Estadios de fútbol con mucha historia

24 Abr 2019

> HOJEANDO EL DIARIO

MANUEL RIVA

LA GACETA

Los campos de fútbol en Tucumán tienen una larga historia de mudanzas, cambios u otros usos alternativos. El club San Martín durante casi una década tuvo dos estadios hasta que vendió uno para quedarse definitivamente en la Ciudadela. Atlético tuvo que retrasar el inicio de las obras de su cancha, allá por 1921, debido a la existencia de una palmera en el centro del predio. Por la década de 1930, el estadio de cemento de Central Norte ocupaba parte del ex aeropuerto Benjamín Matienzo en el parque 9 de Julio (donde hoy está el club Los Tarcos), era un peligro para el delicado momento del decolaje y el aterrizaje de los aviones comerciales que ya surcaban los cielos tucumanos. Las compañías aéreas pidieron que sea demolido y el pedido se volvió más imperativo porque el 9 de julio de 1940 iban a llegar a nuestra provincia 80 aviones para los desfiles de la Independencia.

-. BARRIO EL BOSQUE. El nuevo estadio de los “cuervos” fue inaugurado más de una década después en la esquina de Juan José Paso y Santa Fe. El traslado se realizó gracias a un subsidio tramitado por Fernando Posse.-

Traslado obligado

El tema del traslado era cotidiano en nuestras páginas ya que el riesgo era alto. Bajo el título “Central Norte y su campo deportivo del parque 9 de Julio”, en marzo de 1938, indicaba: “se trata de un asunto que viene contemplándose desde hace años ya, pero que hasta ahora no ha sido tocado seriamente, ni por los dirigentes de Central Norte ni por las autoridades del Aero Club, como tampoco por el gobierno que acordó a la institución ferroviaria la concesión del terreno que existe al sur de los hangares del aeródromo para que la institución levantara su campo de juego... en los últimos tiempos ha habido un cambio de notas y hasta entrevistas entre dirigentes de ambas instituciones”. En ese intercambio los del Aero Club le solicitaban a los ferroviarios un plan para sacar el estadio del lugar y su costo. Por su parte, los “negros” hicieron saber que no querían una indemnización “sino simplemente, que se les ponga en posesión de otro local en las mismas condiciones que el actual”. Las charlas fueron por el buen camino ya que los dirigentes futbolísticos tenían: “conciencia respecto a la inconveniencia de seguir manteniendo allí el estadio, pero no se echa en el olvido que para obligarlo a salir, debe tenerse presente que es una organización deportiva que ha insumido muchos pesos para hacerse de esa sede deportiva”. La crónica señalaba que el Gobierno tenía una injerencia fundamental ya que debía arbitrar los medios para que cada parte quede satisfecha. Allí mismo se manifestaba la necesidad de “ampliar el campo de aterrizaje de modo tal que quede convertido en un aeropuerto capaz de satisfacer, rodeado de todas las seguridades exigibles, el tráfico aéreo de la institución local y de las organizaciones comerciales que se sirven actualmente de la pista, al propio tiempo que pueda ser útil cada vez que así lo requieran las actividades aeronáuticas del ejército y la marina”. El diputado Fernando Posse consiguió un subsidio de 25.000 pesos para el traslado. El 22 de noviembre de 1953 se inauguró el nuevo estadio de Juan José Paso y Santa Fe y dejó la zona de “Las tres palmas”. Central Norte y All Boys, que fueron vecinos en la zona del parque, tras sus mudanzas volvieron a serlo en el barrio El Bosque.

En los primeros días de 1930 se anunciaba en LA GACETA la realización de la primera corrida de toros en el club All Boys. La comunidad ibérica radicada en Tucumán estaba dispuesta a participar de este tipo de espectáculo con raigambre hispana. La crónica señalaba que las instalaciones del club de avenida Benjamín Aráoz se habían visto colmadas por un multitud entusiasta.

- PALMERA DECANA. La planta se ubicaba justo en el centro donde iba a estar el campo de juego del Monumental José Fierro y retrasó el inicio de las obras.

Una palmera

Los problemas de estadio los tuvieron, también, los grandes de Tucumán, Atlético y San Martín. “Casi en el centro de la futura cancha, eleva al cielo a manera inmensa crisantema, su ramaje verdinegro una gentil y solitaria palmera”. Con estas palabras comenzaba la nota publicada a fines de enero de 1921 bajo el título “Arcaica” y hacía referencia a la famosa arecácea que generó cierta polémica para el inicio de las obras donde poco más de un año después se inauguró la obra del arquitecto José Graña y que es el reconocido “Monumental” José Fierro ubicado en 25 de Mayo y Chile. La planta monocotiledónea perteneciente a la familia de Arecales llegaba a los 30 metros de altura, se erguía elegante en su reino que estaba por cambiar de dueño.

