Los nuevos pactos de las parejas están atravesados por la época

No comparten gastos, viajan por separado con amigos y tienen salidas cada uno por su lado. Incluso hay quienes duermen en habitaciones separadas. En pareja, pero sin ataduras ¿El modelo de pareja tradicional va quedando obsoleto?

26 Ago 2018
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JUNTOS, PERO NO TANTO. La relaciones y sus características según las edades. UPSOCL.COM

“Lo mío es mío; lo tuyo es tuyo”. Así fue desde el primer día que decidieron convivir Eliana (arquitecta, 31 años) y Martín (abogado, 35 años). En el plano económico no había dudas: tener cuentas individuales fue para ellos la única opción posible. Los gastos de la casa se dividen y no se dan explicaciones de lo que hacen con el resto. Tienen salidas comunes, pero mayormente cada uno sale por su lado con sus amigos. También viajan por separado. “¡Nada de pedir permiso! Sólo informamos por una cuestión de respeto y de organización, ya que tenemos una hija de tres años”, aclara ella. Otro detalle no menos importante es cómo duermen: cada uno tiene su habitación, su espacio con las cosas que les gustan y su intimidad. Eso sí, más de dos o tres veces a la semana alguno de ellos seguro se cruza al dormitorio del otro.

Lo de dormir en cuartos separados es una de las nuevas tácticas que aplican algunas parejas, aunque no la mayoría, según advierten los especialistas. Las estrategias más comunes en la actualidad son mantener la independencia económica, viajar con amigos y conservar las salidas habituales que hacían cuando estaban solteros. En los nuevos acuerdos -donde el individualismo parece cumplir un rol central- hay quienes son más flexibles y se animan incluso a tener una “relación abierta”, sin exclusividad sexual. ¿Será que el modelo de pareja tradicional va quedando obsoleto? ¿Cómo serán las relaciones amorosas en el futuro cercano?

“Cada época establece lo que está permitido y prohibido. Lo que antes se vivía como un pecado o con culpabilidad, por ejemplo ser madre soltera, hoy está obsoleto. En la vida de las parejas estamos viviendo una época de transformaciones de las estructuras clásicas. Se modificó lo que se entiende por pareja y la época modificó al ser. Bajo el sintagma del ‘desarrollo personal’, promovido por el discurso capitalista que enfatiza el individualismo, se crean nuevas formas de parejas”, explica el psicoanalista Gabriel Artaza Saade, autor del libro “Una nueva virilidad: y otros ensayos sobre sexo y la época”.

Según la doctora y sexóloga Amelia del Sueldo Padilla, los nuevos pactos de pareja están indudablemente atravesados por la época. Por empezar, el empoderamiento femenino y la capacidad de generar nuevos ingresos propios sin supervisión. Coincide con ella la sexóloga Mileva Pavicich: “la independencia de la mujer contribuye a que se puedan plantear y sostener nuevas formas de ser pareja. Una mujer autónoma que elige no depender ni emocional ni económicamente del hombre, se posiciona con más recursos para construir una relación más igualitaria”.

Según Del Sueldo Padilla hay una clara diferenciación: “lo que se entiende como pareja tradicional, monógama, heterosexual y con fines reproductivos, todavía está arraigada en nuestra socio cultura, sobre todo en los sectores más tradicionales. Pero se ven otro tipo de parejas, abiertas, monógamas secuenciales, diversas, que se permiten espacios de intimidad propios de la relación y a la vez individuales o con grupos de amigos. Esto se ve más en la gente joven de clase media con acceso a créditos en vivienda como para disponer de cuartos separados, ya sea porque cada uno disfruta de su intimidad leyendo un libro, decidiendo qué película ver sin que el otro tenga el control remoto o simplemente dormir sin ronquidos. Y cuando deciden dormir juntos lo hacen siguiendo su propio deseo y no algo socialmente impuesto”.

Igual ocurre en cuanto a las posibilidades de los viajes solos o con amigos, resalta la experta. “Ir con un grupo de amigos a un lugar soñado implica concretar proyectos priorizándose. También hacen paseos con la pareja o en familia pero no se sienten obligados a hacerlo”, añade.

Saludable si hay acuerdo

Salir solos, viajar con amigos, dormir en cuartos separados. Todos estos hábitos son saludables siempre que haya un acuerdo, advierten los especialistas. La última opción, según Artaza Saade, se ve mucho en el consultorio, aunque tiene que ver más con las parejas mayores: con esta decisión, muchas veces forzada por una cuestión de salud, han logrado mantener una convivencia más armónica.

Eduard Estivill, un conocido médico catalán, especialista y autor de libros de divulgación sobre Medicina del Sueño, afirma que una de las causas de los inconvenientes en el sueño y la vida afectiva de muchas personas que están en pareja, se basa en que comparten la cama. “Estarían mejor si durmiesen en camas separadas, incluso en cuartos diferentes”, propone.

