Pequeño traductor

12 Feb 2019 Por Gabriela Baigorrí

El justicialismo naturalmente atomizado y con riñas (que seguirán hasta el cierre de las listas). Las internas mezquinas en el opositor Cambiemos. Las reglas de juego básicas idénticas tras una reforma política que se quedó cortísima. La mayoría de los ministros y funcionarios con ganas de anotar sus nombres en las boletas. Campañas low cost, asentadas más en las redes sociales que en los afiches. Los protagonistas y el escenario no son tan diferentes -en términos generales- al de las últimas elecciones provinciales de 2015.

Quizás las notas distintivas más resonantes en el oficialismo sean el divorcio entre el senador José Alperovich y gobernador Juan Manzur y el ensanche de la construcción política del vicegobernador Osvaldo Jaldo. En la oposición, la irrupción de Alfonso Prat Gay y los crecimientos de figuras como el intendente capitalino Germán Alfaro y de la senadora Silvia Elías de Pérez.

Los que seguro no son diferentes -ni lo serán- son los discursos de los políticos locales. Delante de los micrófonos de la prensa o en diversos actos públicos (no así en aquellos más cerrados en los que reúnen a sus militantes) repiten frases como mantras. Se trata de esas oraciones que todos hemos escuchado en boca de los dirigentes y que se enquistaron como muletillas. Y estas se replican más por apego a la apariencia de corrección que a la realidad.

En los últimos y en los próximos meses, las voces de los miembros de la clase política abundaron y se multiplicarán en los medios, en las pantallas de los celulares y en las paredes. Siempre hay algún ciudadano desprevenido al que puede serle útil, entonces, una introducción al pequeño traductor de la “lengua” que hablan los políticos al “tucumano”.

La mira en el calendario

Que no tienen la cabeza puesta en las candidaturas. Que es temprano para hablar de postulaciones. Que las elecciones no están en la agenda de la gente. Los dirigentes de todos los colores políticos echan mano a esta frase con frecuencia. En general, sucede cuando faltan aún varios meses para los comicios. En realidad, lo que quiere decir un político con esto es que queda mal blanquear que ya están pensando en su próximo objetivo electoral cuando, por ejemplo, la crisis económica hace que el bolsillo agonice y la seguridad parece una quimera. Se conoce en el ambiente político y en los pasillos del poder que el lunes después de la elección, los participantes ya comienzan a pergeñar lentamente sus planes para la próxima contienda.

Si la gente lo pide…

Cuando el calendario electoral avanza, hay quienes al ser consultados por sus aspiraciones afirman que serán candidatos “si la gente se los pide”. Lo curioso es que a este artilugio no lo emplean sólo aquellos más encumbrados -a los que probablemente sí les ocurra- sino que sale también de las bocas de los más ignotos. Es difícil imaginar (o al menos no ha quedado registrado) una horda de vecinos clamando para que alguien bastante desconocido se postule. Aunque aducen que los ciudadanos los detienen sistemáticamente en la calle para solicitarles que pujen por un cargo, no suele ser así: emplean el ardid del “clamor popular” para avalar la propia -y válida- intención de competir.

¿Nada personal?

Hay dirigentes que se empeñan en remarcar que no tienen cuestiones personales que alimenten la rivalidad con sus contrincantes. Pero otra vez no suele ser así. Es como que a esta altura Manzur y Alperovich, por ejemplo, pretendan esconder que las diferencias ya van más allá que una cuestión de cómo hacer política o llevar adelante una gestión. Ni hablar del vínculo entre Alperovich y Jaldo, que ya habían tenidos varios rounds de alto voltaje en el pasado. Es frecuente que quienes afirman no tener asuntos personales en relación a sus rivales sean precisamente quienes sí los tengan y, por supuesto, siempre se sabe tras bambalinas. Y es que la política no es una ocupación de las se pueden dejar en la puerta de la casa o de la que se pueda tomar vacaciones. No se trabaja de político, se es político y todo lo que les pasa, naturalmente, es personal.

La “disposición” para ir a internas

Suena muy bonito escuchar a los dirigentes hablar de la buena predisposición para celebrar internas. Pero en realidad, las esquivan mediante la participación con partidos alternativos o las aguan. A esto último lo logran con un viejo ardid: promueven la participación de pequeños partidos afines que no tienen chances frente a una lista que corre con el caballo del comisario. Aunque hay excepciones, el dirimir las candidaturas mediante este sistema es una extrañeza por estas tierras, donde prima la elección “a dedo” y la buena predisposición es meramente discursiva.

Como en los últimos y en los próximos meses los discursos políticos bullirán en los oídos de todos es bueno no estar desprevenidos y saber traducir el “lenguaje” de los dirigentes.

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