Cómo se siente una batalla de freestyle rap

Más de 1.500 adolescentes asistieron a la fecha tucumana del torneo nacional de hip-hop improvisado, un deporte que quiere ser olímpico.

24 Jun 2019

Los fanáticos tucumanos alucinan con la llegada de la Freestyle Master Series (FMS), que es el acontecimiento del año en el mundo del rap: eso transmite en la puerta del teatro Trech, la estrella del hip-hop callejero de acá, que sueña con rapear en la FMS 2020. Sobre el escenario ya empezó la tercera fecha y ya se enfrentan Dtoke y Sub, que marchan tercero y segundo en la clasificación. El duelo comienza con un easy mode y un hard mode, dos rondas en las que los freestylers riman con palabras aleatorias que aparecen en la pantalla cada 10 y cinco segundos. Esta parte y la que sigue, la de las temáticas, muestran el lado solista de cada rapero; después llega el verdadero enfrentamiento, el de las réplicas y los personajes y los ataques a sangre y los disparos de versos.

Camuflado por las rimas, el repertorio de temas, de desvaríos y de insultos es infinito: Dtoke acusa a Sub de hijo del comisario, Sub le contesta algo sobre la dictadura, llueven las propuestas homosexuales. Y entre punchline y punchline, entre burla y burla, el público grita y hace ruido y se sienta y se levanta y festeja el ingenio improvisado. Así transcurre la FMS, la competencia de rap que se profesionaliza y reclama que se trate a sus participantes como a los protagonistas de otros deportes.

El español Jaime Encina, de The Urban Roosters, la empresa que organiza la FMS, define el freestyle hip-hop como un deporte mental. “Nuestro objetivo es llegar a las Olimpíadas de la Juventud. El freestyle requiere mucho entrenamiento, mucha lectura y aprender métrica y a cantar. Y además es algo muy entretenido. Por eso consideramos que nuestros chicos se han convertido en deportistas profesionales y creemos que deben ser tratados como tales”, argumenta Encina, que está a cargo de la producción del espectáculo.

La difusión de la FMS a través de las redes sociales ha convertido a The Urban Roosters en la mayor plataforma de hip-hop freestyle de España y América Latina, con más de 120.000 raperos amateurs y semiprofesionales y un mercado de 18 millones de personas. Además de en Argentina, la FMS acontece en España, México y Chile.

Después de que el jurado le da la victoria a Dtoke, el Misio agita a la multitud: “me dijeron que Tucumán hacía ruido de verdad”. Y entonces le responden con un ¡eh! estruendoso que hace vibrar las paredes del teatro. Seguirán cuatro duelos más, ocho hip-hoppers más gesticulando, agachándose, saltando, rapeando a capela e insultándose, pero también intercalando algo de política y a la Bomba Tucumana en su creativo juego de palabras. Y tras la batalla demostrarán, con saludos y abrazos amistosos, que este es un deporte de fair-play y que los insultos no van en serio. Porque los freestylers, además de rivales, son compañeros.

¡Hip, hop, viva! ¡Hip, hop, viva! ¡Vivas para el hip-hop, ruidos para el rap, olés para el freestyle! Y ese freestyle lo interpretan Valentina Vaca y Yago Andrada. En el entretiempo, Valentina, de 19 años, se divierte con Yago, de 20, y recuerda que cuando se conocieron ella se horrorizaba con la música que escuchaba él: “¿qué es ese ruido del rap?”. Dos años después están de novios y vienen juntos a la FMS. “Yo soy fanático desde hace tres años -relata Yago-. Así que la harté a ella y la convencí y le terminó gustando”. Freestyle lovers, entonces.

Ya va a terminar la fiesta. DJ Zone musicaliza el ambiente con su ritmo beat, de percusión, y El Misio invita al público a levantarse, mover los brazos y gritar. Y la gente aplaude a los raperos y los raperos aplauden a la gente. Y así se acaba la tercera fecha de la FMS, la jornada tucumana del freestyle rap.

Mientras tanto, en la puerta del teatro, los padres buscan a sus hijos. Carlos Arquez, de 68 años, que espera al suyo, no quiere opinar sobre el fenómeno: “es una cuestión generacional, vaya uno a saber. Cuando pienso en decirle algo a mi hijo, me acuerdo de mis viejos, que escuchaban música clásica y me decían que los Beatles eran una porquería”.

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