La Bauhaus

El 21 de marzo cumple un centenario esta institución fundada en Weimar (Alemania), tal vez el ideal más ambicioso que buscó el arte, en asociación con las artesanías, la arquitectura y el diseño; pero también con el teatro, lo textil, la carpintería y la metalurgia. Un arte que, como toda vanguardia, buscó eliminar la diferencia con la vida, con la realidad.

17 Mar 2019

Por Jorge Figueroa

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

Los colores son contados con los dedos de una mano y las líneas escasas, rectas, verticales y horizontales. Construcciones geométricas básicas que evitan todo decorativismo: formas que siguen a la función, como señalaba la consigna planteada a principios del siglo XX. Como antecedente, debe citarse al arquitecto Alfred Loos que escribió en Viena, en 1908, Ornamento y delito, en el que condenaba toda ornamentación. Muchos estudiosos opinan que sin Loos, no podrían haber pesado Walter Gropius o Mies Van der Rohe, fundadores de la escuela artística que propuso el proyecto de creación y producción artística más importante de la historia: la Bauhaus.

En dos espacios tan distantes en nuestra provincia, como en un barrio reservado de Tafí del Valle (Los Cuartos) y en Villa 9 de Julio, parece asentarse esta escuela, en particular con algunas características de la obra que postulaba Piet Mondrian. También en uno que otro local aislado en los barrios Sur y Norte.

Arte/artesanía/diseño, una propuesta de enseñanza pero también de producción, de la que emergieron lámparas, sillas, mesas, juguetes, escritorios, joyas, utensillos, alfombras, que siguen siendo citados en la actualidad.

Fueron 14 años: de 1919 a 1933, entre Weimar, Dessau y Berlín, cuando el nazismo no podía tolerarlo ya y hubo que cerrar y partir. Con el modelo inglés de Arts and Crafts, de William Morris, los estudiantes pasaban de aprendices a oficiales y, según la capacidad, a maestros.

Kandinsky, Klee, Teo Van Doesburg, Johannes Itten y el mismo Piet Mondrián enseñaron ahí, además de László Moholy-Nagy, entre otros artistas famosos. Parte de la vanguardia constructivista soviética se refugió allí.

En la Bauhaus nacieron las bases normativas y los fundamentos académicos del diseño industrial y el gráfico. La escuela de diseño creó un nuevo estilo tipográfico, por ejemplo. La clase de teatro de Oskar Schlemmer era importante por ser una actividad social en la que aparecían distintos medios de expresión, como la escenografía.

Schlemmer hacía decorados, vestuarios y obras de danza totalmente ‘locas’, como el famosísimo Ballet Triádico, una puesta en escena y un vestuario con ángulos y líneas rectas. Las “alocadas y disparatas fiestas temáticas, con sus disfraces”, ya existían en la Alemania en la segunda década del siglo XX (también en otros países, antes, con el dadaísmo).

En el primer número de la revista Sur (enero, 1931), fundada por Victoria Ocampo, se publicó el artículo El teatro total, de Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus, y en el número 3 (invierno, 1931) otro titulado Arquitectura funcional. Tuvo como referente argentino al fotógrafo Horacio Coppola, quien estudió allí en los 30, donde conoció, y se casó después en Londres, con su colega Grete Stern, radicándose ambos en Buenos Aires.

Piet Mondrian buscaba la representación total del universo a través de las líneas y el uso de los colores primarios, como el rojo, amarillo y azul. Muy influenciado por la filosofía del matemático Shoenmakers, el movimiento que lideró Mondrian conmocionó las estructuras establecidas del mundo del arte (cuando el avión se acerca a Amsterdam, la construcción geométrica de la ciudad se advierte rápidamente). Las áreas del diseño de mobiliario y la tipografía en la Bauhaus fueron especialmente influenciadas por De Stijl.

En las propuestas de la Bauhaus no hay volutas, ni curvas, ni tallados; se impone la austeridad, la sobria línea recta: por ejemplo, la famosa “Silla roja y azul”, diseñada por Gerrit Rietveld. O la silla Wassily, diseñada por Marcel Breuer en 1926, que fue la primera en utilizar tubos de acero en su composición.

