exposición solar es la principal fuente natural que existe.

Por eso, el Grupo de Investigación en Radiación Solar, de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), se ha dedicado a estudiar es el tiempo necesario de exposición al sol para obtener las dosis recomendadas de vitamina D sin que dañe nuestra salud. Los resultados se han publicado en la revista “Science of the Total Environment”. María Antonia Serrano, científica de la UPV y autora principal del trabajo, calcularon el tiempo que le lleva al Sol producir eritema (enrojecimiento de la piel causado por quemaduras).

Los datos subrayan que en los días centrales del verano, una persona con tipo de piel III (típicamente, personas con piel clara, ojos castaños y pelo castaño cobrizo) no debe permanecer más de 29 minutos bajo el sol si quieren evitarlo. Sin embargo, en invierno, puede permanecer en el sol durante 150 minutos, describe el sitio de la UPV. El equipo también midió el tiempo mínimo de exposición para obtener la dosis diaria de vitamina D.

“El problema puede aparecer en invierno, debido a los bajos niveles de radiación UV y al hecho de que la gente cubre la mayor parte del cuerpo”, señala Serrano. La conclusión del trabajo fue que, mientras en primavera y verano, al mediodía, son suficientes de 10 a 20 minutos, en invierno se necesitarían casi dos horas.

Protectores, ¿sí o no?

“Usamos filtros solares, que reducen la capacidad de síntesis de vitamina D” -afirma Yolanda Gilaberte, vicepresidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología y experta en el tema de la vitamina D- y el déficit viene ya de años”. El problema de buena parte de la población hoy en día es que se pasa el año a la sombra, y el tiempo de vacaciones se abusa del sol. Todo lo intenso es malo, pero el sol, tomado con prudencia, tiene beneficiosos efectos cardiovasculares y en el ánimo”.

Una nota firmada por las médicas Luisa Lantalech y Liliana Santangelo, del Hospital Italiano de Buenos Aires, asegura que a partir de la protección solar N° 8, se reduce el 95% de la capacidad de la piel de formar vitamina D. “Por suerte -agrega el texto-, sólo se necesita una pequeña ‘dosis’ de sol. (...). Y se recomienda exponer antebrazos, brazos, cara y piernas. Lo que más podamos. Si alguna zona del cuerpo, como la cara, tiene problemas de piel, debemos protegerla con la pantalla solar y exponer el resto”. El texto añade que una investigación realizada durante los meses de invierno en personas mayores de 65 años, de Buenos Aires, demostró que quienes se exponen al sol más de tres horas semanales (o sea 30 minutos durante seis días a la semana) tienen mejores niveles de vitamina D en su cuerpo.

Una investigación de 2017, a cargo de Kim Pfotenhauer, de la Universidad de Touro (California), y publicada en el Journal of the American Osteopathic Association, también postula que el exceso de protección solar puede atentar contra la síntesis de vitamina D.

Los resultados les permiten a los investigadores asegurar que la protección solar con un factor 15 puede llegar a reducir la producción de vitamina D3 hasta un 99%. “Si bien, la protección es imprescindible para disminuir el riesgo de enfermedades de la piel, incluyendo el cáncer o melanoma, este trabajo vuelve poner en el ojo de la tormenta su efecto colateral: evitar la correcta síntesis de la vitamina en cuestión”.

Otra mirada

En contraposición, especialistas (especialmente los de asociaciones dedicadas a prevención del cáncer) aseguran que puede asegurarse la dosis necesaria con alimentos (pescados como sardina, atún, salmón; lácteos, yema del huevo, palta, germen de trigo y champiñones). Y lo que falte, con suplementación dietaria.

Por de pronto, en los países de Europa del norte se les da a los niños vitamina D desde pequeños para paliar los efectos de los largos inviernos grises; entre nosotros -informa la neonatóloga Ana García Toro, de la Maternidad Nuestra Señora de Las Mercedes-, sólo se les da a los bebés prematuros.

Conclusión: el tema sigue en debate, pero la clave parece ser -como casi siempre- el equilibrio.

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