El diablo se viste a la moda

La Justicia de Paz, en muchos casos, ha dejado de lado la formalidad y la solemnidad para darle paso a la fiesta, al show y a la teatralización. Así, una vez más se contribuye al deterioro de las instituciones. El fantasma de la tijera.

26 May 2019 Por Federico Diego van Mameren
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Llegaron. Empezaron a conocerse algunas propuestas. En los últimos días los candidatos contaron qué tienen pensado hacer cuando tengan el poder. Los proyectos sobre seguridad ocupan el primer lugar porque así se lo aconsejan las encuestas del momento. Esta semana también se supo que algunos están decididos a crear más empleos. En el listado de ideas a concretar también figuran la construcción de viviendas, un tema que en los últimos años tiene tufillo a corrupción. Nadie habla de la Justicia de Paz. Es que no es tan fácil meterse en un tópico que atraviesa a diferentes sectores de la sociedad y que inclusive comprende a actores de cualquier color político. Es más fácil distinguir a Dios y al Diablo en temas como la seguridad, el empleo o la vivienda. Sólo hay que buscar unas cuantas ideas que convenzan al electorado de que, haciendo lo que dicen, todo estará mejor.

Es curioso: la mayoría de los candidatos suelen preocuparse y hablar sobre la importancia de la familia. Tanto es así que están los dirigentes que cuando ejercen un cargo público se desvelan por nombrar a sus familiares. Están los otros que cuando arman listas para ser candidatos se preocupan porque los lugares más salibles estén ocupados por aquellos a los que se unen por lazos sanguíneos. Y, también están los que se animan a justificar la violencia si sus familiares se ven criticados. Sin embargo, ninguno de estos -que son todos, prácticamente- parece muy afectado por lo que está ocurriendo en la Justicia de Paz, donde, al fin y al cabo, se constituye el instante cero de la familia y es el hiato fundamental para la constitución de la familia civil de la sociedad.

Show vs. institucionalidad

El acto de la unión civil se ha convertido en una moda y no en una obligación y responsabilidad de los ciudadanos. Ni a las autoridades ni a muchos de los contrayentes les desespera mucho ajustarse y aceptar las instituciones tal cuales son. En los últimos tiempos los mandatos de la moda indican que cada cual puede casarse donde quiera sin importar la jurisdicción. El show es lo importante. Y, la Justicia de Paz ha tomado la decisión de estar a la moda y, por lo tanto, se ajusta a los tiempos. Como los vestidos de los grandes costureros, estos acontecimientos cada vez salen más caros. Estar a la moda cuesta. En estas cuestiones casarse donde el capricho mismo lo indica puede costar hasta 6.000 pesos.

Pero lo más caro es cuánto se deteriora el valor de las instituciones. A algunos jueces de Paz, con tal de cumplir con el sueño del contrayente -y de cobrar algún dinero por el que no dará recibos, de paso-, no les importa trasladar libros que debieran ser sagrados e inamovibles y tampoco parece afectarle hasta salir de la jurisdicción que bajo juramente se comprometieron proteger.

Al delegado comunal de El Manantial José Luis Guerra le salió muchos más caro que a nadie realizar un casamiento en Cafayate. Le costó una renuncia. El hombre eligió ese camino para salvar su jubilación. Si dejaba que avance el juicio político promovido por el ciudadano Mario Vittar con el patrocinio del abogado Gustavo Morales podía quedarse sin el pan y sin las tortas, es decir sin el cargo y sin la jubilación. Guerra, quien también tiene denuncias por acoso, es un botón de muestra en la Justicia de Paz tucumana.

La jueza de Yerba Buena Josefina Penna, en una entrevista dada a LA GACETA intentó aclarar y terminó en un oscurecimiento. Comentó que en el caso de un casamiento en Cafayate -diferente al que le costó el cargo a su colega Guerra- lo que se hizo fue hacer todos los trámites, firmas y actas en Yerba Buena y luego, en la ciudad salteña, lo que se hizo fue una lectura y se firmó una hoja en blanco. “En todos los matrimonios hay fotos y videos por eso yo estoy relajada”.

Más allá del estado de relajación de la jueza, lo que en realidad se habría hecho es montar un obra de teatro donde los actores son los propios novios y nada menos que una autoridad de la provincia que se prestó a la parodia. Se forzó la realidad, se mintió para el show.

Lejos de tener esta interpretación, la jueza de paz comentó en el mismo reportaje publicado el miércoles pasado que ella había pedido asesoramiento en el Registro Civil y que le dijeron que no había problema en aplicar este sistema a la moda. Carolina Bidegorry, titular del Registro Civil, en tanto, no pareciera estar tan de acuerdo con el tema cuando recordó que ya se había advertido que no se podían celebrar casamientos fuera de las jurisdicciones respectivas; y fue más lejos aún cuando comentó que estaba trabajando en una ley para ordenar este acontecimientos. Cuando a la jueza de Paz se le consultó sobre el costo de los casamientos se limitó a responder que no tienen costo y que lo que suele abonarse son los gastos del juez de paz que debe trasladarse. Lo que no especificó es por qué hay casos en los cuales los representantes de la justicia de paz terminan cobrando 6.000 pesos sin extender ni siquiera un recibo.

