“La escuela tiene que mostrar que para conseguir algo, hay que esforzarse”

¿Sirven los deberes? ¿Cómo controlar a los niños híper estimulados por la tecnología? ¿Cuál debe ser el rol de los padres? ¿Qué hacer con los chicos que molestan en clases? Lichtmajer -ministro de Educación de Tucumán- defiende una enseñanza en la que primen el esfuerzo y la perseverancia. “En la educación, como en la vida, el camino más fácil no es el mejor”.

16 Sep 2018

Nadie diría que Juan Pablo Lichtmajer usó el pelo hasta la cintura, alguna vez. Ese aspecto de su juventud contrasta con el de hoy, en su adultez. Para las presentaciones públicas, cumple con el deber de afeitarse. Y parece agradarle la formalidad del saco, la corbata y la escarapela siempre presta. Su comportamiento, su vestimenta y su adolescencia son un reflejo de cómo dice que hay que entregarse a cualquier actividad intelectual: con normas, con disciplina y... sin prejuicios.

Mientras la sociedad parece inclinarse hacia el facilismo, la inmediatez y la superficialidad, Lichtmajer (1973) defiende la necesidad de modelar una escuela donde primen el esfuerzo y la perseverancia. “Nuestro deber como padres y como educadores consiste en mostrarles a los niños y jóvenes que para conseguir algo, tienen que esforzarse. Aprender requiere de la cultura del esfuerzo”, agrega.

Comenzó su carrera educativa como ayudante estudiantil y ahora es ministro de Educación de Tucumán. Ha sido expositor en las universidades inglesas de Oxford, de East Anglia y de Essex, entre otras. De esta última, obtuvo sus máster y doctorado, bajo la dirección del filósofo postmarxista Ernesto Laclau. Es licenciado en Historia (graduado en la Universidad Nacional de Tucumán) y fue rector de la Universidad de San Pablo T. Sentado en la redacción de este diario, habla sobre cómo cree que deben ser las instituciones educativas. “En la educación, como en la vida, el camino más fácil no es el mejor”, conversa, frente a una taza de café.

LICHTMAJER: “La escuela pública es el motor de la educación: casi el 80% de los tucumanos concurre a establecimientos estatales”.

- ¿Sirven los deberes?

- Sí, claro que sirven. Aunque es importante que sean planteados como tareas, en vez de deberes. Hoy, se valora el conocimiento empírico y la participación de cada estudiante en su equipo de trabajo. Una tarea grupal y que genere impacto en la comunidad -como el armado de una huerta, por ejemplo- tiene más valor que un trabajo delegativo. No obstante, el alumno debe tener momentos individuales de reflexión frente a un libro; eso resulta insustituible.

- ¿Está bien que los padres se sienten con sus hijos a hacerlos estudiar? ¿O deberían dejarlos solos?

- Lo único que no puede haber es indiferencia. El chico tiene que sentirse acompañado. Y, a la vez, desarrollar su disciplina. Tengo hijos de 10 y 15 años. ¿Quiere saber cómo hago? Estoy al principio de sus tareas. Me voy durante el desarrollo. Y vuelvo al final. No las hago con ellos. La autonomía es importante.

- La tecnología hace difícil fijar la atención de los niños.

- Hay un tiempo para cada cosa. Y deben saberlo.

- ¿Le preocupa la tecnología?

- Por primera vez en nuestra historia, la generación joven maneja las tecnologías del conocimiento mejor que la generación adulta. Nunca antes había pasado esto. Entonces, es necesario que los mayores ejerzamos como guías. Las redes han masificado el odio; debemos combatir esa situación. Y la infoxicación (demasiada información) también es un riesgo.

- ¿Qué opina del bilingüismo que combina el inglés y el español? ¿Se deja de aprender otras materias por hacer inglés?

- Aprender un idioma incrementa nuestra capacidad intelectual. En realidad, todas aquellas actividades que despliegan las capacidades simbólicas, como el arte, el ajedrez o un deporte, mejoran el intelecto. Es decir, cualquier idioma es bueno para estimular la actividad cerebral. El bilingüismo también podría involucrar lenguas originarias. Se elige el inglés porque constituye una herramienta global. El inglés es un pasaporte.

