Los muchachos peronistas

13 Jun 2019 Por Marcelo Aguaysol

La Argentina es tan amplia que hasta los radicales aplauden a un peronista que les quitó protagonismo justo en el momento en que pedían más protagonismo en el escenario electoral. El poder de turno se rinde a los pies de lo que supo criticar e incluso a los principios que llevaron a la conducción del país a una fuerza no tradicional; prometieron combatir lo viejo, los 70 años de peronismo y hoy eligen a un justicialista para la fórmula con la que quieren retener el poder. Tucumán no está al margen de esa oleada de situaciones tragicómicas de la política. Hasta un ex gobernador, que se crió políticamente en la UCR, dice que seguirá dentro del Partido Justicialista, esa misma fuerza a la que enfrentó hace unos días, el domingo pasado, en las urnas.

Los muchachos peronistas están en todos los frentes. De izquierda y de derecha; de frente y al revés. Lo que hoy es una traición, mañana puede ser una coalición. Lo que hoy es un apoyo, mañana puede convertirse en una rivalidad.

“Nos duele; no entendemos lo que estás haciendo”, lanzó Juan Manzur durante la charla que el martes mantuvo con Miguel Pichetto, que, desde ese mismo día, se ha convertido en un adversario del modelo que el gobernador tucumano ha criticado a lo largo de la campaña que le posibilitó la reelección: el del presidente Mauricio Macri. En el fondo, Manzur sabe que se trata de una movida de ajedrez muy bien pensada, que golpea en el corazón del oponente. Pero el ahora candidato a vicepresidente por Juntos por el Cambio tal vez se haya sentido tranquilo por haber cumplido con la liturgia peronista: el que avisa no traiciona.

El ex jefe de la bancada justicialista en la Cámara Alta sabe que se vienen tiempos difíciles, en una campaña que encuentra al PJ fraccionado, pero con satélites en todos los frentes. Pichetto necesitará una tregua en caso de que Macri sea reelecto. En su charla telefónica con Manzur, el senador rionegrino trató de dejar en claro que la contienda es y será coyuntural y que, después del 10 de diciembre, nada cambiará; ni la relación política, ni la amistosa. A las palabras se las lleva el viento, pero alumbra la posibilidad de que la gobernabilidad hasta 2023 sea menos traumática de lo que, a prima facie, pareciera que sería por aquello de la peronización de un futuro y eventual gabinete macrista. Cambiemos, o lo que queda de esa fuerza, seguirá convocando a los muchachos peronistas.

La jugada del macrismo tiene efecto por las persistentes indefiniciones justicialistas. Los personalismos siguen imponiéndose en el histórico partido

Otra voz al teléfono

El alineamiento de Manzur hacia el tándem Alberto Fernández-Cristina Fernández es claro. Lo hizo durante la campaña y, luego, acudió a cada llamado que le hizo el precandidato presidencial de Unión Ciudadana. Alberto Fernández; sin embargo, no descuida la relación con el matrimonio Alperovich. Y viceversa.

Beatriz Rojkés, la esposa del ex mandatario, no se olvida de que fue despojada de la conducción del distrito Tucumán del PJ de una manera poco elegante, a su entender. Lo dice en cada reunión con la dirigencia, pero no en público. Y lo refuerza con la idea de que el propio Manzur fue el que dejó de lado al kirchnerismo aquel 17 de octubre en el Hipódromo, cuando subió al interventor del PJ nacional, el gastronómico Luis Barrionuevo, al estrado. José Alperovich, en tanto, es más cuidadoso en sus apreciaciones públicas. No se quiere pelear con aquel al que tuvo como compañero de fórmula. Creyó que iba a resultarle sencillo pelearle la gobernación, pero cometió un grave error: subestimar el aparato peronista. Muchos de los dirigentes que hoy tienen protagonismo político habían estado en el ostracismo en tiempos del alperovichismo en el poder. El domingo le pasaron factura al senador.

El reelecto gobernador tampoco entiende qué le sucedió a su antecesor. Trató de limarle el poder dos años antes de las elecciones y Manzur tomó nota. En su entorno señalan que el mandatario se cansó de que le marcaran la cancha y que lo consideraran como un gobernante pasajero, que debía devolver el Poder Ejecutivo cuatro años más tarde a aquel que no podía ser reelegido. Al jefe del Poder Ejecutivo le gusta estar en el centro de la escena política. En Tucumán y también a nivel nacional. El apoyo de poco más del 50% del electorado provincial es su principal carta de presentación en la mesa chica del PJ y la base de sustento del segundo mandato. Alperovich aprendió de los errores cometidos. Entrar en conflicto con la Casa de Gobierno no será una buena estrategia. “Hoy soy un senador al que le quedan dos años y medio de mandato y puedo decir que no estoy aquí por un cargo. Vamos a mantener la estructura, dentro de la línea del PJ, participando dentro del PJ”, dijo Alperovich en una entrevista concedida a LA GACETA. En el peronismo no pueden contener la risa. Le recordarán que el ex mandatario prefirió competir por fuera de la estructura partidaria y llevarse, consigo, unos 100.000 votos que, en las estadísticas, le hubieran significado a la sigla un porcentaje superior al 60% de acompañamiento electoral en el quinto distrito más importante de la Argentina. Alperovich está lejos de abandonar la política. Seguramente volverá a reciclarse; pero le llevará tiempo. “A mí no me llamó”, manifestó el senador cuando se le consultó si el gobernador mantuvo contactos con él en algún momento de la campaña o tras los resultados del domingo. Manzur ya no irá a la concesionaria automotriz. Si hay encuentro, será él el que elija el lugar. O tal vez sea la misma Casa de Gobierno, para no abandonar la institucionalidad y la formalidad. La relación que supieron tener está congelada.

Nada es para siempre. Y menos en el peronismo. Las alianzas de ayer serán las peleas de mañana. Los desencuentros del pasado pueden transmutarse en coaliciones futuras. Así son los muchachos peronistas. Se acomodan a las circunstancias.

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