Mirta, la pionera del rugby femenino

24 May 2019 Por Federico Espósito

Si el rugby femenino de Tucumán tiene una madre, esa es sin dudas Mirta Cabrera. Estuvo ahí desde su nacimiento, en 1997, cuando a partir de un aviso publicado en LA GACETA se formó “Huarmis” el primer equipo de rugby de mujeres de Tucumán, en la por entonces Escuela de Educación Física. De aquel grupo fundacional, Mirta fue la única que siguió vinculada al rugby hasta hoy, más de 20 años después. Precisamente fue su perseverancia la que mantuvo la llama encendida a lo largo de los largos y difíciles años que pasaron entre la desaparición de las “Huarmis” y el renacimiento de la disciplina en 2009, cuando -por iniciativa de Mirta y de Marta Maldonado, otra ex “Huarmi”- Cardenales les abrió las puertas a las pocas jugadoras que habían quedado deambulando sin rumbo fijo.

“Sí, creo que la perseverancia es una virtud que tengo. Hubo momentos en los que cualquiera hubiese abandonado, pero yo decidí seguir adelante, con paciencia. Y ese es el mensaje que trato de darles a las más chicas: que no se desanimen si las cosas no salen como esperan. A los sueños hay que seguirlos, pero con paciencia, sin perder la cabeza”, remarca la pionera, con la voz de la experiencia.

Y es que la de Mirta es una historia marcada por la perseverancia, de ir contra la corriente. “Mi primer contacto con el rugby fue viéndolo por la tele, en el programa Nuestro Rugby. Me parecía un deporte muy divertido. Así que apenas vi el aviso que invitaba a mujeres a jugar, no lo dudé ni un segundo”, cuenta Mirta, que siempre estuvo ligada al deporte. Antes, había jugado vóley, y luego había sido la capitana en el equipo de básquet del complejo Gustavo López, en Banda del Río Salí. “Mi entrenador me insistía para que volviera, pero le contesté que ya había decidido jugar al rugby, un deporte que para las mujeres ni existía en Tucumán y que no tenía competencia”, relata. Así de fuerte fue el flechazo entre Mirta y la ovalada.

Valores

La canción “Costumbres Argentinas”, de Los Abuelos de la Nada, es una suerte de máquina del tiempo que la retrotrae a los viajes con las “Huarmis”, que por no tener rivales en la provincia, debían salir a buscárselos a bordo de una combi o hasta de un camión volquete. “Eran tiempos hermosos. Quizás es porque vengo de otra época, pero siento que hoy el rugby femenino ha perdido un poco de eso. Ha evolucionado mucho, pero también se ha vuelto demasiado competitivo. Personalmente, creo que el crecimiento no debería dejar de lado que lo más importante es divertirse y hacer amigos”, enfatiza Mirta, cuya etapa de jugadora se extendió hasta los 50 años.

Para entonces, su currículum rugbístico ya tenía varios renglones. En 2004, con 39 años y sin tener un club al que representar (aún no existía ninguno), se convirtió en la primera Puma tucumana al integrar el primer seleccionado argentino de la historia, formado para el Sudamericano de Barquisimeto (Venezuela). Y a partir del desembarco femenino en Cardenales, fue jugadora, primera entrenadora de juveniles y también la primera referí, junto a su amiga Marta Maldonado. “Cuando hago una cosa, siempre estoy pensando en qué voy a hacer después para seguir ligada al rugby. Así que con Marta fuimos las primeras mujeres en hacer el curso de árbitro”, cuenta Mirta, que tendría su debut con el silbato en un torneo Eliseo Rival.

