Ágata Galiffi regresa a Tucumán

11 Jun 2019

HOJEANDO EL DIARIO

MANUEL RIVA

El tren había partido de Rosario, una multitud se dio cita para poder ver a dos pasajeros muy particulares. La misma situación se dio a lo largo del recorrido del convoy aquel 4 de junio de 1939. Colonia Dora, Ceres, Rafaela, Ranchillos, La Banda, entre otras estaciones, fueron cajas de resonancia del convoy que trasladaba a dos figuras que venían a Tucumán para ser juzgadas. Eran la recordada “Flor de la Mafia”, Ágata Galiffi, y su pareja, Arturo Pláceres, quienes habían encabezado la banda que intentó robar el tesoro del Banco de Tucumán e inundar la provincia con billetes falsos.

LOS DELINCUENTES. La “Flor de la Mafia” (centro) y su pareja, Arturo Pláceres, minutos después de bajar del tren que los trajo desde Rosario.

Nuestro diario relataba el regreso de los ladrones, que habían vivido en nuestra provincia por unos dos años mientras realizaban el famoso túnel, de la siguiente manera: “había despertado una enorme expectativa. No se conocía dónde iban a ser bajados, pero ello no fue óbice para que muchas personas se apostaran a la vera de las vías con el propósito de verlos”.

La posibilidad era remota ya que para el traslado se dispuso un importante operativo de seguridad. “Los pistoleros, Galiffi y Pláceres, fueron conducidos a Tucumán en un coche de primera clase del F. C. Central Argentino, ocupando cada uno un camarote conjuntamente con los policías de Rosario y de la Capital Federal que les escoltaban armados con pistolas y carabinas. Este coche era ocupado únicamente por los delincuentes y trece policías, nueve de Rosario y cuatro de la policía porteña, quienes ejercían una estricta vigilancia y no permitían que aquellos fuesen vistos por los pasajeros”, decía la crónica.

EN TUCUMÁN. Ágata Galiffi baja del convoy rodeada de los efectivos policiales que la custodiaron en su regreso para ser juzgada aquí.

Parada intermedia

El paso de tren era como un imán para los habitantes, sobre todo para los que estaban en las cercanías de las estaciones. Una hora antes de llegar a su destino final, la formación se detuvo en Ranchillos, donde los andenes se hallaban colmados de gente expectantes por ver a la pareja. Esta imprevista parada generó expectativa en el público ante la posibilidad de que Galiffi y Pláceres fueran bajados allí. Pero esto no ocurrió y el tren partió nuevamente al poco tiempo. De todos modos la pareja no iba a llegar a la estación final de Tucumán. “El tren empieza a detenerse. Ha llegado a la calle Muñecas, punto escogido para bajar a los pistoleros y trasladarlos a la Cárcel Penitenciaria, donde momentos después quedaron alojados a disposición del juez federal Benjamín Cossio”, relataba el diario. La medida se había tomado sorpresivamente ante la sospecha de que miembros de la banda podían intentar rescatar a sus líderes. Esto no ocurrió.

Seguridad innecesaria

En la zona se instaló una docena de vehículos en cuyo interior se encontraban policías fuertemente armados. En las bocacalles también se habían apostado efectivos de seguridad con carabinas. El tren se detuvo. Primero bajó la mujer, que rápidamente fue llevada hasta uno de los coches que esperaba, subió a él junto a la guardia que la acompañaba desde Rosario. Luego bajó Pláceres, que no se cubrió la cara como lo hizo su compañera; estaba esposado y fue subido a otro vehículo.

“Los automóviles se ponen en marcha a toda velocidad. Los que conducían a los delincuentes eran escoltados por los de la Policía local y soldados del Cuerpo de Seguridad. Detrás de ellos quedó una espesa polvareda”, continuaba el relato de nuestro cronista. Pero en ese momento algo ocurrió. “Los automóviles de escolta llegaron en minutos a la cárcel dándose sus ocupantes con la terrible sorpresa de que aquellos, a pesar de haber salido en los primeros vehículos, no aparecían por ninguna parte. Tampoco habían sido vistos por nadie”. Como se ve, la situación se había complicado. Se pensaba que se habían fugado.

Minutos después aparecieron los dos coches que entraron al penal. La explicación: “los coches arrancaron primero por la calle Muñecas, en vez de tomar las calles que siguieron los policías, se equivocaron”. Es así como la pareja ingresó en la cárcel sin ninguna clase de escolta lo que demostraba que “las extraordinarias medidas de seguridad tomadas por la Policía habían sido innecesarias en última instancia”.

Ágata Galiffi fue condenada a 10 años de prisión. Fue confinada en el Hospital de Alienados por falta de una cárcel femenina. Recuperó su libertad en 1948 y murió a los 68 años el 6 de junio de 1985.

El descubrimiento del túnel a fines de mayo de 1939 alimentó el humor. Una de las propuestas más curiosas y risueñas fue la de realizar un “subterráneo turístico” que podía ser un atractivo más para nuestra ciudad. La idea era extenderlo más allá del Banco de Tucumán hasta alcanzar la Caja Popular de Ahorros, la Casa de Gobierno y llegar a la esquina de Maipú y Las Heras (hoy San MartÍn) donde se ubicaban los bancos afincados en la provincia, además de la Intendencia (donde hoy está el Banco Nación). Nuestro dibujante Sirgo (izquierda) presentó “el trazado completo y real del subterráneo que fue planeado y ejecutado con matemática precisión”. Con tono irónico se expresaba: “la obra se iba a realizar protegida por el ruido del tráfico céntrico. En estos trances se estaba cuando acaeció ese fútil incidente de la confitería acaecido en Floresta que ha embrollado las cosas”. Se hacía referencia al descubrimiento de los billetes falsos. Pero fuera de toda broma cuando el detenido Fernández manifestó que iba a pasar algo grande en el Banco de Tucumán el resto de las entidades bancarias retiraron de sus tesoros el dinero y se lo llevaron a otra provincia.

> Pensado para el turismo

Los tucumanos tomaron el intento de robo al banco con humor

El descubrimiento del túnel a fines de mayo de 1939 alimentó el humor. Una de las propuestas más curiosas y risueñas fue la de realizar un “subterráneo turístico” que podía ser un atractivo más para nuestra ciudad. La idea era extenderlo más allá del Banco de Tucumán hasta alcanzar la Caja Popular de Ahorros, la Casa de Gobierno y llegar a la esquina de Maipú y Las Heras (hoy San MartÍn) donde se ubicaban los bancos afincados en la provincia, además de la Intendencia (donde hoy está el Banco Nación).

Nuestro dibujante Sirgo presentó “el trazado completo y real del subterráneo que fue planeado y ejecutado con matemática precisión”. Con tono irónico se expresaba: “la obra se iba a realizar protegida por el ruido del tráfico céntrico. En estos trances se estaba cuando acaeció ese fútil incidente de la confitería acaecido en Floresta que ha embrollado las cosas”. Se hacía referencia al descubrimiento de los billetes falsos. Pero fuera de toda broma cuando el detenido Fernández manifestó que iba a pasar algo grande en el Banco de Tucumán el resto de las entidades bancarias retiraron de sus tesoros el dinero y se lo llevaron a otra provincia.

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