Si EEUU los rechaza, prefieren vivir en México a volver a Centroamérica

16 Jun 2019
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EN TAPACHULA. Adultos y niños provenientes de países de América Central esperan ser atendidos por la Comisión de Asistencia de Refugiados (Comar). reuters

TAPACHULA.- Muchos centroamericanos que hacen fila en una oficina de apoyo a refugiados en el sur de México dicen que podrían abandonar sus planes de llegar a EEUU y permanecer en México si el presidente Donald Trump reprime aún más la inmigración.

México aumenta la seguridad en su frontera sur con Guatemala por el acuerdo con Washington, luego de que Trump amenazara con imponer aranceles a los productos mexicanos si el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador no reduce el flujo de migrantes que llegan a Estados Unidos.

El país azteca, además, amplió el programa que obliga a los migrantes a esperar en México el resultado de sus solicitudes de asilo en EEUU. El jueves, Estados Unidos comenzó a aumentar el ritmo de retorno de solicitantes de asilo.

En el estado de Chiapas, en el sur de México, la sobrecargada oficina de ayuda a refugiados “Comar”, en la ciudad de Tapachula, registra un aumento de solicitantes de asilo. Son parte de las miles de familias que han huido de la pobreza y la delincuencia desenfrenada en Honduras, El Salvador y Guatemala durante el último año, abriéndose camino a través de México en dirección a EEUU.

“Si no tuviésemos otra opción, podemos quedarnos en México. A Honduras no podemos regresar”, afirma Dagoberto, de 34 años. Él y su compañero José tramitan una visa humanitaria y si logran llegar a EEUU planean casarse allá. Dicen que huyeron de su país por las amenazas de una pandilla. Por ello, no dan sus apellidos.

Nidia Martínez y sus tres hijos durmieron las tres noches anteriores en la calle, frente a la oficina de “Comar”. Ella está buscando una credencial que le permita llegar a la frontera con EEUU.

“Quiero llegar a Estados Unidos. Si no puedo, entonces México es un buen lugar para vivir”, asevera. Y agrega que sintió la sensación de mayor seguridad desde que llegó a Tapachula.

“En Honduras no se puede vivir en la calle porque te roban, te violan o te matan”, dijo Martínez, de 28 años, con una sonrisa de alivio de que ella y sus hijos no habían sido agredidos en la ciudad mexicana fronteriza con Guatemala.

Pero la seguridad en su caso dependía de dormir afuera de la oficina de refugiados. Los migrantes en otras partes de la ciudad y en todo México a menudo se enfrentan a la extorsión, el secuestro y, lo que es peor, por parte de delincuentes o funcionarios gubernamentales corruptos.

Hernando Gustavo Velázquez, de 45 años, también ratifica que si no logra llegar a Estados Unidos, se quedará en México. “En Honduras, si no se paga la extorsión, matan a tu familia”, manifestó. (Reuters)

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