DOS CANCHAS.El “santo” tucumano tuvo dos estadios y se vio obligado a vender uno para poder pagar ciertas deudas que venía acumulando.

Dos estadios

Momentos difíciles pasaba San Martín en 1936. Algunas cuentas le complicaban el panorama institucional, pero los dirigentes y simpatizantes estaban dispuestos a hacerle frente al problema y superarlo. El artículo señalaba: San Martín, en Tucumán es el único club, que en el espacio de ocho años, contó con dos estadios instalados y de su propiedad. A raíz de empeñosas gestiones se logró construir el primero en Bolívar y Rioja en el año 1924, el cual fue vendido en el año 1930. El estadio actual ubicado en avenida Pellegrini y Bolívar, fue inaugurado en 1932, con un partido en el que intervino el team Uruguay Postal de Montevideo. Este estadio es el que actualmente soporta una hipoteca de casi 19.000 pesos, la que se vence en noviembre del corriente año y para cuya cancelación está empeñada su actual comisión.

> Marcos Toledo, un jugador que fue parte de varios equipos tucumanos, jugó en Buenos Aires y en México

Los futbolistas tucumanos siempre se destacaron en el fútbol grande de nuestro país. Desde Donato Penella, que brilló en Atlético y fue el primer tucumano en vestir la camiseta nacional jugado para un equipo tucumano en 1925. Pasando por Genaro Sica que fue parte del mismo equipo que Penella. Alberto Chividini debutó en Central Norte en 1923 y luego fue prestado a Vélez. La lista es larga pero en esta ocasión vamos a hablar de un jugador menos conocido llamado Marcos Toledo que comenzó jugando en Peñarol y después ingresó al entonces Central Argentino. “Ambos clubes, como ustedes saben, ya no existen y apenas se los recuerda”, relataba a nuestros periodistas en julio de 1923 poco antes de viajar a Buenos Aires para incorporarse al Sportivo Palermo. Toledo les contó a nuestros cronistas que también jugó en Sportivo Comercio y que definió dos copas con este conjunto ellas fueron la “Copa Juan de Garay” la que ganó derrotando 2 a 1 a Tucumán Central y la otra fue la “Copa España” que fue obtenida derrotando a San Martín por 1 a 0. Tras estos triunfos fue incorporado al servicio militar que cumplió en la marina como tripulante del crucero “9 de Julio”. Como tripulante de aquel buque fue parte del equipo que se conformó para disputar un partido en la ciudad mexicana de Veracruz. Pero mejor que lo cuente “Tenorio”, como le decían al futbolista tucumano: “entre los agasajos que recibimos fue jugar un partido con el España Sporting Club el más fuerte de la capital mexicana” y ante la pregunta sobre el resultado, respondió: “ganamos, por supuesto, y 4 a 1. Fue aquel el partido más emocionante de mi vida. Tal vez el recuerdo de la patria nos hizo jugar mucho más de lo que en verdad sabíamos. Jugué de inside derecho y anoté el tercer gol”. Además recordó que en aquel equipo también jugó Héctor Varela, futbolista de independiente por entonces. Cabe destacar que el club España fue varias veces campeón mexicano en aquellos años. El viaje a México de Toledo fue debido a que el crucero fue escolta del vapor “La Uruguay”, a bordo del cual viajaban los restos del poeta mexicano Amado Nervo que había muerto en Uruguay el 24 de mayo de 1919. Además conformaron la escuadra de honor los cruceros “El Patria” (cubano) y “El Zaragoza” (mejicano). Tras dejar el servicio se incorporó a Talleres Central Norte, también desaparecido. El futbolista relató que cuando jugaba para Peñarol fue a jugar a San Andrés. “Como perdimos el tren hubimos de vadear el río Salí y como también nos tocara en suerte ganar, nuestro rival nos sacó vendiendo almanaques y nos obligó -esta vez sin perder el tren- a cruzar el Salí a nado y con los botines al hombro”, recordó. Otra de sus anécdotas ocurrió poco antes de jugar la final con Independiente en 1922. Durante un entrenamiento y cuando estaba corriendo se largó una fuerte tormenta de lluvia, piedras y viento. Apuraron el paso hasta los vestuarios, al llegar y cambiarse descubrieron que tenían varios moretones debido a los golpes sufridos por algunas de las piedras que cayeron durante esos minutos.

El jugador, que viajaba hacia la Capital Federal al día siguiente de la entrevista por el tren del Estado, se expresó en contra del profesionalismo al señalar: “debido a la separación del football no se puede establecer disciplina y los jugadores abusan ya de lo que son, faltándoles tan solo que hagan y deshagan de sus respectivos clubes. Es a mi modo de ver, el mal más grave del football argentino”.

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