Vence al destino en una cancha

El éxito de Gustavo Fernández tiene visos épicos.

27 Ene 2019
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LA VENCIDA. Después de tres finales ante el sueco, “Guti” pudo alzar la copa.

Cuando se habla del tenis nacional siempre se recuerda a la “legión”. Durante el cambio de milenio, el tenis argentino resonó en todo el mundo por la calidad de sus jugadores.

Con 21 tenistas dentro del top 100 del ranking ATP, Argentina era el país con mayor representantes en la máxima del tenis. David Nalbandian, Guillermo Coria, Gastón Gaudio, Guillermo Cañas, Mariano Puerta, Juan Mónaco, Franco Squillari, Juan Ignacio Chela, Agustín Calleri, Mariano Zabaleta, y José Acasuso, entre otros, deslumbraron a todos en los Grand Slam de los 2000.

Por esos años, Gustavo Fernández era un niño de seis años que jugaba al básquet y al tenis adaptado, poniéndole el pecho a las pruebas, que de muy pequeño, le había puesto la vida.

El hijo de Gustavo Ismael Fernández, jugador de básquet de la Liga Nacional, nació sin ninguna afección en sus extremidades inferiores. La vuelta al circuito de la vida, Fernández la dio al año y medio de edad, cuando un infarto en la medula ósea (lesión que padece una persona cada seis millones en todo el mundo) lo dejó sin el dominio del tren inferior. Pero se sobrepuso a ello, ¡y de qué manera!

El mundo del tenis admira las proezas de deportistas que vuelven de una complicada lesión al circuito. Esto se lo vivió claramente con la vuelta de Juan Martín del Potro en 2016. Lo de “Gusti”, como le dicen sus amigos, era distinto. Pero igual de valioso.

Hoy, ya con 25 años, tiene sobre sus espaldas los títulos de tres Grand Slams. Un Roland Garros y dos Abiertos de Australia.

El actual número dos del ranking mundial, que está a 1.180 puntos de Shingo Kunieda, logró ayer su tercer título tras vencer en la final el sueco Stefan Olsson, por 7-5 y 6-3 en una hora quince minutos. Su rival es un viejo conocido. Ambos jugaron las finales de Wimbledon de 2017 y 2018, oportunidades en las que Olsson se coronó como campeón.

El último de los cuatro grandes del tenis que había logrado cosechar “Guti” era el Abierto de Australia de 2017. Entre aquella proeza y la de la madrugada de ayer, Fernández había clasificado a cuatro finales, no pudiendo cosechar ningún triunfo. Roland Garros (2017-2018) y Wimbledon (2017-2018) fueron ellas.

“Necesitaba esto, lo necesitaba mucho porque la pasé mal. Me costó perder las otras finales. A veces es necesario concretar cosas. Otras veces me generé oportunidades que no llegaba a concretar, pero esta vez di un paso adelante”, remarcó “Gusti”, apenas terminó el partido.

Gracias al trabajo con su coach emocional, Santiago Sánchez, Fernández pudo vencer a sus fantasmas y adueñarse nuevamente del Abierto de Australia. A un año que parecía haber iniciado con el pie izquierdo, el cordobés le cambió rápido el curso.

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