Con el destino de un ganador

Roberto Mambrini porta un apellido con historia en el enduro provincial. Su triunfo en una clásica prueba en Villa Gesell trajo al presente el legado que le dejó su padre.

04 Mar 2019 Por Carlos Werner
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PAISAJE. Las vasta arenas de la costa bonaerense fueron el sitio propicio para que Roberto Mambrini no sólo aprenda sus secretos en situación de competencia, sino también para lograr uno de sus grandes éxitos deportivos.

La mirada en alto, ante un horizonte de arena y mar. Roberto Mambrini sintió en ese momento que el corazón podría habérsele salido del cuerpo de la alegría. Música en el ambiente, voces indistintas. Una copa metálica en la mano, los aplausos de los presentes. Hasta entonces, su sonrisa se dibujaba como sólo se lo hace en los momentos únicos de la vida. De pronto, algo cambió en su rostro. Un recuerdo. También un sentimiento...

Fue cuando hubiera querido abrazar al cielo, buscando a su papá, ese que le dio la vida. También hubiera querido corporizarse en ese instante en Tucumán y recibir el afecto de su otro papá, aquel que lo instó a volver a un amor que descubrió a los cuatro años. Y además recibir el cariño de su mamá, de sus tres hermanos más pequeños. A su lado, Patricio, primo del alma, representaba el nexo a la raíz familiar. “Un fenómeno, estuvo a mi lado y se emocionó conmigo” recuerda el protagonista de esta historia.

EN LA META. El piloto tucumano llega 1°, al mando de su Honda CRF 450cc.

¿Qué hizo Mambrini para sentirse así? Montado en una moto Honda 450cc CRF, consumó un gran triunfo en la categoría Principiantes 2 y 4 Tiempos (+ de 25 años) en el Enduro de Verano. Se trata de una de las competencias más reconocidas del mundo sobre arena. Es, en esencia, una carrera que para cualquier tucumano representa un laberinto de cambiantes formas. Un enigma borgeano que él supo descifrar velozmente.

Vale decirlo. Un mes antes de consumar su hazaña, Roberto era un novato absoluto en eso de acelerar en la arena. “En 15 días tuve que aprender, con la ayuda del también piloto Darío Arco y de otros chicos de la zona. Nada de lo que veía y transitaba se parecía a lo que yo estaba acostumbrado. Pero le di para adelante, como me enseñaron”.

Vale decirlo. Dos meses antes del EDV, Roberto estaba metido de cuerpo y alma en los libros. Un título de licenciado en Economía Empresarial así lo justificaba. Cinco años de estudio en Buenos Aires así le daban sustento al objetivo. Como en la arena hace una semana, adrenalina pura, hoy disfruta de su logro académico de diciembre, y ya está detrás de una nueva meta: aplicar para algún trabajo.

“Por toda la exigencia del estudio, compito muy poco. Hasta 2018, apenas una vez al año. Claro, estuve en el Transmontaña, una carrera que amo, que es muy especial para mí. No es algo sencillo de describir, pero tiene todo lo que a un piloto le gusta: los obstáculos que hay que vencer, el tráfico que se genera, la competencia y la camaradería. Y, claro, me trae recuerdos…”

Esos recuerdos lo llevan a su papá, del mismo nombre. Un “prócer” del enduro tucumano. Ese que lo subió por primera vez a una moto, a los cuatro años. “Me transmitió lo que él sentía por la actividad, por la moto. Lo perdí a los ocho años. Pero me quedaron sus principios, y su legado”.

No es un juego de palabras. Roberto tiene a su otro papá, Jorge, que lo devolvió a su pasión a los 11 años. “Sin él quizás nada de lo que hice en los últimos años hubiera sido posible. Es una parte importante de esto que logré”.

Mambrini se explaya en detalles de la carrera que ganó. “Fue muy difícil, no podía acelerar como en los entrenamientos. El tráfico de motos era tremendo, y la arena se movía todo el tiempo. Como la pista se iba rompiendo, la velocidad era cambiante. Y a esto lo sufríamos todos los más de 1.300 competidores que tuvo la carrera, mientras el público lo disfrutaba a fondo”.