- ¿Cree que las humanidades están siendo dejadas de lado?

- Las preguntas por el sentido de la humanidad han estado siempre. Y seguirán estando. Lo que ha cambiado es el conocimiento. Hoy, no se profundizan las divisiones de los conocimientos, sino los puntos de contacto. Las fronteras están para cruzarlas. Un niño puede aprender matemáticas mientras juega al fútbol. En el momento en que debe pasar la pelota, tiene que decidir en milésimas de segundos a qué velocidad debe viajar su pase. El mundo ya no es binario: adentro o afuera; oral o escrito; público o privado. Se ha vuelto reticular, en red.

- ¿Y ese mundo reticular ha impactado en la escuela?

- El siglo XXI nos pide que ampliemos el concepto de escuela. Que pensemos en comunidades educativas. Hoy, nuestros jóvenes son educados por un conjunto de factores. La educación no ocurre sólo en los colegios. Ocurre en todos los ámbitos donde ellos ven conductas, como cuando sus padres manejan o se relacionan con otras personas. Las escuelas son las familias, son los barrios y son, incluso, las redes sociales.

- ¿Qué hay que hacer con los alumnos que molestan en clases?

- Integrarlos; hablar con ellos.

 - ¿Qué opina de la educación integradora?

- El paradigma actual es la integración; no la separación. Pero para que los colegios sean integradores, primero debe serlo la sociedad. No obstante, creo que hay un nivel de integración mayor al que había cuando yo era chico. Las cosas han mejorado. Otro mundo es posible. Y otra escuela es posible.

- ¿Está bien repetir el curso?

- Sí. Es gravísimo e inadmisible que se haga pasar de grado a quien debe repetir. Eso profundizaría el problema.

- ¿Cómo se despierta el gusto por la lectura?

- Primero, los establecimientos tienen que tener el equipamiento necesario. Luego, hay que generar curiosidad en los niños. Hay que insistirles para que tomen contacto con los libros, tal vez a través de pequeñas competencias. En la casa también se debe fomentar la lectura. Si un hijo ve leer a su padre, adquirirá el hábito de la lectura. Si un hijo ve investigar en internet a su padre, también lo hará. Google es la biblioteca más fantástica que haya existido, después de Alejandría.

Lichtmajer interrumpe la charla para terminar su taza de café y asoma su faceta de funcionario cuando afirma que, en la Argentina, la educación pública se encuentra amenazada. “El ajuste no es una política de desarrollo, sino de subdesarrollo”, declara, en alusión a decisiones de gobierno del presidente Mauricio Macri. ¿Cuál es la finalidad de la educación? Sonríe. “Un mundo más justo. Y para eso se necesita la finalidad liberadora que da el conocimiento. El conocimiento libera”.

- Suena ideal.

- Un mundo sin ideales es un mundo sin atractivos. Necesitamos ciudadanos que se involucren en causas colectivas más que individuales. Por eso, las escuelas deben ser ámbitos de construcción de valores positivos, como el altruismo, la crítica, la justicia y el respeto.

- ¿Es mejor la educación privada que la pública?

- No creo que un alumno tenga un rótulo en su frente que diga “pública” o “privada”. Tampoco creo que un docente lleve ese sello. No se puede etiquetar a lo privado como bueno y a lo estatal como malo. Hoy, la escuela pública es el motor de la educación: prácticamente el 80 % de los tucumanos concurre a establecimientos estatales.

- ¿Quién quiere ser docente hoy?

- Aquel que tiene el fuego sagrado de la docencia. Que tiene la voluntad de dar, de trascender, de sembrar.

- ¿Pero se busca la docencia como salida laboral o como vocación?

- El empleo es una condición de igualdad. No obstante, la docencia es uno de los trabajos más nobles. En Tucumán, tenemos 36.000 trabajadores de la educación.

- ¿Cómo debe ser un maestro?

- Curioso. Ejemplar. Y noble. Es linda la docencia.

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