Los fantasmas de la realpolitik

25 May 2019 Por Federico Türpe
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Cuenta un testigo presencial que el ex gobernador José Alperovich se negó a poner en funcionamiento el tren urbano entre Tafí Viejo y la capital, hace seis años, para que en la foto inaugural, esa presea por la que dan la vida la mayoría de los políticos, no apareciera Florencio Randazzo, ex ministro del Interior y Transporte.

“Vinimos a saldar una deuda”, anunciaba Randazzo el 14 de octubre de 2013 en Tucumán, cuando ya se perfilaba como precandidato para suceder a Cristina Fernández, aunque luego la jefa le bajó el pulgar y con ese mismo dedo gordo, ahora en alto, ungió a Daniel Scioli.

Más adelante Cristina volvió a castigar a Randazzo al obligarlo a abandonar sus aspiraciones a gobernar Buenos Aires, humillación que apartó al ex ministro del kirchnerismo hasta hoy, o al menos hasta el sábado pasado, cuando Cristina desde el Enola Gay soltó la bomba Fernández-Fernández sobre la política argentina.

La deuda a la que hacía referencia Randazzo era nada menos que la que había dejado a los tucumanos Néstor Kirchner y su poderoso secretario de Transporte, el cordobés Ricardo Jaime, preso desde julio de 2013 -luego de estar prófugo con pedido de captura internacional-, hoy con tres condenas sobre su cabeza y más de 30 causas penales en curso por corrupción, malversación y defraudación al Estado.

El 30 de septiembre de 2003 Kirchner inmortalizó la frase “de los fierros viejos vamos a construir nuevos sueños”, subido a la locomotora que partía por primera y única vez de los Talleres de Tafí Viejo. Esa máquina luego ingresó a los galpones y no volvió a salir nunca más.

Más tarde Cristina, por video conferencia, reinauguró dos veces más los históricos talleres, aperturas que no prosperaron, lo sabemos, hasta que en 2013 Randazzo, ya en campaña, hizo un nuevo intento.

Hoy nos enteramos que fue Alperovich, esta última vez, quien le puso freno a las ruedas del tren, según reveló un ex funcionario que trabajó muchos años junto al ex gobernador. “José jamás iba a permitir que Randazzo se llevara los laureles”, confesó este testigo calificado.

La pésima relación de Alperovich con el cristinismo duró hasta el último día de su gobierno, un hecho que hoy el senador, con las encuestas nacionales en la mano, intenta que nadie recuerde. Lo mismo que el gobernador Juan Manzur, que hace un par de meses despertó y recordó que era de nuevo kirchnerista.

Esa es nuestra realpolitik, como dicen los alemanes, pero en vez de práctica y de acciones concretas, la nuestra se agota en anuncios y promesas que jamás se cumplen, al menos en los últimos 40 años.

Nuestra realpolitik es mezquina, vil, especulativa, traicionera, donde apenas una foto puede más que la necesidad y la urgencia de miles de personas.

El otro tren fantasma

Entre las causas que mantienen enrejado a Jaime figura otro tren que nunca rodó en Tucumán, y es el que iba a volver a conectar la capital con la neurálgica ciudad sureña de Concepción.

Estas obras también fueron anunciadas por Alperovich en mayo de 2004. La Secretaría de Transporte, a cargo del agrimensor Jaime, esta vez le entregó $ 8 millones (más de 3 millones de dólares en ese entonces, lo que hoy serían casi $150 millones) a la empresa Belgrano Cargas para que reparara 73 kilómetros de vías. A poco más de un mes de iniciados los trabajos, adjudicados a la empresa Luis Carlos Zonis SA, la obra se detuvo, porque según la firma nunca recibieron el dinero presupuestado.

Dos años más tarde, en marzo de 2006, Alperovich volvía a anunciar que los trabajos se reiniciarían “en 10 o 15 días a más tardar”. Luego, en julio de ese año, declaró a LA GACETA: “El tren es una promesa que dimos. La empresa ya está trabajando en la reparación de las vías desde San Miguel de Tucumán hasta Concepción. Nos encontramos con algunos problemas, ya que muchas personas se han radicado a la vera de estos caminos. Las reubicaremos y en febrero estimo que la máquina estará funcionando”.

