Traidores y traiciones

12 Dic 2018 Por Indalecio Francisco Sanchez

Un asno y una zorra decidieron salir juntos de caza con la promesa de protegerse el uno al otro. En su marcha, se encontraron con un león hambriento. La zorra, ante el temor de ser devorada, se acercó al león y le dijo al oído: “si no me haces daño, te ayudaré a capturar al asno sin esfuerzo”. Cerrado el trato, la zorra se dirigió al asno y le propuso ocultarse en un foso para que quedara seguro. Así lo hizo, confiado en la palabra de su amiga, quedando atrapado a la merced del león. Cuando el felino se aseguró de que el asno ya no podía escapar, clavó sus garras en la zorra por ladina y traicionera. “¿Pero qué haces?” -gritó la zorra- “¿No éramos amigos?”- “Traición bajo amistad es doble maldad” -le contestó el león- “Ahora tienes lo que mereces”.

Como en la fábula, los dirigentes tucumanos se reparten los roles de asnos, zorros y leones en la antesala de la gran puesta teatral que serán los comicios provinciales del año próximo. El problema es que todavía se prestan los papeles y ninguno conoce el desenlace de la obra. Eso genera nerviosismo y obliga a que el esfuerzo sea doble para los que aspiran a mantener el poder y para los que desean llegar a un cargo. Todos están contaminados por el virus de la traición o por el miedo que esa enfermedad les provoca.

El gobernador y el vice no son la excepción, sino más bien todo lo contrario. La escisión de José Alperovich del trípode de poder del oficialismo los obligó a levantar la guardia y a revalidar lealtades. Por eso ensayan un juego de continuos pedidos de muestras de amor a la dirigencia: quieren pintadas, declaraciones públicas, escraches y que hasta le quiten al saludo al que supo ser y ya no es.

La consigna vale para cualquiera de las dos facciones en las que hoy se dividió lo que hasta hace poco era un solo oficialismo. Lo mismo siente el ex mandatario, que a la vez considera que él es el que recibió la daga por la espalda por parte de quienes supieron ser sus hijos políticos dilectos.

Las continuas reuniones con intendentes, concejales y legisladores dan muestras de la preocupación que la interna genera en la dupla gobernante. No es casual que hayan metido las narices en dos municipios de dudoso encolumnamiento: Famaillá y Las Talitas. Tampoco que hayan movilizado (lo seguirán haciendo) para copar un acto en la Alderetes de Julio Silman ni que continuamente la gente del senador se queje que en las comunas los dirigentes no se atreven ni a saludarlo. ¿Alperovich se va quedando solo? ¿O, como dicen en su entorno, más gente de la que lo admite públicamente está de su lado? ¿Hay Caballos de Troya? Las dudas están volviendo loco a más de uno.

En ese intrincado y peligroso escenario de desconfianzas hay un condimento extra que le suma picante al panorama. El crecimiento de la figura de Juan Manzur a nivel nacional pone nerviosos a los jaldistas. Temen que el gobernador termine cediendo a la necesidad de acuerdos globales que lo ubiquen en una candidatura nacional y deje solo a Osvaldo Jaldo. O en la banquina. Así explican quienes más conocen al vicegobernador su nerviosismo y sus conciliábulos sin descanso. Las últimas reuniones de Manzur en soledad con dirigentes nacionales y hasta sus afiches gigantes sin el rostro de Jaldo acompañándolo no pasaron desapercibidos para algunos. Entienden que podría tratarse de un inesperado cambio de postura. ¿Y si el peronismo nacional se une? ¿Qué pasaría si el gobernador se “nacionaliza”? ¿Eso incluirá algún acuerdo local “extra” e inesperado? En la mente intranquila de los maquiavelícos abundan las teorías conspirativas.

Lo mismo sucede en la oposición. La infantil reacción de José Cano a la reaparición por estos lares del inocuo Alfonso Prat Gay y el Photoshop para borrar de su foto con Mauricio Macri a su “socia” Silvia Elías mostró dos cosas: está inseguro y celoso. ¿También les teme a las traiciones? Desde hace tiempo que no le cae nada bien que la senadora frecuente la Casa Rosada sin su tutela ni que se maneje con los ministros sin “su” permiso. El eterno internismo de la UCR -que cabe en un ascensor- vuelve a mostrar que prevalece el chiquitaje por encima de armados que le permitan al menos comenzar a remar de atrás y contra la corriente. Porque así están de cara a 2019.

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