El puente peatonal por el que casi nadie camina

Quienes cruzan por la pasarela que está frente a Filosofía y Letras dicen que es insegura y larga. En el lugar ocurrieron varios accidentes, algunos fatales.

15 Mar 2019 Por Florencia Bringas

Cada tanto se ven estudiantes con mochila al hombro. O una mamá con su nena de la mano. El puente peatonal que cruza la avenida Benjamín Aráoz se usa muy poco. Y siempre de día. Es que la mayoría de quienes pasan por allí coincide que esa pasarela es larga e insegura. Urbanistas de diferentes partes del mundo los llaman puentes “antipeatonales”: consideran que a los autos se les sigue dando vía libre para manejar a toda velocidad y el caminante debe subir escaleras y sortear numerosos obstáculos para atravesar una calle.

En octubre de 2018 el intendente de la capital, Germán Alfaro, inauguró la obra ubicada al 800 de la mencionada avenida. Se trata de un cruce pensado para los alumnos y docentes que asisten a las facultades de Filosofía y Letras, Odontología, Psicología y Educación Física de la Universidad Nacional de Tucumán. De hecho, el puente fue un pedido de la comunidad universitaria, que se reforzó luego de la muerte de un joven estudiante ocurrida el 1 de marzo de 2018.

“Nunca uso los puentes peatonales porque pienso que se van a caer. Acá todo se construye así nomás”, dijo Milagros Paversan, estudiante universitaria, que ayer cruzaba por primera vez la pasarela. Su amiga, Belén Arias, agregó que pasaron por allí para acortar camino, pero que igual tuvieron la sensación de que tardaron más tiempo. Por otra parte, sostuvo que “ni loca” camina por allí de noche, cuando la zona se vuelve aún más insegura.

El puente tiene 20,5 metros de extensión y 1,40 de ancho. Si se lo cruza a paso normal, el trayecto toma menos de dos minutos. Es de hormigón, cuenta con una malla metálica de seguridad.

Roxana González, por su parte, usó el puente peatonal para cruzar la avenida con su hija de la mano. Ella reconoció que le hubiese gustado tener la opción del cruce por una senda peatonal. Sucede que en la platabanda han colocado vallas de hierro, como una forma de evitar el cruce por zonas inadecuadas de la avenida. Sin embargo, quedó la antigua senda peatonal, que al final está interrumpida por esos hierros, y un semáforo para peatones sin funcionar. Igual, la gente esquiva estas estructuras para cruzar la calle.

Además de ese puente peatonal de Benjamín Aráoz, hay otro en la misma arteria pero al 600. Esa obra, junto con la de Mate de Luna y Thames, fueron realizadas en la década del 80 por el ingeniero civil José Simón Lucero. Desde que Lucero dejó su cargo como director de Obras Públicas de la Municipalidad, se construyeron seis más: el de avenida Jujuy al 2.100, inaugurada en febrero de 2018; el de la avenida de Circunvalación frente al Mercofrut (a cargo de Vialidad Nacional); el de avenida Independencia y Rufino Cossio; los dos puentes de Córdoba y Mendoza, sobre los túneles; y el que une las facultades.

ENREJADO. Ayer al mediodía, pocos alumnos cruzaban por el puente.

Cuestionados

En México, una organización no gubernamental ha llamado a esos puentes “antipeatonales”. Se trata de la Liga Peatonal, que tiene como objetivo transformar las ciudades de México y hacerlas accesibles a todas las personas. Ellos ponen el ojo en los conceptos de caminabilidad y peatonalidad a través de dos estrategias: trabajan con los gobiernos (al acompañarlos, asesorarlos y/o con propuestas específicas de política pública, investigación) y con la sociedad civil (hacen campañas, proyectos en calle, reflexiones).

Liga Peatonal sostiene que en los últimos años las zonas urbanas han dado prioridad al movimiento de vehículos motorizados, fragmentando el espacio público a través de vías rápidas y pasos a desnivel. “Todas estas obras no consideran el derecho a la movilidad y la ciudad de los habitantes, ya que los peatones deben desviar sus líneas de deseo hasta donde se encuentran los puentes. Eso implica más tiempo y esfuerzo, tienen un diseño poco amigable”, detallan en su sitio web.

PROHIBIDO. Un joven cruzaba por debajo de las vallas de la platabanda.

En esa misma línea de pensamiento, la arquitecta y urbanista tucumana Verónica Mansilla coincidió en que esos puentes no salvan vidas y que lo único que logran es priorizar el movimiento de vehículos motorizados, ya que así pueden circular a mayor velocidad sin que ningún peatón les estorbe. “La mejor solución es hacer cruces seguros, a nivel de la calle, y sobre todo educar a los conductores para que prioricen a las personas”, reflexionó.

En el Municipio coincidieron en que ese puente fue pedido por la comunidad universitaria. “No tengo estadísticas sobre si lo usan. Si no lo hacen se demuestra anomia y desinterés. Tienen que entender que es un elemento de protección. El no uso no responde a que no se usa en el mundo, sino a la crisis de la sociedad tucumana, de arriba hacia abajo: hay crisis política y hay crisis individuales”, opinó Walter Berarducci, secretario de Gobierno de la intendencia capitalina.

Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana, opinó que la Municipalidad tiene la obligación de generar condiciones de seguridad y que para ello hay distintos elementos: una senda peatonal, semáforos, información de dónde paran los ómnibus o el puente peatonal.

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