Cartas de lectores

14 Mar 2019
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Doctores Ousset y Gijena (I)

Cansado de los dobles discursos, de las caretas que no se caen y ante la absoluta hipocresía puesta de manifiesto por muchos, en un tema tan delicado como lo es el caso de la niña violada, es que adhiero totalmente a lo manifestado ayer en esta sección por el lector Javier Guardia Bosñak (13/3), y me solidarizo por lo tanto con los doctores Cecilia Ousset y José Gijena, a quienes ni siquiera conozco. ¡Basta ya de la caza de brujas, prima hermana de la Inquisición, y de la intimidación solapada! ¡Sobra coraje cuando abundan las razones!, reza un dicho.

Ramón Alfredo Maldones

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Doctores Ousset y Gijena (II)

Sin la pretensión de polemizar, discrepamos con lo expresado en su carta, por el lector Guardia Bosniak, sobre la pretensión de los denunciantes, tratándolos de” inquisidores, sembradores de miedo y amenazas”, como, asimismo, con que los mismos tuvieron “una participación intachable, desde lo humano, jurídico y profesional” ya que, a nuestro entender, no demostraron con sus actos, respeto en ninguno de los tres aspectos. Creemos, que la Justicia, ante la cual todos debemos responder por nuestros actos, será la que dictaminará la responsabilidad de los involucrados. ¿Salvadores o mercenarios?

Nora Carolina Valdez de Ballesteros

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Falta de barandas

Por estos días se puso sobre el tapete la falta de baranda en un teatro provincial (el Mercedes Sosa, ex Cine Plaza, en San Martín al 400), tanto en el escenario como en la escalerilla. Esta falta de barandas es algo que abunda por su ausencia en diversas construcciones, no sé si es por falta de presupuesto o por desidia. Entre los muchos casos pondré de ejemplo dos, más un caso de vandalismo. Este último son las barandas que la Municipalidad de Yerba Buena puso en las rampas de las esquinas (es verdad que eran ordinarias). Pero al poco tiempo la gente las dobló o las arrancó, sin importarles que algún anciano o persona con dificultad para caminar las debía usar al descender (o ascender) por la rampa. Indudable y lamentablemente no fueron repuestas. Los otros dos casos que pondré de ejemplo son: uno, al inicio de la calle Florida Sur (Yerba Buena) construyeron unos escalones altísimos, y sin baranda, para ingresar a dos locales. En mi caso, y me dijeron que otras personas hacen lo mismo, me quedo en la vereda sentada en los escalones y la empleada sale a la puerta a atenderme; ya hablé con la dueña de los locales y dejé mensajes a la inquilina del local al cual voy, sin resultado alguno. El otro es la sucursal de un banco ubicado en avenida Aconquija y Salta, que tiene varios escalones sin baranda pues el “arquitecto” no lo permite; eso es lo que el gerente me respondió varias veces, inclusive cuando inauguraron la sucursal de otro banco en avenida Aconquija y Lola Mora, y se la puse de ejemplo ya que tiene unas firmes (y elegantes) barandas de acero inoxidable. Lo del teatro Mercedes Sosa es inaudito, pues había que prevenir una ocasión como la actual. Los otros casos tampoco se comprenden pues, tarde o temprano, se llega a la vejez o por diversos motivos se necesita de este apoyo: la baranda.

María Isabel Viggiani Rocha

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¿A quién votar?

A diario vemos, leemos o escuchamos los distintos planteos y argumentos de los candidatos que quieren seguir y los que quieren entrar. Estos varían de acuerdo al grado de imaginación, de ingenio, de su caradurez y sobre todo del poder económico de cada uno. Los que quieren permanecer o volver, generalmente los vemos en fotos abrazando a un viejito o besando a un nenito, y cuando lograron lo suyo se olvidaron del nenito y el viejito no existe. Están los que se declaran veganos, pero en la primera oportunidad se comen un chancho vivo. Otros se postulan con las mismas posibilidades de ganar “La Tour de France”, con una bicicleta de reparto. Hay quién parecía “lerdo” e inofensivo, pero con el tiempo demostró que podía ponerle un supositorio a una liebre y otros que cayeron desde la altura de su soberbia. Eso sí .... todos usan la palabra “transparencia”, término que nos llevó al hartazgo (tanto en el ámbito nacional como en el provincial) y después son tan transparentes como una medianera de 0.30. Solamente faltaría alguno que proponga viajes de turismo aventura a la estratósfera (como lo hizo Menem) o un Aníbal Fernánez respecto a la cantidad de pobres comparada con Alemania, lo que derivó en un cuadro depresivo de Angela Merkel. Se reparten panfletos donde priorizan la niñez y la educación más el tema salud hasta lograr un Hospital cada 50 personas y otros delirios, con argumentos tan recientes que las primeras copias las hizo Gutemberg. Días atrás un operario me preguntó: ¿ a quién hay que votar? “porque todos mienten” y obviamente le quedé debiendo la respuesta posiblemente para más adelante. Todo esto es lastimosamente divertido o al menos entretenido pero nos hace la vida más difícil (y más corta también) y no pasa de ser otro capítulo de una novela que la conocemos de memoria. Alguien definió a la política como el arte de entenderse uno con el otro y no postergar soluciones, pero suena como una broma de mal gusto.

Alberto A. Segul

ja
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Árboles comprometidos

Muy buenos informes de LA GACETA con respeto a que urge controlar el arbolado en la ciudad ya que preocupa el estado de los arboles añosos. Vienen las lluvias y los árboles que ya cumplieron su ciclo caen, gracias a Dios sin consecuencias para la vida humana (por el momento). Si bien los accidentes ocurren, pero muchos de ellos son previsibles y se los podría evitar. Esto es una muestra más de la desidia y el desinterés de parte de la Municipalidad de San Miguel por mantener un control estricto sobre la población de árboles urbanos que se encuentran en estado comprometido, ya que ese es el verdadero adjetivo calificativo de una especie en mal estado, no la de “árbol peligroso” como se lo escucha a funcionarios municipales manifestarse, ya que nunca se vio un árbol correr detrás de un ser humano para dañarlo o lastimarlo, al contrario el árbol brinda vida, eventualmente y por falta de cuidado se producen accidentes. Señores funcionarios, corrijan ese calificativo que el árbol nos “cuida” no nos daña, el árbol no es el peligroso, el hombre es el irresponsable. Los ambientalistas creemos que ya llegó la hora de poner gente idónea en las carteras ambientales, tantos ingenieros agrónomos, especialistas en arbolado, pero no, los compromisos políticos pesan a la hora de ocupar el cargo y bien ahí están los resultados, la ciudad se inunda en los basurales y de los árboles caídos. Al “Lord mayor” capitalino le gusta posar en los charcos de la SAT para criticar, ahora debiese también pararse frente al árbol caído en Salta y Mendoza (pleno centro tucumano) y decirles a sus votantes que esto va a cambiar que se comenzará a trabajar en serio. Guste o no guste esto es responsabilidad indelegable del municipio.

Pedro Martínez


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San Miguel de Tucumán
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