El debate de candidatos que organiza LA GACETA en el ciclo televisivo “Panorama Tucumano” es una práctica completamente normada: hay un reglamento y los postulantes prestan conformidad. Hay preguntas establecidas, con un tiempo estipulado para la respuesta, y también están pautados los momentos de debate libre. Pero a pesar de que se trata de un procedimiento ritualizado, cada miércoles la Redacción es un hervidero de sensaciones. Los nervios de la organización para que todo el mecanismo funcione aceitadamente. La expectativa respecto de lo que diran los protagonistas... y respecto de lo que se dirán entre sí. El peso de la responsabilidad de ser anfitriones de un acontecimiento a través del cual la opinión pública se informa, en vivo y en directo, de lo que proponen los candidatos. El orgullo profesional (y también personal) de participar de esta producción periodística.
Como en los dos programas anteriores, la Redacción se pobló de postulantes, asesores, familiares y allegados. El estudio fue, desde temprano, un jaleo de cámaras y de luces. Los periodistas se prepararon para el desvelo. Y una nueva ceremonia democrática fue celebrada.