De vuelta a su legado, ese de ganador que le transmitieron sus papás. “El deporte es un hobby para mí, un vehículo para dar otros pasos en la vida. Sé que soy hijo de un referente del enduro. Pero yo no lo soy, sólo ando en moto. Sí me gustaría aportarle algo al enduro, que trascienda en el tiempo. Quizás una escuelita para formar chicos, para enseñarles técnicas. Eso es algo que mi otro ‘viejo’ me transmitió: seguir adelante”. Sin vueltas, hecho de madera de ganadores.

Algo personal
Roberto Mambrini tiene 25 años. En los últimos cinco vivió en Buenos Aires por una cuestión de estudios. Su mamá es Alejandra. Su papá es Jorge Posse. Y tiene tres hermanos: Agustín, José Ignacio y Benjamín. Para aprender los secretos de la arena fue entrenado por Darío Arco, nacido en Río Tercero (Córdoba), riojano por adopción y hoy viviendo en Buenos Aires. Él ganó el Enduro de Verano 2018.

Un hijo, dos papás

De 1989 a 1991, Roberto Mambrini, el padre, fue presidente del Club Tucumano de Enduro y Rescate. En lo deportivo ganó, entre otras competencias, cuatro veces el Rally Transmontaña: 1988 con Juan Carlos Malika; 1991 con Raúl Becker; 1993 y 1994 con Dante Depetris.

Pero lo que todos recuerdan de él es que, además de ser uno de los pioneros de la especialidad en la provincia, transmitía con pasión lo que aprendía, lo cual lo hizo muy querido en el ambiente. “Me pasa que, cuando digo mi nombre, la gente me habla de mi papá. Me encanta que haya sido un referente. Siento orgullo por poder hacerle honor a los principios que me transmitió. Y que pueda ser quien proyecta su legado”, dijo su hijo, ganador reciente en el Enduro de Verano.

DOS MOMENTOS. Roberto (de meses) en los brazos del papá que le dio la vida, en una largada de competencia. Abajo con Jorge, el papá que mantuvo en alto sus pasiones, convicciones y sueños.

¿Qué principios fueron? “El respeto a la montaña, a su gente, a sus animales, a la flora. Me habló de pedir permiso a la naturaleza, a no dañar nada. A ser un hombre de bien”, dice Roberto, que siendo muy pequeño solía acompañar a su papá en las salidas que organizaba.

“Cuando él se fue, estuve un tiempo sin andar en moto. Volví cuando Jorge Posse se incorporó a la familia. Él me dio las herramientas que me trajeron a este presente. Cuando me fui a Buenos Aires, estuve tres años sin moto. Hasta que volví a ella y así empecé a hacer cross, que es un muy buen complemento para el enduro. Lo del EDV era algo que hace bastante quería hacer. Esta vez se dio, no sin poco esfuerzo. En esta aventura me acompañó no sólo mi primo Patricio, sino también el mecánico Hugo, un especialista en suspensión para pisos de arena. La experiencia salió como salió, me encantó y espero repetirla”.

Punto de vista: “Me siento muy feliz por mi amigo”

Me siento muy contento con lo que logró Roberto. Somos amigos, ya habíamos compartido podio en el Rally Transmontaña del año pasado, cuando yo quedé 3° y él 4°. ¡Y ahora él fue mejor que yo!
Apenas llegué a Villa Gesell, nos encontramos, entrenamos juntos, compartimos carpa, fue una muy linda experiencia. Ver la copa destinado al 1° y al 5° de la categoría en el mismo lugar fue emocionante. No es algo de todos los días que haya dos tucumanos con estos logros en esta carrera tan particular, en la cual debuté.
Roberto voló en la arena. Y se nota que el entrenamiento que encaró con Darío Arco rindió sus frutos. Está en muy buen estado y eso redundó en el resultado que consiguió. Recuerdo que, comenzando la segunda vuelta, él me alcanzó, me pasó y, de a poco, me fue haciendo una diferencia. Después se fue ¡y no lo encontré más!
Luego de esta alegría, ahora mi meta es seguir creciendo en esta actividad. Mis últimos resultados fueron muy buenos, así que tengo un gran optimismo. Ya estoy trabajando para acercar apoyo y poder hacer una campaña lógica y con continuidad. No es tarea sencilla, pero pienso que estoy en el buen camino.

CARLOS PASTORIZA FERRO corrió junto con mambrini en villa gesell

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