En Tucumán

Elian Chali llegó a esta ciudad a fines de 2014 cuando el grupo El Galpón 20.99 fundado por el artista Javier Juárez obtuvo una beca oficial para diseñar el frente de esa antigua casa-local- taller mecánico. Con sus pinturas trabajó en México, Estados Unidos, Polonia, Francia y Moscú, entre otras ciudades. “Hago arte público, que comprende muchas cosas. Malevich (Kasimir) me inspira, como el op art y el arte geométrico; Mondrian. Trabajo con parámetros primarios, con una paleta y formas geométricas”, le explicó a este columnista en ese momento. Chali se instaló en ese viejo galpón, afirmó que Banksy es un demagogo y que el street art había sido absorbido por el capitalismo. Además de diseñar y pintar la fachada con algunos colaboradores de El Galpón 20.99 habló con artistas y brindó conferencias. “La vorágine de la ciudad nos arrastra. El arte viene a recordarnos que la vida no termina allí”, añadió.

La geometría en esta provincia barroca por naturaleza es todo un contraste, un llamado de atención, pero si se observan las obras de Elian Chali en otros países, es “su” estilo. ¿Cómo imaginar una obra abstracta en Villa 9 de Julio, con dibujos y líneas a lo Mondrián? Con esos exultantes y potentes aunque pocos colores, el artista modificó el ritmo arquitectónico del barrio. Su trabajo se llamó “Ritmo”.

RUPTURA EN TAFÍ DEL VALLE. Desde hace más de una década, esta casa en Los Cuartos lleva impreso el neoplasticismo en su ADN.

El contraste, sobre todo el contraste.

¿Cómo pensar una obra así en una naturaleza calma, pasiva, con tanto verde y formas sinuosas, tranquilas, en la que no pocos han imaginado un paisaje suizo, como Tafí del Valle?

Más que contraste, en Tafí del Valle se marca una ruptura.

En el barrio que llaman Los Cuartos, desde hace más de una década, se construyó una enorme casa que respira el neoplasticismo de los Países Bajos. “Lo de Mondrian es en realidad, sólo un guiño... Debía resolver un gran ventanal y salió un cuadro a gran escala hacia el valle”, cuenta el arquitecto Giannino Ramazzotti, responsable de la construcción. “En general, una casa de fin de semana tiene como objetivo la relación con la naturaleza que niega la vida urbana. En el área social (planta baja) se buscó la mayor conexión posible con el exterior”, dice. De todos modos, acepta que el neoplasticismo está en el ADN de la arquitectura moderna.

La casa con vidrios (como se la llama en el barrio) que en su acceso externo tiene una ofrenda del Gauchito Gil, es imponente en el Valle; con sus imponentes líneas rompe la apacibilidad del paisaje, y crea otro.

El historiador Carlos Páez de la Torre (h) señala otro ejemplo. “Integra sin duda nuestro patrimonio arquitectónico, una casa, felizmente en pie, en calle Las Heras 52. Debemos al arquitecto Luis Silvetti algunas referencias a su respecto. Fue diseñada y construida para residencia de su padre, el ingeniero Luis Silvetti Peña y su familia. Firmaba el proyecto (1934) un destacado tucumano residente en Buenos Aires, el arquitecto Carlos Mendioroz. La diseñó en pleno furor mundial del estilo ‘Bauhaus’. Ese inmueble y los otros dos o tres ejemplos de arquitectura contemporánea que proyectó Mendioroz en Tucumán (por ejemplo, 25 de Mayo 705) no dejaron de llamar la atención” (LA GACETA, noviembre 2018). En barrio Sur, llama la atención el contraste del edificio del Centro Médico Maimónides de la Jabad Lubavitch.

La unidad de arte, diseño y la artesanía no puede, en la actualidad, obviarse. El planteo era vanguardista y, una de las pocas veces, pudo extenderse sin fronteras, más allá de Europa.

Críticas y mitos, sí, lo cierto es que ninguna escuela se propuso tanto, y con excelentes resultados. ¿Es que acaso hoy puede pensarse en el arte sin diseño o artesanía?

Lamentablemente, poco, muy poco, se enseña la Bauhaus, en general en las instituciones académicas.

El diseño, pues, desde hace décadas invade toda producción artística y nada parece indicar que no siga vigente por mucho tiempo más. Seguramente, se encontrarán otras denominaciones, nombres, para identificar lo mismo. O casi.

© LA GACETA

Jorge Figueroa - Periodista y crítico de arte.

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