Río Nío queda cerca pero está muy lejos

El mal estado del camino hacia Río Nío, un paraje rural ubicado a 70 kilómetros de la capital, perjudica a los alrededor de 700 habitantes del lugar. Por ahí viajan los médicos que atienden en el CAPS, que cuando llueve no puden llegar a trabajar, y los docentes y alumnos que van a las escuelas de la zona.

28 Ene 2019 Por Matías Auad
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PELIGROSO. La cantidad de agua que cae por las lluvias de verano socava la parte no pavimentada de la ruta provincial 305, hacia el norte de la capital, y la convierte en un camino intransitable para tractores, autos, camionetas y colectivos.

Tan solo 70 kilómetros separan a Río Nío de la capital provincial. El viaje podría durar mucho menos de lo que termina durando: entre una hora y media y dos, dependiendo del tipo de vehículo y del sentido de humor del cielo. Porque si llueve intensamente es muy probable que el camino, que en parte es de ripio, se torne intransitable y aleje a los alrededor de 700 habitantes de ese paraje rural de la salud, del trabajo, de la educación, de los alimentos y de sus seres queridos.

“Cuando el colectivo no llega, como ahora que estamos de vacaciones, los médicos no vienen casi nunca”, se queja con resignación Claudia Patricia Valdez, una vecina de la localidad ubicada en el departamento Burruyacú.

Como ella, todos los habitantes de la zona que dialogaron con LA GACETA reniegan cada vez que piensan en ir al CAPS que funciona sólo de lunes a viernes por la mañana en la zona. Es que los médicos dependen del colectivo para llegar (ver nota aparte), y llegar a Río Nío no depende sólo de la voluntad.

Si uno viaja desde la capital, hay que circular hacia el norte, salir de la capital por el barrio El Colmenar, tomar la ruta provincial 305 y pasar por El Timbó, El Sunchal y Villa Padre Monti hasta llegar.

Como la economía doméstica de la zona se caracteriza por la producción de soja, maíz y zapallo, es común observar tractores y camiones que van y vienen con esos productos. A los costados del camino se puede ver otra de las actividades de esa parte de la provincia: la cría de ganado.

El paisaje rural es alucinante, y es difícil no quedarse boquiabierto al observar la exhuberante vegetación, los campos sembrados y las montañas.

Sin embargo, el placer visual empieza a perder un poco de protagonismo al llegar a El Sunchal, una localidad ubicada a 30 kilómetros de la capital. Allí termina el pavimento, así que los 40 kilómetros restantes del tramo son de ripio. Dicen presente los pozos profundos, las rocas, y cuando llueve, el barro y el terreno arcilloso. Por eso cuando cae mucha agua, sobre todo en verano, los colectivos de la empresa BFB no pueden subir hasta Río Nío.

El recorrido que hacen los ómnibus de la empresa es extenso. Va desde la Terminal de Ómnibus hasta Chorrillos, la última localidad antes del límite con Salta. Las frecuencias hasta Río Nío son escasas: los martes y jueves, por ejemplo, si los habitantes de la zona necesitan hacer un trámite en la capital, pueden tomar el colectivo que pasa a las 5.30. Pero deben esperar hasta las 18 para que un ómnibus salga de vuelta, para llegar recién a las 20.

Como el camino está en malas condiciones, las maestras de las escuelas de la zona estacionan sus autos y camionetas en la Escuela de El Sunchal y recién allí toman el colectivo para llegar a su lugar de trabajo. “Se rompe todo con este camino. Si venís en auto, en dos semanas hay que hacerle el tren delantero completo”, comentó Franco Carvajal, inspector de la empresa BFB.

La ciudad turística Termas del Río Hondo está a 90 kilómetros de la capital, hacia el sureste. Por la ruta 9, el viaje hasta ahí puede llegar a resultar más rápido que el trayecto hasta Río Nío, a pesar de que la localidad santiagueña quede más lejos. Es que pareciera ser que el paraje rural tucumano, a pesar de estar cerca y de tener todas las condiciones para ser explotado turísticamente, todavía queda muy lejos.

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