Sergio Prina, del barrio Municipal a Cannes, cargando la valija de “la Lily”

El arte y la violencia social en la mirada del protagonista del filme tucumano “El motoarrebatador”. Subir a escena, un juego

02 Dic 2018 Por Nora Jabif
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ACTUAR. Prina posa entre las butacas del teatro Rosita Ávila; al fondo, el escenario que suele pisar. LA GACETA / FOTOS DE JORGE OLMOS SGROSSO.-

Sergio “el Negro” Prina también se llama Miguel. Como el personaje de “El motoarrebatador”, la película que él protagonizó con Liliana Juárez con dirección del también tucumano Agustín Toscano que viene sumando galardones en distintos festivales de Cine de Europa y de Latinoamérica. Pero solo el nombre comparte “el Negro” con ese “motoarrebatador” que un día, por arrancarle la cartera a una mujer, la arrastra y la deja tendida en la calle, lo que desata una historia en la que emergen la culpa, la soledad, la necesidad de un “otro”; y el armado de un personaje complejo, lleno de matices. En cambio, el Miguel real es el que tuvo una infancia feliz en el barrio Municipal; el que disfrutaba andando en bici y jugando voley (el fútbol no se le daba muy bien); el que un día, para llenar el tiempo muerto de las tardes del barrio, se metió a estudiar teatro con Raúl Reyes. Así, como quien no quiere la cosa, se fue urdiendo la carrera de este actor y director teatral que un día, de la mano de Ezequiel Radusky y de Agustín Toscano (ambos lo dirigieron primero en “Los dueños”) saltó al cine y exportó “tucumanidad” a las pantallas del resto del mundo. Del barrio Municipal al festival de Cannes, ese territorio lujoso al que llegó cargando la vieja valija rosa con dorado de “la Lily Juárez”, y en el que se sintió extraño y parte a la vez.

- El motochorro real es una figura “poco digerible”, una amenaza diaria para miles de tucumanos ¿Te costó componer tu personaje, que no es bueno ni malo?

- A la primera escena la filmé en Villa Urquiza. Lo primero que empecé a pensar fue: “ladrón, igual a malo”. Que es lo que uno hace siempre: en teatro te dicen: “ladrón”. Y uno pone cara de malo. Uno, ahí, está representando una idea. Un arquetipo. Y yo les decía a mis compañeros: “pero este chango no es tan malo”. Y agregaba: “pero yo tengo cara de bueno”. Y María José (la esposa) me decía: “y tu mirada...”. Entonces yo iba por la calle, así: (Frunce el ceño, achica los ojos oscuros, mira fijo). Y no le daba miedo a nadie. “Voy a tratar de que esta señora se cruce de vereda”. Y nada. Cuando filmamos en el penal, con internos de verdad, entré y les vi la cara a esos tipos, algunos pibes de 18 años. Y me dije: “¿qué estoy tratando de hacer ? Para que yo tenga la mirada de esos pibes me tienen que pasar 14 camiones por encima”. Soy alguien que lo ha tenido todo, vida y familia hermosas, amigos... Y ahí he empezado a pensar que uno tiene una mirada burguesa sobre el tema.

- ¿ Qué te pasaría por la cabeza si te robaran ?

- Le robaron hace poco a una alumna, en la puerta de casa. Y me ha parecido horrible. De hecho, con un alumno hemos tenido el impulso de correrlos. Y me he preguntado qué hubiera hecho de haberlo alcanzado.

-¿Y no te peleaste internamente con tu personaje?

- No, me peleo con otras cosas. Que hay gente que tiene mucho, y hay gente que no tiene nada de nada. Y vos te preguntás: ¿por qué a unos tanto y otros nada? Muchas veces, solo se trata de que a uno le ha tocado nacer en una familia, y a otro en otra.

- El teatro, el cine, ¿pueden ayudar a cambiar las cosas?

- (Ríe con cierta amargura) No, me parece que son lugares de entretenimiento. Sí pueden ayudar a que uno pueda hablar de ciertas cosas, que se visibilicen ciertas realidades. A mí me parece cuando hablamos del Motoarrebatador no solo hablamos del “choro”, sino, además, del que tenía un hijo, un padre, una mujer, que tenía ganas de zafar, que se mandó una c...

- Que no hay una moral blanca y otra negra...