Lo más llamativo es que ante estas cuestiones la Justicia no intervino, no hubo fiscales dispuestos a investigar lo que ya se convierte en una irregularidad. Tampoco los candidatos hablan del tema y aún el gobernador de la provincia no le aceptó la renuncia al juez de Paz Guerra. El porqué tiene la respuesta de siempre. La Justicia de Paz ha sido utilizada muchas veces por la fuerzas políticas para negociar, para hacer proselitismo y para llevar adelante la mal llamada política. Juez de Paz los hay profesionales y legos. Los hay abogados y psicólogos. No hay una especialización. Tal vez no importe, porque los intereses políticos son otros. Al igual que con las designaciones de la Policía muchas veces se han repartido las designaciones. O, lo que es peor se han pagado favores políticos con estos cargos. Acostumbrados a este tipo de toma y daca la ciudadanía los acepta, cuando lo que, mínimamente debería ser aceptable es que se respeten las reglas de juego. Esta salida laboral, además, no implica un costo nimio al Estado ya que cada juez de paz tiene una remuneración de más de 120.000 pesos mensuales, emolumento que se acerca a los bien pagados haberes del Poder Judicial, y que no hace necesarios cobros extra por casamiento fuera de casa.

La parodia le ha ganado a la solemnidad. En los Tribunales provinciales todavía se recuerda con estupor aquel casamiento en el que el juez de paz estaba más preocupado por la reconciliación de dos testigos que del casamiento de los novios. Les dio unas breves palabras a estos y comenzó a arengar a los testigos para que se reencontraran. Para que ella le perdonara algunas deslices a él, el juez de paz les habló y suplicó. La ceremonia terminó con llantos y sin reconciliaciones. Así como hubo gobernadores que confundían su público despacho con su casa, hay jueces de paz que no están capacitados para entender la solemnidad y la responsabilidad que implica la unión civil y se convierten en actores principales de una película en la que ni siquiera debieran estar entre los actores de reparto. Es parte del deterioro institucional de la provincia que pocos candidatos quieren ver.

Fantasmas y la tijera de ajo

Las elecciones han entrado en la recta final. En ese camino las propuestas están en segundo plano o reservadas a los operadores, consultores y asesores, no a los principales candidatos. En primer plano las preocupaciones se concentran en los fiscales. El que no tiene un fiscal por mesa no puede ni soñar con salir segundo. El tema que los desvelaba anoche era la presentación de los votos. Hasta las imprentas tucumanas quedaron al borde de un ataque de nervios. Hay quienes se fueron a hacer votos en Santiago del Estero y hasta en Buenos Aires. Aún así, no sabían si llegaban a tiempo para cumplir con la Junta Electoral.

A medida que se acerca el día de los comicios, hay más convencimiento de que el que no entra al cuarto oscuro con el voto en el bolsillo corre el riesgo de terminar sufragando por alguien que no quería o que ni siquiera conoce.

El voto en el bolsillo es como el ajo para espantar los fantasmas. Uno de los que anda revoloteando los diferentes equipos de trabajo es el del corte de boleta. En Tucumán, los sublemas y los acoples ya han hecho el estropicio. Los partidos han quedado todos en el mismo lodo, manoseados. Se han creado partidos unipersonales o unifamiliares. Han nacido los espacios porque ocupar un espacio es simplemente estar, no es trascendente compartir ideales, proyectos y sueños como ocurría con los partidos.

Con la boleta en el bolsillo se espantan los fantasmas, pero el miedo no se va porque los partidos ni los espacios tienen identidad. Los resultados del 9 de junio serán un festín para los rencorosos. Antes de usar la tijera, los tucumanos estudian los postulados de José Alperovich y de Ricardo Bussi, que se unen en el concepto de la memoria. Ambos quieren que la gente se acuerde. Se apoyan en sus nombres y en gestiones pasadas.

Juan Manzur se apoya en su gestión y trata de que la memoria sea tan a corto plazo que espera que la gente no recuerde sus relaciones con José, y ni siquiera los coqueteos con Mauricio.

Silvia Elías de Pérez está en la misma. Apuesta a que los tucumanos se acuerden de ella, de sus actos recientes, de sus denuncias cercanas. Cuánto más se apoya en su figura, más fuerte se siente.

Ariel Osatinsky confía en su trabajo como dirigente gremial en la UNT junto a los docentes. No le preocupa mucho si la memoria es a largo o corto plazo. Idéntica posición tiene Clarisa Alberstein, quien además se apoya en que el voto femenino le permita erigirse en la referente principal de la izquierda tucumana. Luego, están las apuestas de Marcela Sosa y Carlos Ruiz Vargas, quienes exageran en sus aspiraciones.

El adelanto de las elecciones ayudó al estropicio. Todos los pasos son movimientos de atolondrados. Ahora, cuando todavía no están los resultados del 9 de junio, los espacios tienen que empezar a pronosticar quiénes serán los candidatos que se anotarán el 22 de junio para competir por cinco bancas de diputado nacional en las Paso del 11 de agosto. Y, mañana, los radicales de todo el país discutirán qué quieren hacer de su vida electoral. En medio de este maremagnum el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, pidió que estos comicios provinciales y nacionales se lleven adelante en convivencia pacífica. Explicó que la clave es sabernos iguales los unos a los otros. ¿Se oye, padre?

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