“Los corroboradores” une documental y ficción sobre el intento de replicar París en Buenos Aires

Luis Bernárdez define a su película como “un thriller arquitectónico” sobre una sociedad secreta de la alta burguesía porteña. Fuera de los cánones.

04 Sep 2018
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HUELLAS EN LA CIUDAD. En “Los corroboradores” se relevan edificios porteños icónicos de inspiración francesa.

EN PANTALLA GRANDE

• A las 18 en el Espacio Incaa (sala Orestes Caviglia, San Martín 251).

Hacer una fusión entre los géneros del documental y de la ficción (además con tinte policial) es una de las tantas rarezas en las que incursionó Luis Bernárdez en “Los corroboradores”, el filme que se proyectará esta tarde en el Espacio Incaa de la sala Orestes Caviglia.

El director de lo que define como un “thriller arquitectónico atrapante y con mucho suspenso”, se inspira en el mito porteño de una sociedad secreta de la alta alcurnia, que busca replicar París en Buenos Aires. Parte narrativamente de la convocatoria que un arquitecto argentino le hace a una periodista francesa para que investigue el tema y determine su veracidad. Pero él no llega a la cita y la invitada empieza a sentirse perseguida por las calles de una Capital Federal plagada de edificios afrancesados que confirman la hipótesis.

“Me llevó casi 10 años hacer esta película porque fueron siete años de investigación de época y de escritura, financiados por mi bolsillo, con mucho trabajo de archivo. Y una vez que tuve un guión que estaba bien para contar, lo presenté a concursos; gané el de ópera prima en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa); lo filmé en cinco semanas y lo monté y edité en el resto del tiempo. Pero esos plazos sirvieron además para que el proyecto madure”, señala en diálogo con LA GACETA.

El director menciona como una regla del mercado haber gastado todo el subsidio en su proyecto y que no haya habido ninguna clase de ingresos para él. “La película es mi satisfacción. Cuando me quedaba sin plata la dejaba, hacía otras cosas para poder vivir y volvía con mi proyecto”, describe. Esos otros trabajos fueron como asistente de dirección de colegas de prestigio como Benjamín Ávila, Diego Lerman, Daniel Burman, Ariel Winograd, Lorena Muñoz y Juan Taratuto, entre otros. “Mi medio de vida es muy absorbente e intenso, pero de gran aprendizaje”, admite, quien pasa cuatro meses sumergido en cada filmación a la que lo convocan.

“Los corroboradores” fue premiada en su guión y en su montaje entre la categoría reservada a los trabajos argentinos en el último festival de cine de Mar del Plata y compitió hace un mes en el Gerardo Vallejo tucumano. “Es una película pensada para el argentino, bucea en la identidad del porteño por lo que circula mucho en el país. Pero no encaja en ningún parámetro de la división internacional del cine por región hemisférica, porque no habla de la dictadura, de la represión, de la miseria o de la corrupción sino de la alta burguesía del Jockey Club, con Miguel Cané, Carlos Pellegrini y Marcelo Torcuato de Alvear. Entonces un europeo o un norteamericano no sabe por dónde va la historia y se rompe lo previsible. Para mí eso es bueno”, considera, más allá del recorte de mercado que implica.

Otra rareza es que la mayor parte del filme está hablado en francés (empezando por su protagonista), lo que genera un clima especial. A ello se suma que tiene testimonios de expertos argentinos reales en diferentes campos del saber: el arqueólogo Daniel Schávelzon, el crítico cultural Rafael Cippolini, el arquitecto Fabio Grementieri y el historiador Gabriel DiMeglio y el sociólogo Carlos Altamirano. “Me sorprendieron totalmente sus respuestas, me encontré con elementos inesperados que me hicieron dar un giro al trabajo”, admite.

Situación rara

“Estamos pasando una situación rara en el cine argentino. Se sigue filmando pero siento que hay menos diversidad y algo de achatamiento. Hay una suerte de unificación de relatos y de estéticas, porque el Estado está aportando menos financiamiento. Tener una política cultural está vinculado a cómo queremos que nos vean, cómo nos representamos y cómo nos vemos a nosotros mismos. El Incaa no está cumpliendo en este momento la labor para la cual fue creado: hay concursos no llamados y no fiscaliza al circuito comercial. Hubo un cambio notorio; ahora está controlado por la industria y quedaron afuera las pequeñas productoras; quienes no responden a una cierta línea comercial tienen muy difícil filmar”, lamentó.

Todavía recorre el país con este trabajo pero ya prepara el próximo: un policial ambientado en 1980 sobre el mundo de las finanzas, en el que está trabajando desde hace cuatro años, con un robo protagonizado por dos periodistas a una mesa de dinero sucio.

¿Existieron o no los corroboradores?, es la última y obligada pregunta. La inevitable respuesta de su director es convocar a todos a la sala para que cada uno tome la postura personal. “Lo interesante es que esta película te permite ponerte a pensar sobre la construcción de un relato, de la historia, de sentidos, de imaginarios de país y de la fake news, respecto a lo verdadero y a lo verosímil”, concluye.


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