Cuando la tierra le grita a la meditación

11 Oct 2018

En 1928, Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes) escribió un relato (el protagonista es el no tan famoso profesor Challenger), titulado Cuando la tierra lanzó alaridos. Uno de los editores recordó ese título cuando, temprano, la noticia del día cayó como una efigie de hierro sobre la mesa de jefes: habían encontrado la estatua robada del parque 9 de Julio. Más bien, se habían topado con ella: “La Meditación” apareció en un calle, volcada sobre un lados, como si hubiera sido arrojada en una poco meditada huida por sus ladrones. La pesada figura, sustraída de su emplazamiento el 1 de agosto, había desaparecido como si se la hubiera tragado la tierra. Ahora reaparecía como si la tierra la hubiera devuelto. Y en ningún otro sitio más que en plena calle. Como si la tierra estuviera gritado su ubicación. Claro está, la tierra no traga estatuas. Ni las regurgita. Justo cuando la Justicia encaraba allanamientos, apareció la escultura colocada en el parque en 1927. Un año antes de que se publicara Cuando la tierra lanzó alaridos. Pura coincidencia. Porque la tierra no anda a los gritos. Ni mucho menos se los profiere a “La Meditación”. Porque ese sería un mundo al revés...

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