“En Tucumán ponen jardines verticales sólo por estética”

Una bióloga tucumana explicó el rol y la importancia de los jardines botánicos. Presentó su libro en Tucumán.

07 Jul 2019 Por Florencia Bringas
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EN SU ELEMENTO. Ana María Molina posa en un balcón repleto de plantas en medio de la ciudad. FOTO LA GACETA/ANTONIO FERRONI

En diferentes países del mundo son una visita turística obligada. Es que se los considera santuarios verdes, en los que se cultivan, se mantienen vivas y se estudian plantas de diferentes ecosistemas de una provincia, de un país o de zona climática. ¿Por qué son importantes? En ellos las personas pueden tender una conexión con la naturaleza, pueden aprender sobre el ecosistema en el que viven e impulsar a que el hombre tome conciencia que es parte de ese espacio, y que puede ser integrarlo como constructor de un mundo sustentable o como un destructor. Eso explica Ana María Molina, que lleva casi veinte años formando parte de la Red Argentina de Jardines Botánicos.

Hace una semana presentó en Tucumán el libro “El Jardín Botánico Arturo E. Ragonese: miradas a través del tiempo, realidad y prospectiva”. Esta obra es la primera en su tipo tanto para nuestro país como para toda Latinoamérica, ya que se la considera una manual para el manejo de Jardines Botánicos, aplicable a otros ámbitos como reservas, parques nacionales, viveros y entidades educativas, entre otros.

- ¿Con qué nos encontramos en un jardín botánico?

- En primer lugar, con plantas vivas. Ejemplares completos, que sirven para ver la diferencia entre una hierba, un árbol, un arbusto, lo nativo, lo exótico. También puede tener otros valores agregados, si están asociados a un museo, por ejemplo. El de Victoria (Entre Ríos), que fue parte de la vida de Justo José de Urquiza (en reiteradas oportunidades debió ser asistido en esta estancia por cuestiones de salud). También un jardín botánico enseña la interrelación entre la planta, el animal y el hombre. Porque -por ejemplo- si se trae una planta que no es nativa y no está el animal que la mantiene, crecerá sobremanera y afectará ese ecosistema. Siempre resalto que es fundamental el hombre, que él es también parte de ese medioambiente, y que puede ser constructor o destructor. Es fundamental que tome conciencia de eso, que lo tiene que conservar.

- ¿Qué tiene de especial El Jardín Botánico Arturo E. Ragonese (tema central de su libro)?

- Es una obra, un homenaje a Ragonese, un taxónomo de Buenos Aires que trabajó en el INTA de Castelar, donde yo estuve unos 40 años. En el 47 él introdujo especies en el predio con el objetivo de hacer unos libros sobre floras regionales. El concepto moderno de lo que es jardín botánico lo inicié yo en 1995. Durante veinte años trabajé no sólo para ese jardín botánico, sino para armar una red argentina de jardines botánicos que fundé en 1996. En ese entonces había ocho o diez jardines botánicos. Ahora hay cincuenta jardines botánicos del país, de los cuales cinco son tucumanos.

- ¿En qué estado están hoy los jardines botánicos argentinos?

- Los jardines botánicos nunca fueron reconocidos por las instituciones a las cuales pertenecen. No fueron apoyados ni económicamente ni les dieron importancia. Sí se ha tomado conciencia de su rol en otros países. En Latinoamérica falta muchísimo. El problema de los jardines botánicos es que permanecieron mucho tiempo en silencio. No se acercaron a la comunidad. El concepto moderno es que ese jardín le haga ver a la ciudadanía cuál es su rol.

- Y cuál es...

- No importa su superficie. Puede ser muy pequeño o de cientos de hectáreas. Pero tiene tres cosas por hacer como máximo: investigación científica, conservación de biodiversidad y/o educación ambiental. O puede hacer una de las tres cosas. Este jardín botánico que creé (con un subsidio internacional) es un privilegio que hace las tres cosas. Es que el INTA Castelar es una institución científica en sí misma abierta al público. La gente de las ciudades le da la espalda a la naturaleza. Nosotros tenemos que revertir eso. Lograr que se den cuenta la importancia de las plantas, que con el oxígeno que nos dan terminan bajando la temperatura.

- Su libro fue editado por una organización de China. ¿Cómo sucedió eso?

- Cuando me retiro por jubilación empecé con otro organismo, pero para el lado de Asia (International Association of Botanic Gardens), cuyos objetivos son promover los jardines botánicos, educar sobre el cambio climático y hacer capacitaciones para que la gente tome conciencia del rol de la naturaleza en la vida del ser humano. Es decir, concientizar sobre la conservación de suelos, la deforestación, la limpieza de los mares, la importancia de la naturaleza. Desde IABG me pidieron que colaborara y ahora formo parte de esa comisión mundial para trabajar por los jardines botánicos. Además, querían tener un relevamiento de todos los jardines botánicos de Latinoamérica. Ya terminé el directorio de Sudamérica: son 150. En paralelo les comenté que tenía este trabajo (el libro) y me lo publicaron allá con una excelente calidad.

- ¿Cuál fue el objetivo principal de su libro?

- Es como un manual, una guía, que le indica exactamente qué es lo que tienen que hacer para formar un jardín botánico. Habla sobre mantenimiento, gestión, especies. Tuve una agenda de capacitación grande: orquídeas, bonsais y los últimos años enfoqué la temática en los techos verdes y los jardines verticales.

- ¿Cómo ve a Tucumán respecto de los jardines verticales?

- Las terrazas verdes en Tucumán no están muy desarrolladas. No hay mucha gente que sepa cuáles son las ventajas de ahorro energético que generan. Una terraza verde te baja la temperatura de un edificio, te brindan bienestar. Vengo seguido a Tucumán y veo algunos jardines nuevos que están muy lindos. Al año siguiente vuelvo y están destruidos. Acá ponen un jardín vertical simple y llanamente por estética. No tienen conciencia de lo que puede producir de oxígeno.

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