Una pasión mundial por el clásico

Tucumanos radicados en el exterior vivieron el duelo con entusiasmo.

02 Dic 2018 Por Eduardo Ruiz

“El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. Es lo que le dice Pablo Sandoval (Guillermo Francella) a Benjamín Espósito (Ricardo Darín) en una de las grandes escenas de la película “El secreto de sus ojos” (Juan José Campanella, 2009). Y, como se suele decir, a veces la realidad supera a la ficción. De esto son testigos los hinchas de Atlético que tienen que seguir al club de sus amores desde tierras lejanas. Lejanísimas. La vida los llevó a miles de kilómetros de Tucumán pero la pasión está presente cada vez que los dueños de la primera celeste y blanca del país salen a la cancha. Por 90 minutos el desarraigo queda de lado y se sienten como en 25 de Mayo y Chile.

Pedro Caparrós se fue del país hace 15 años para, previo a una larga estadía de más de una década en Irlanda, instalarse en Madrid, la capital española. Cada vez que el “Decano” juega se las ingenia para hacer dormir a sus cuatro pequeños y pegarse a la pantalla: “siempre lo sigo por Internet, por streaming. La mayoría de las veces desvelándome, especialmente durante la Copa Libertadores porque los duelos arrancaban a las 2 de aquí”.

Y EN CATAMARCA TAMBIÉN. La filial de esa provincia se reunió para ver el encuentro por TV y celebraron el número tres.

A los 23 años, Santiago Ramón dejo las comodidades que tenía en la provincia para probar suerte en Dinamarca. Desde mayo se las ingenió para trabajar en un restaurante y poder vivir en una tierra danesa. Allí aprendió que puede estar lejos de todo, menos de Atlético. “Estoy acostumbrado a ver al equipo de Ricardo Zielinski a las 2 o 3 de la mañana. Imaginate que al principio compartía cuarto con dos personas y cuando gritaba los goles me querían matar. Al clásico lo vivimos haciendo fuerza con un amigo que también es hincha del ‘Deca’”, contó el tucumano desde Copenhague.

A más de 10.000 kilómetros de distancia, en la maravillosa Barcelona, Jorge Arce se reunió con sus amigos para ver a los de 25 de Mayo y Chile. Casi siempre son unos 10 tucumanos que se encuentran para ritual de siempre: se ponen la casaca y alientan como si estuvieran en el “José Fierro”. Las empanadas no suelen faltar, sobre todo porque Arce tiene un local que las hace y las vende. “Tarde o temprano formaremos una peña porque somos muchos los ‘decanos’ en esta parte del mundo”, promete. La distancia entre fanáticos con el mismo sentimiento que alientan sin parar. El clásico tucumano no fue la excepción.

ALEGRÍA. Integrantes de la filial de Córdoba celebraron con una picada el triunfo del “Santo” en el clásico del Norte.

“Fue una locura. Uno no se da cuenta de todo lo que sigue generando el amor a la camiseta. Lo sufrimos como si estuviéramos ahí, nos contagiábamos de los cánticos, pero también de la desazón del rendimiento del equipo”, resume Arce en su mensaje.

Ramón Francisco García le escapó al calor norteño para trabajar en la fría Antártida. El suboficial de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) no puede escaparle al amor por los colores y lo contagia entre sus compañeros en la Base Marambio. “Todos los partidos los veo con compañeros de la dotación; la mayoría de los que están en la base son futbolero. Hay simpatizantes de diferentes equipos y nos juntamos a ver casi todos los partidos en el comedor, en el living, o en la sala de conferencias”, detalla.

LLEVÓ EL CALOR NORTEÑO A LA ANTÁRTIDA. Ramón García es suboficial del Fuerza Aérea Argentina y le contagió su fervor a sus compañeros de la Base Marambio.

Esta vez, a García no le toca festejar, pero entiendo lo que es el fútbol, simplemente un deporte en el que hay tres resultados posibles: ganar, perder o festejar. “Como en todo partido de futbol, se disfruta en camaradería, por ahí una que otras gastadas típicas del clásico, algo que forma parte del este hermoso deporte”, concluye el tucumano que supo entender que el resultado no importa: lo importante es estar, y en las buenas malas mucho más.

EN COPENHAGUE. Santiago Ramón, con la camiseta, el mate y la notebook.

Comentarios