- Exacto. Con los pibes de la cárcel me pasó que yo tenía que trabajar con algo más cercano a esos pibes que la idea burguesa que traía en un principio. Para lograrlo, pensé que todos, en mayor o mejor medida, somos imperfectos. Sabiendo, por supuesto, que no es lo mismo salir a robar, con riesgo de muerte.

-¿ - ¿Qué te dicen en el barrio?

- Están todos muy orgullosos. ¿En qué momento te has hecho actor, loco? Siempre se acuerdan que en mi casa yo no paraba. “¿Adónde vas?”, me preguntaban. “A ensayo”. Y me gastaban: “ahí viene el señor ensayo, qué hacés de tu vida; te la pasás ensayando”.

-¿ Qué se pierde si no hay apoyo estatal al cine?

- Me parece que el Estado debería entender que la cultura no es un gasto, sino una inversión. La plata que deja una producción de cine en la provincia genera movimiento en el mercado local. Ahora se aprobó la ley de fomento audiovisual. Ojalá que se la reglamente. Después hay que ver de dónde sale la plata, quién la va a manejar; cómo va a conciliar la producción local con un asociado que se interese por trabajar en Tucumán.

- ¿Cómo fue la experiencia de haber sido dirigido en dos filmes por Radusky y por Toscano ?

- Con Ezequiel y con Agustín nos conocemos muchísimo. Con ellos hay una sensación de que siempre estamos jugando. Nunca se pronunció entre nosotros la palabra “éxito”. Nunca, cuando estamos en un proceso determinado, estamos pensando en que eso va a ser exitoso, en que va a llegar a tal o cual lugar. Estamos pensando en que se nos ocurrió una idea, ciertos personajes. Ellos ya me habían dirigido en teatro. A veces ya sé qué me van a decir cuando me están dirigiendo. Trabajar en cine con ellos es muy lindo porque, al plantear cada escena, saben cómo actúa cada uno de los actores que han elegido, y ven de qué manera van a plantear cada situación para que los actores se puedan lucir. Hay algo de “Los dueños” y de “El motoarrebarador” que, si bien ellos han ido escribiendo en soledad, está pensado para que actuemos Liliana (Juárez) y yo, y los otros actores. Hay algo ahí que me parece hermoso - y que no sé si te la da el cine- que es la posibilidad de conocer al actor con el que vas a trabajar. Y que es la posibilidad de pensar en un guión que sea cercano, y que ese actor pueda potenciar esa idea que vos tenés.

- Algo así como una musa...

- Exacto. Saben cuáles son las situaciones que te pueden potenciar. Y eso por ahí no te pasa con directores que no te conocen, a los que poco les importa tu particularidad. Lo que le importa al director que se maneja de esa manera es que vos representés la idea que él tiene en su cabeza. Y yo descreo del actor representante de ideas. Un actor o una actriz que viene solo a representar una idea se iguala al resto. Por eso me parece que está bueno trabajar con directores más interesados en potenciar tu singularidad.

VISIBILIZAR UNA REALIDAD DURA. Escena de “El motoarrebatador”.

- Fuiste a Cannes para la exhibición de “El motoarrebatador”. ¿Cómo fue esa experiencia?

- (Ríe) No conocía Europa. He ido con la Lily Juárez. Yo iba con una valija muy chiquita. Y a la Lily le explotó la valija de Barbie, que era vieja. Y ella se compró otra. Le dije: “tirala, es vieja”. Me dijo: “No, le tengo cariño”. “¿ Y vas a ir cargando con las dos valijas?” “No, a esa la vas a llevar vos”. Así que llegué a Cannes con una valija de Barbie enorme, rosa con letras doradas. Llegamos a Cannes, no lo podíamos creer. Está todo armado por una razón: el cine... Sentía que mucho de lo que había ahí en cierto modo me pertenecía. Pero, por el otro lado, veía los yates, tanto lujo...todo muy raro. Y me preguntaba en qué momento se combinó esa cara - la mía -con todo eso. Fue una experiencia hermosa, rara por momentos.

› Sergio MIguel “Negro” Prina Tiene 37 años, tiene una hija (Helena) Egresado de la carrera de Teatro de la Facultad de Artes (UNT) protagonizó los filmes “Los dueños” y “El motoarrebatador” y actuó en “El mejor de nosotros”, entre otros. Actor y director teatral, su obra “Que pase algo (título en proceso) fue la ganadora de la Fiesta Provincial del Teatro 2017.  

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