“Dios ha muerto”

21 Nov 2018 Por Indalecio Francisco Sanchez

Un rumor, falso y viralizado, terminó en un linchamiento público: acusaron a dos hombres de “robachicos” y los quemaron. Ambos murieron. Fue en Puebla, México. No hubo comprobación del delito.

Durante la furiosa tarde-noche del 9 de diciembre de 2013, la ola de saqueos que devino de la revuelta policial concluyó con una paranoia social de violencia y desconfianza. El saldo de cientos de mensajes confusos o malintencionados fue barricadas en cada esquina, en cada barrio, con vecinos armados hasta los dientes. Personas nerviosas y con miedo que hacían tiros a lo que se moviera. Murieron más de una decena de personas, en un número impreciso, que nunca se pudo establecer con claridad. Entre esas víctimas fatales estaba Javier Cuello o “Tarrín”, como lo conocían en Villa Muñecas. El joven culminó abatido sin que se supiera con certeza si su condición de humilde y “motoquero” fue lo único que habilitó a que alguien hiciera blanco en su humanidad.

Claudio Adrián Sánchez había salido de su casa la noche del 6 de noviembre pasado. Se disparó la alarma de su moto y algunos vecinos comenzaron a vociferar que la había robado. Él se paró a buscar el control remoto del vehículo para callarla. Corriendo venía Víctor Cuozzo, alertado por los gritos vecinales. Paró a Sánchez que, según imágenes de cámaras de seguridad, se identifica y se levanta la remera. Llevaba un arma para protegerse porque ya había sido víctima de varios atracos y estaba harto de la inseguridad. Cuozzo le disparó sin mediar palabra. El tiro fue fatal.

De aquí y de allá, de hace algunos años o de hace apenas un par de días, gran parte de los hechos violentos y de inseguridad se nutren del virus malicioso del engaño que ceba la grieta social y política.

La combinación entre violencia, mentira y falsedad puede ser fatal. Esa mezcla nefasta y peligrosa pulula por el Tucumán de los índices de inseguridad escandalosos, de las instituciones débiles, del nepotismo, de la Justicia lenta, de la Legislatura millonaria y de la corrupción sin condena.

Las carencias en cuanto a respuestas del Estado a las preocupaciones de la sociedad transmutan en que los ciudadanos busquen soluciones por cuenta propia, muchas veces desacertadas o con riesgo para sus propias vidas. Los hechos que se describen más arriba dan cuenta -tristemente- de ello. También el porcentaje cada vez mayor de personal civil armado (no hay datos precisos en Tucumán, pero en el Ministerio Público Fiscal afirman que se secuestran en promedio tres armas a civiles por día) y de los linchamientos por parte de vecinos a presuntos delincuentes. La Justicia por mano propia se ha vuelto la respuesta que una porción cada vez más grande de la sociedad encuentra a la inseguridad y ello muestra que fracasó el Estado, en sus tres poderes, como delegado del pueblo para administrar eficientemente la cosa pública.

Otro indicio de la inestabilidad de la sociedad en cuanto a lo que espera del Gobierno es que ya no peticiona por las vías institucionales, sino a los gritos. O a los golpes. La ineficiencia a la hora de dar respuestas llevó a que los pedidos por falta de agua, pérdida de líquidos cloacales, Justicia, seguridad, trabajo o lo que fuera se canalice vía quema de cubiertas y corte de calles. Como mínimo. Porque ahí el Gobierno reacciona, el comisario da la cara, el agujero se tapa o el subsidio aparece...

Así, con esa arbitraria forma de reclamar y de ajusticiar, crece el riesgo para todos: pagan justos por pecadores y reina el caos.

¿Será que caminamos a una caza como la de “Las brujas de Salem”? En la obra de teatro de Arthur Miller (escrita en 1952 y llevada al cine en 1996) se cuentan los hechos que rodearon a los juicios de brujas de Salem, Massachusetts, en 1692. En el relato predomina la persecución de los ciudadanos, infundada en el miedo, hacia quienes incurren en “brujerías”. Aprovechándose de esa situación, una joven que teme ser quemada en la hoguera empieza a señalar a otras como brujas. El final es nefasto.

¿Terminaremos como el actor Daniel Day-Lewis, desesperado ante su detención y la quema en la hoguera de su amor, gritando ante la injusticia que Dios ha muerto?

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