Condenados a arder 
bajo el sol

18 Febrero 2019

Hace algunos años, durante una conversación informal en el parque 9 de Julio, funcionarios municipales de la Dirección de Espacios Verdes enumeraban actitudes violentas que los tucumanos ejercían contra los arboles: podarlos sin respetar criterio lógico o biológico; llenarlos de basura, quemar residuos junto a sus troncos, dañar sus cortezas, romper sus ramas… Hasta ahí, nada fuera de lo esperable para una provincia tan agresiva con el medio ambiente como la nuestra.

Pero hubo un recuerdo que dejó en silencio a varios de los que participaban de aquella ronda. Un directivo del área reveló lo que había descubierto mientras intentaba entender por qué se secaban sistemáticamente los arbolitos que plantaban en un punto de la peatonal Muñecas al 100. Palabras más, palabras menos, esta era la anécdota: “poníamos un árbol y a los pocos días estaba seco; lo reemplazábamos por otro y pasaba lo mismo. Estudiamos la tierra, nos fijamos en el entorno y no encontramos una razón para explicar lo que ocurría. Hasta que un día nos dimos cuenta del motivo: todas las noches antes de cerrar su negocio, un comerciante hervía agua y la tiraba en el cantero donde estaba el arbolito. Cuando le fuimos a preguntar por qué hacía esto, nos respondió que no quería un árbol que tapara su vidriera y le ensuciara la vereda”. Esta actitud puede sorprender.

Una investigación realizada por LA GACETA reveló el fracaso del plan de reforestación de Tucumán que había anunciado el gobernador Manzur en 2017, cuando se había informado que se iban a plantar 1,5 millón de ejemplares; la promesa era “un árbol por tucumano”. Pero de todos ellos hoy hay a la vista apenas 50 (.

Otro ejemplo del manejo deficiente del arbolado es lo que ocurre en la peatonal Mendoza, en el microcentro de la capital. Cuando se realizó la remodelación del paseo en 2015 se decidió retirar todos los naranjos y reemplazarlos por pequeños lapachos con la promesa de que, una vez que crecieran, iban a brindar sombras generosas. Hoy, la mayor parte luce seco. La Municipalidad anunció que los va a reemplazar. La duda es si, cuando esto ocurra, se van a tomar las medidas necesarias para generarles un ámbito propicio para el desarrollo.

Y si se trata de nombrar medidas oficiales polémicas, vale recordar las podas masivas que se hicieron en distintas zonas de la ciudad para evitar tragedias durante las tormentas Sin restarle importancia a la prevención ¿era necesario ser tan extremo en la aplicación de una acción de este tipo? Quien tenga dudas puede llegarse hasta la vereda del colegio María Auxiliadora, en Mitre al 100: hasta hace poco allí estaban los troncos mutilados de viejas tipas a modo de recordatorios del filo de las sierras. Hoy hay pequeños arbolitos a los que les faltan años de desarrollo para generar una sombra digna.

Las copas de los árboles resultan una pantalla efectiva y natural para mitigar el calor. Un ejemplo gráfico lo da el texto “Arbolado y calentamiento en el Gran San Miguel de Tucumán”, de Leonardo Paolini y Antonella Gioia. Según este estudio, en una calle sin árboles (San Lorenzo al 1.100), un día caluroso de enero cuando la temperatura ronda los 33° la vereda puede alcanzar los 60°. Mientras que en la cuadra siguiente (en San Lorenzo al 1.200), que está repleta de árboles, la temperatura del pavimento baja a 33°. A la luz de los hechos, a veces en Tucumán da la impresión de que estamos condenados a arder.

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