EN FAMILIA. Mirta Cabrera junto a su esposo y principal apoyo, Rubén Quiroga, sus hijos Augusto y Mauricio, y sus nietos, Luján y Jeremías la gaceta / fotos de archivo

La historia continúa

No conforme con todo lo que había logrado, Mirta se convirtió hace un tiempo en la primera presidenta de la recientemente creada Subcomisión de Rugby Femenino de la URT. Lo curioso es que, después de todo lo que ha hecho, siente que aún está en deuda con el rugby. “Disfruto de ir a mi club, encontrarme con la gente. Estoy muy agradecida, siento que con todo el tiempo que le dedico, no puedo devolverle todo lo que me ha dado: experiencias, torneos, amigas y amigos. Por eso siempre pensé en la forma de aportar desde donde pueda. Estar cerca del rugby me hace sentir bien, así que voy a seguir mientras me dé el físico y lo siga disfrutando”.

Puntos de vista

Calidad deportiva y humana

Fernando Erimbaue

primer entrenador de Las Pumas

Lo que más recuerdo de Mirta es su perseverancia. Nunca faltaba a un entrenamiento, las veces que no había con quien jugar ella se mantenía sin problemas. No sólo lo hizo como jugadora cuando empezamos con el rugby femenino en la Eudef; después mantuvo la misma actitud  como jugadora del seleccionado nacional, en Cardenales, como referí, como entrenadora y ahora como dirigente.

Su calidad en todos los aspectos deportivos también la tiene como ser humano: es íntegra, bien intencionada y humilde. Fue cuestionada cuando la elegí porque era la de mayor edad y Tucumán, prácticamente, no había tenido partidos de rugby en ese momento. Sin embargo se transformó en una de las mejores jugadoras de aquel campeonato Sudamericano, que se jugó en Barquisimeto, Venezuela.

Se ganó el apodo de “leyenda”

Isa Fontanarrosa

ex compañera de Mirta en Cardenales

“La Vieja” es un ícono del rugby femenino tucumano por muchas razones: fue la primera Puma tucumana en el primer equipo argentino de la historia. Después fue abriendo camino y trabajando por el rugby femenino desde diferentes lugares. Fue responsable de que Cardenales abriera las puertas a lo que quedaba de las “Huarmis”; después jugó siempre sin importar el nivel o la exigencia hasta que decidió dejar la cancha y seguir con el arbitraje que ya ejercía y en lo que también fue pionera. Siempre estuvo y está presente en cada paso que da hacia adelante este deporte en la provincia. Hace honor al convencimiento de que una vez dentro del rugby, uno nunca se aleja. Se ganó el apodo de “leyenda” entre las jugadoras con más trayectoria del país y sigue renovándose todos los días en los roles que consigue y va ejerciendo.

Un pilar fundamental

David Ruffino

Oficial de Desarrollo UAR

A ella siempre le gustó mucho el deporte, la acción, así que fue unas de las primeras en llegar cuando se abrió el rugby en la Escuela de Educación Física. Ya era grande cuando comenzamos, pero tenía nociones del juego avanzadas y un gran estado físico. Siempre mantuvo un perfil muy perseverante y de colaboración. Por eso, en esos años en los que el rugby femenino casi desapareció, Mirta le puso mucho tesón junto a otras chicas, y lograron mantenerse a pesar de las adversidades. Por eso digo que su perseverancia fue un pilar fundamental para que la llama del rugby subsistiera durante esos años. La actitud que tiene para generar cooperación, buena onda, que las cosas vayan para adelante, estando siempre, comprometiéndose, es digna de destacar.

Todo lo hizo contra la corriente

Javier Omodeo

Árbitro URT y ex compañero de Mirta

Fuimos compañeros en la escuela de árbitros. Recuerdo la vez que le saqué la foto en su debut como árbitro, fue en un “Eliseo Rival” en Los Tarcos. Mirta es un fenómeno, es una chica que todo lo fue haciendo contra la corriente porque la comunidad del rugby lo tenía como un deporte masculino exclusivamente. Que aparecieran mujeres jugando como las Huarmis era algo difícil de aceptar al comienzo. Ella mantuvo siempre un perfil bajo, siempre tranquila, humilde, jamás se subió al caballo, ni miró a nadie desde arriba. Además su intención de mejorar es constante: pregunta, se informa, propone. Mirta es un ejemplo, como jugadora, como árbitro, como dirigente y, sobre todo, como compañera porque fue muy solidaria. La quiero muchísimo.

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