En el mundo es una tendencia en alza. Un sondeo de la Asociación Nacional de Constructores de Casas, de Estados Unidos, muestra que el 60% de las viviendas hechas por encargo tienen dos dormitorios principales. En Gran Bretaña, una de cada 10 parejas elige vivir en la misma casa pero dormir en habitaciones diferentes.

Lisandro Espeche, de una reconocida colchonería del centro tucumano, sostiene desde su experiencia en el local que las parejas que duermen separadas son mucho más de lo que se puede imaginar. De hecho, hasta no hace mucho -cuenta- había una sola y larga almohada, que ahora está en peligro de extinción.

Separarse a la hora de ir a dormir no significa necesariamente que la pareja se esté deteriorando, advierte Mileva Pavicich. “Dormir en camas separadas refleja el grado de individualismo con que encaran el proyecto “pareja” y muchas veces funciona. En otros casos pronuncia la distancia. Dependerá del significado y la importancia que cada uno le asigne a la intimidad de la pareja, que también se construye a partir de la proximidad”, advierte.

De acuerdo con su experiencia (“me consultan parejas jóvenes sobre todo”), este tema a veces se acuerda desde inicio de la relación y otras veces es la última opción antes del fin. Lo mismo ocurre con el planteo de no ser “exclusivos”, cuenta la especialista. “Las parejas se plantean opciones nuevas ante una realidad nueva. La monogamia siempre fue difícil de sostener y muchos van buscando otros formatos para subsistir”, explica.

Plantearse la no exclusividad sexual es riesgosa, pero es tomada como mejor opción que la mentira, resalta Pavicich. “Ser una pareja abierta, en la teoría parece ser posible; la idea de no ser dueño del otro, de no exigir renunciamientos a sus deseos sexuales, de ser sinceros y nada posesivos. Sin embargo, para embarcarse en este camino hay que estar en condiciones emocionales de transitarlo. Pues aparecen las contradicciones, los celos, la desconfianza y, con ellos, los conflictos”, relata.

“Debe haber reglas claras y acuerdos que se cumplan a fin de que alguno no salga dañado. Debe hablarse de qué está permitido y qué no. Saber que cuando él/la otra no lo sabe no se trata de una pareja abierta”, añade del Sueldo Padilla.

En medio de tantos cambios y nuevos acuerdos, ¿se podría decir que ya no hay fórmulas para que una relación sea duradera? La respuesta es simple, según esta sexóloga: el diálogo, la comunicación sincera, la complicidad, la solidaridad, los proyectos en común hacen mucho más que compartir una habitación, los gastos o unas vacaciones.

> ¿La vuelta de una vieja costumbre?
La costumbre de dormir juntos aparece, según los urbanistas, en los comienzos de la Revolución Industrial, cuando las familias se trasladaron masivamente a las ciudades. Se construían viviendas con espacios más reducidos y había una sola habitación para el matrimonio. En la Roma Antigua, las parejas contaban con un cuarto para cada uno y solo compartían la cama para sus encuentros sexuales.

> En primera persona

HORARIOS DISTINTOS.- “Tenemos horarios totalmente distintos. Yo duermo toda la mañana porque trabajo hasta tarde y ella se levanta a las 6. Nos costó tomar la decisión, pero fue saludable. Ahora cada uno tiene su espacio y dormimos sin interrupciones. Por supuesto que tenemos nuestros encuentros amorosos”, cuenta Nicolás (39 años, médico). Está a favor de la libertad en la pareja, pero siempre que haya respeto. “No nos pedimos permiso, pero sí nos contamos todo”, detalla. Su esposa, Virginia, en estos días está celebrando el cumple “40” con sus amigas de toda la vida en Miami.

PACTOS CLAROS.- “Estoy a favor de la libertad en la pareja, pero con pactos claros y sinceros en lo referente a exclusividad o no-exclusividad sexual. Si se acuerda “a” que sea “a”; si se acuerda “b” es “b”; no me vengas con que acordamos “a” y hacés unilateralmente “h”. Las cuentas deben estar separadas, pero juntas para los gastos en común. Los viajes, juntos y separados. Salidas con amigos sin permiso, pero comunicando. Prefiero casas o cuartos separados a diario, así se elija dormir juntos todos los días”. (Gonzalo Graña, gestor cultural y asesor en comunicación política).

NO A LA LIBERTAD TOTAL.- “Estoy en contra de la libertad total en la pareja; es una pareja. Creo que no puede haber cuentas separadas con tantos gastos comunes. Además, siempre hay uno que gana más que otro y que suele ser el hombre; entonces, sería injusto. Las salidas a veces deben ser con amigos pero la mayoría de las veces está bueno que sean en pareja; al igual que los viajes. Informar es una especie de pedir permiso para que no haya conflictos. