Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 23 Mayo 2019

No hay padrinos ni madrinas. Las elecciones del domingo 9 de junio son netamente tucumanas, de cabotaje. Al menos así lo dejan traducir los candidatos locales. Si bien el huracán Cristina ha pasado por los bunkers ligados al peronismo, la mención sólo es a título referencial. Ni Juan Manzur ni José Alperovich han salido corriendo detrás de Alberto Fernández, el precandidato elegido por la ex presidenta de la Nación para afrontar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de agosto. Sólo a través de las redes sociales hubo saludos y algunos que otros apoyos tibios al nuevo escenario en el kirchnerismo. De la misma manera, Silvia Elías de Pérez no está imbuida plenamente de macrismo. La primera línea del presidente de la Nación no hizo ni vuelos rasantes por Tucumán. Cambiemos es un término prohibido en cada spot y en cada boleta que reparte la oposición tucumana a Manzur. Sólo la tercera línea de la conducción institucional del Poder Ejecutivo se ha llegado por estos lares para “acompañar” a su postulante. Y no es casualidad. En medio de tanto desconcierto, donde gran parte de la población se manifiesta reacia a todo lo que tenga que ver con las elecciones, las encuestas y los sondeos de opinión dominan a los candidatos.

Manzur se aferra a esa diferencia que, según sus proyecciones, le dan una diferencia piso de entre 5 y 7 puntos porcentuales de su más directo rival: Alperovich. La polarización le sienta bien a la Casa de Gobierno, aunque lo que más preocupa al gobernador por estos momentos es no poder mostrarse, a nivel nacional, como uno de los mandatarios que tiene un amplio respaldo en su distrito. En el actual escenario, es probable que –de cumplirse sus sondeos- retenga el título de gobernador con entre el 35% y el 37% de los sufragios. En otras épocas, el peronismo exhibió a nivel nacional guarismos que superaban el 50% de los votos. Eran otras épocas, no de divisiones. Esa carta es fundamental para sentarse en la mesa chica de las decisiones justicialistas nacionales. Manzur se ubicaría en el lote de mandatarios con peso electoral relativo frente a algunos de sus pares que ostentan aquella cifra mágica de más del 50% del acompañamiento electoral. En otros tiempos, el titular del Poder Ejecutivo se hubiera subido inmediatamente al avión para llegarse por Buenos Aires y sacarse fotos con el kirchnerismo o, quizás, con sus pares de Alternativa Federal, que ayer mantuvieron una cumbre que, a la postre, mostró una vez más que unir al PJ no es tarea sencilla.

Para Alperovich, a su vez, esta elección le sienta bien como conductor de un espacio alternativo. Su distanciamiento con Manzur puede resultar algo transitorio porque, como generalmente ha mostrado el PJ, pasan las elecciones y se rearman las alianzas. El tiempo curará las heridas. O no. La lucha por el poder es tan eterna como la ambición de sentirse poderoso. Alperovich sabe que ese poder que le da a todo político el hecho de gobernar una provincia no es asimilable, ni cerca, al que puede tener un empresario.

Bussi se encuentra con la elección soñada. Desde un principio supo recoger el guante del reclamo popular por más seguridad en una provincia insegura. Su mensaje de mano dura llevó incluso a que algunos de sus contrincantes lo imitaran. Fuerza Republicana puede llegar a tomar aire en las próximas elecciones y volver a mostrarse con un sustento parlamentario perdido con los años. Para Elías de Pérez los comicios que se vienen son más que un desafío. Por un lado, proclama sus diferencias respecto del peronismo, con un discurso que llega al corazón de la clase media tucumana. Pero, paralelamente, debe luchar contra los fantasmas internos, esos que sostienen que habrá cortes de boleta que la pueden llegar a relegar en la carrera por la gobernación. Al mismo tiempo, intenta diferenciarse de la política económica nacional, vapuleada por la inflación, la devaluación y el incremento de los indicadores socioeconómicos como la pobreza, la indigencia, el trabajo informal y el desempleo. Si algo le faltaba a la senadora radical es la posición que puede adoptar el lunes su partido en la cumbre de Parque Norte, con la polémica propuesta atribuida al gobernador mendocino Alfredo Cornejo, de propiciar una nueva coalición política, sin excluir al peronismo.

El escenario nacional y el tucumano muestran que sólo se buscan consensos para la coyuntura, pensando más en la supervivencia política de los dirigentes de turno que en la reconstrucción de un país volátil que se acostumbró a los vaivenes económicos, cuyos habitantes son verdaderos pilotos de tormentas.

La Argentina necesita cambiar su humor interno. Y los dirigentes deben ser los guionistas que marquen el nuevo rumbo de un país lleno de incertidumbres. Cuando llegue ese día, tal vez las promesas de campaña tengan sentido y la sociedad recupere la credibilidad en aquellos a los que les pone el voto cada dos años. Mientras tanto, reinan la indiferencia electoral o la indecisión. Este es el gran cuco de las próximas elecciones provinciales y nacionales.

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