De Notre Dame a la iglesia de San Francisco

17 Abr 2019

Los lamentos están aún lejos de apagarse y seguramente, continuarán un tiempo más. El incendio de la catedral de Notre-Dame conmocionó a Francia y al mundo, y aunque sólo una parte del templo ha sido la afectada, un valioso patrimonio artístico se ha perdido, como pinturas de 400 años de antigüedad. Se derrumbó la aguja de más de 90 metros de alto y se quemó la estructura de madera del techo de más de 100 metros de longitud.

En forma casi inmediata se convocó a una colecta nacional histórica para restaurar la catedral gótica. Cuando no habían transcurrido 24 horas de la tragedia, grupos empresariales de Francia no tardaron en anunciar donaciones que por más de 700 millones de euros. La solidaridad llegó también de la Fundación del Patrimonio, una organización independiente que ha puesto en marcha una campaña para reunir fondos que en pocas horas ascienden a más de 3,3 millones de euros.

El fútbol también hará su aporte. François Pinault, una de las personas más ricas del mundo y principal accionista del Rennes, de la Ligue 1 de Francia, hará un aporte de 100 millones de euros, mientras que la presidenta de la Liga de Fútbol Profesional, Nathalie Boy de la Tour, dijo que el fútbol francés “se movilizará para poder ayudar económicamente por la reconstrucción de esta catedral que forma parte de nuestro patrimonio”.

La catedral de Notre-Dame excede su condición de ícono del Catolicismo: es un patrimonio de la humanidad. De allí que la funesto hecho haya impactado en millones de personas. La inmediata reacción de parte de la sociedad francesa para sumarse económicamente a su reconstrucción refleja no sólo su amor por uno de los monumentos emblemáticos de sus país, sino también por la enorme importancia que le dan a la conservación del patrimonio arquitectónico y cultural, entre otras razones, por los millones de euros que ingresan a las arcas del Estado en materia turística.

En contrapartida (y salvando las distancias), una buena parte de la clase dirigente de los tucumanos ha demostrado en reiteradas oportunidades su desinterés y desamor por el patrimonio histórico e identitario de la provincia. Quedan pocos días para la que la ex sede del Banco Francés, en San Martín 730, cuya propietaria es la Caja Popular de Ahorros, sea demolido totalmente. Nada quedará del emblemático edificio inaugurado en 1913. En los últimos cinco años se lo abandonó a su suerte.

Algo parecido ocurre con la iglesia de San Francisco, hoy clausurada por su mal estado edilicio. “Este templo, que tiene siglos, ha ido sufriendo una serie de daños que son producto del tiempo. Si un monumento no recibe un trabajo permanente de conservación, se deteriora. Es un hecho natural. En San Francisco sí se ha trabajado, aunque de manera intermitente, por eso hoy al menos lo tenemos en pie”, dijo la presidenta de la Comisión para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural de Tucumán. Se requieren $ 6 millones para iniciar las obras.

“Iglesia histórica en peligro” se titulaba el editorial de LA GACETA de enero de 1985. Si bien las reparaciones debe hacerlas el Estado Nacional por ser un monumento histórico, en 34 años podría haber habido una colecta tucumana para la restauración de uno de los templos históricos más valiosos de la provincia. En menos de 24 horas, los franceses reunieron más de 700 millones de euros. Aquí, San Francisco sigue esperando.

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