Los curas del futuro usan chupin y no dejan el celular

Cómo viven y qué opinan los seminaristas jóvenes sobre los temas más candentes que involucran a la Iglesia.

11 Abr 2019 Por Matías Auad

El arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez entra a la sacristía. En la habitación de techo alto hay muebles, cuadros, esculturas y un relicario de Santa Teresa. Allí lo espera el seminarista Napoleón Granero. Tiene 22 años, una camisa a cuadros azules, rosas y blancos, chupin beige y zapatillas azules. Sus compañeros más grandes suelen mirarlo con extrañeza. “Ninguno de los seminaristas de los últimos años se visten así para ir a misa o a clase”, le contará después a LA GACETA el padre Marcelo Lorca, rector del Seminario Mayor de Tucumán.

Napoleón sabe que su vestimenta es casi lo opuesto a las sotanas que llevaban los alumnos en la década de los años 80. No parece importarle. Tiene otras preocupaciones. Lleva una hora preparando todo lo necesario para la misa de iniciación, desde el cáliz hasta el equipo de sonido.

Hoy le toca ayudar a vestir al arzobispo. Le alcanza un cordón que se usa en la cintura y que se llama cíngulo, una estola que va alrededor del cuello y un manto con una abertura en el centro para la cabeza: la casulla morada. “Ahora se usa ese color porque estamos en cuaresma”, explicará después “Napo”.

Sánchez se coloca una cruz pectoral, se acomoda el cuello y se pone un gorro pequeño. “Maver…”, dice mientras hojea el misal junto con el seminarista. El prelado irradia buen humor y bromea con quienes se acercan a saludarlo. Parece ajeno a la polémica que generó cuando reveló el nombre real de “Lucía”, la niña de 11 años violada y embarazada por el novio de su abuela.

Minutos después, el arzobispo entra a la capilla del seminario sonriendo. Es el último de una fila de cinco monaguillos que caminan en silencio y con las manos entrelazadas. “Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor”, empieza a cantar el coro y los fieles, que se ponen de pie. La misa es especial: le abrirá las puertas del instituto religioso a seis jóvenes que quieren ser curas.

En Tucumán, la cantidad de seminaristas se ha reducido a menos de la mitad en los últimos 20 años, según el rector. A fines de la década del ‘90 eran alrededor de 120 y ahora sólo son 39.

Uno de ellos es Napoleón. Cinco años atrás dejó la ciudad de Metán, en Salta, para estudiar Derecho en la UNT. Planeaba casarse y tener hijos. Su idea empezó a cambiar al entrar a Acción Católica y al conocer a las monjas que acompañan a pacientes internados en el Hospital del Niño Jesús. “Me di cuenta de que quería algo que atraviese mi vida por completo. Descubrí que el amor por Dios me llenaba el corazón”, explica.

Para estudiar en el seminario dejó a su novia, que había venido desde Metán a estudiar abogacía como él. “La icónica frase de mi ex novia es: ‘yo te quería acercar a Dios pero se me fue la mano’”, cuenta entre risas. Ella lo integró a Acción Católica a pesar de que “Napo” no quería saber nada con la Iglesia. Cuando cortaron, ella se molestó y hubo lágrimas. La joven decidió volver a Salta y cambiar de carrera.

Distintos

“No me tratan de usted, me tratan de vos. Utilizan mucho el celular, así que es imprescindible que en el seminario haya wifi. Son creativos y tienen mucha iniciativa. Es más: no duermen siesta, algo que para nosotros es como un precepto”, dice el rector sobre los millennials.

Otro de ellos es Jorge Valdecantos, de 20 años. Desde chico que le gusta “compartir la palabra de Dios” y mirar videos en YouTube. “¡Sí, sí sí! ¡Wow!”, retumbó en su conciencia al ver un video sobre la vocación sacerdotal durante la adolescencia. Ahí se terminó de dar cuenta que quería ser cura.

En las vacaciones de verano, Napoleón llegó a pasar dos horas por día en Instagram. Suele compartir escritos de santos, bromas a sus compañeros, incursiones en la escultura y hasta consejos para armar arreglos florales. “Pienso que lo que suba tenga un sentido: la evangelización”, explica.

“Napo” y Jorge coinciden en que se debería enseñar educación sexual en las escuelas, eligen el “pañuelo celeste” y están en contra del matrimonio igualitario (ver “Qué opinan...”). “Hace poco, el papa Francisco dijo que quien critica a la Iglesia es como un pariente de satanás, entonces hay que amar a la Iglesia como está”, dice el salteño.

Cada vez son menos

El seminario de la provincia es de los más tradicionales del país. Fue creado en 1899 y puede albergar hasta 200 personas, pero cada vez tiene más espacios vacíos. “Son pocos alumnos por la crisis de la Iglesia en cuanto a escándalos de abusos y de crímenes, por el cambio cultural y el endurecimiento de los filtros para el ingreso”, analiza el rector. Cuando el arzobispo entró a estudiar para ser cura en la década de los ‘80, los ingresantes eran 30. Este año fueron seis.

> Qué opinan los seminaristas
- Participación de las mujeres en la Iglesia

Jorge Valdecantos: “Creo que las mujeres no necesitan ser sacerdotes. Ellas cumplen un rol más femenino, más de madre, de estar acompañando, de rezar más profundamente. Tienen una espiritualidad distinta. El hombre sí necesita porque es más brusco, es más torpe. Me van a matar muchos curas, pero creo que deberían haber más mujeres que se hagan cargo de la vida de las parroquias. Son mucho más organizadas”.

- Legalización del aborto
Napoleón Granero:
“Estoy a favor de la vida. Hay otras soluciones que tienen que ser más superadoras. El Estado debería ofrecer otras alternativas. Argentina necesita una nueva ley de adopción, más rápida”.

- Matrimonio igualitario
Napoleón Granero:
“Es un tema complicado, pero no estoy a favor del matrimonio igualitario. La homosexualidad no es una enfermedad y tampoco es un pecado. El catecismo invita a esas personas a que vivan el valor de la castidad. Creo que hay que animarlas y acompañarlas”.

- Abuso sexual infantil por parte de curas
Jorge Valdecantos: “Es importante darse cuenta de que esas cosas pasaron y no negarlas. Es la idea que tiene la Iglesia ahora. Tiene que ver con la capacidad de las personas para manejar el poder. La Iglesia son muchas personas, y estas se pueden equivocar. Es importante seguir por el camino de ver qué se hizo mal, cómo prevenir esas cosas”.

- Educación sexual en las escuelas
Jorge Valdecantos:
“¡Qué temaiken! Sí, es necesaria, pero cada institución tiene que tener la libertad de decidir cómo, cuándo, en qué sentido. Estaría bueno que las escuelas tengan una amplitud, que no sólo exista un tipo de educación sexual. Debe complementar lo que hacen los padres, que son los principales responsables en brindarla”.

- Celibato
Napoleón Granero:
“Hay que aprender a cambiar la mirada. Es una opción para amar de un modo diferente, un amor que no es para una sola persona, sino para toda una comunidad”.

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