Varios tramos de la vía habían sido usurpados, principalmente en la zona de Lules, adjudicados a gente carenciada por punteros políticos, como se comprobó más adelante. Otra vez ganaba la mezquindad de la política cortoplacista y zonza. Y la corrupción, claro.

2007 estaba a un paso y la realpolitik ordenaba suspender cualquier intento de desalojo en un año electoral. Así comenzaban a enterrar otro proyecto de progreso para la provincia más atrasada de la Argentina en materia de movilidad y transporte público, urbano e interurbano. Esa es la causa palmaria, como ya se explicó, por la que Tucumán bate récords nacionales en venta de motos, como antídoto natural frente a un transporte público escaso y deficiente, en una metrópolis fragmentada, desigual y desunida, con siete ciudades y diez comunas pegadas con chicle.

La moto es la salida más práctica para la gente de menores recursos, que no encuentra otra opción para trasladarse o trasladar a su familia, por sectores o trayectos por donde los colectivos no llegan o no lo hacen en tiempo y forma.

Y aquellos con más recursos apelan al antieconómico, contaminante y congestionante auto particular, que en el 90% de los casos traslada a una sola persona por arterias colapsadas, cuando no por rutas que funcionan como avenidas, detonadas y peligrosísimas, tanto para conductores como para vecinos de a pie que deben cruzarlas, como el acuciante caso de la ruta 315-Camino del Perú, única vía de comunicación entre Tafí Viejo y Yerba Buena, dos de las ciudades más importantes de la provincia.

Varias veces se enojó Alperovich con los periodistas, cada vez que lo consultaron por estos dos trenes “fantasmas” y su relación con los hechos de corrupción que enviaron a Jaime a prisión. “No tenemos nada que ver con eso, que la Justicia investigue todo lo que tenga que investigar”, respondió el senador en mayo de 2013, cinco meses antes que Randazzo viniera a Tucumán para intentar reactivar los trenes.

Manzur y Macri no son lo opuesto

Los ferrocarriles también formaron parte de la larga lista de promesas incumplidas por Manzur, anunciadas en 2015. Autopistas y rutas que no hizo, descentralización de la administración pública que no hizo, mejoras en el transporte público que no hizo, además de otras obras prometidas en campaña que no tienen que ver directamente con la movilidad, como las cloacas explotadas, la falta de agua, las inundaciones, la urbanización de las villas, los diques, las obras deportivas, la reforma electoral en serio y un tedioso y holgado etcétera de fiascos.

Desilusión que también impacta de lleno en el corazón de Cambiemos y su sobre valorado Plan Belgrano. Según el propio gobierno nacional, en estos casi cuatro años en Tucumán, en materia de trenes, “comenzamos a renovar 27 kms de vías del ramal C8, de los 120 que unen Rosario de la Frontera (Salta) con Gobernador Garmendia (Burruyacu)”. “También estamos licitando otros 30 kms del tramo que va desde Gobernador Garmendia hasta Las Cejas (Cruz Alta)”. Cuatro años para empezar a renovar unos kilómetros de durmientes y empezar a licitar otros tantos no es otra cosa que un gran fracaso, cuando a juzgar por los anuncios del plan que se hacían en 2015 nos hacía pensar que a esta altura estaríamos viajando en tren bala por todo el norte.

El histórico ferroviario Miguel Angel Herrera recuerda que cuando existía el tren Tucumán-Tafí Viejo, la única línea de colectivos que unía las dos ciudades era una de las mejores del país. “Hasta lustraban los colectivos. No exagero, cuando llegaban a la base los lavaban y lustraban antes de que volvieran a salir. Y la frecuencia era excelente. Eso era por la competencia con el tren”, rememora Herrera.

“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, dicen que dijo Napoleón Bonaparte.

Para nosotros, los tucumanos, debería ser a la inversa. Debemos conocer nuestra historia, de lucha, de gloria, de grandes obras y hazañas, a ver si algún dichoso día podemos volver a repetirla.

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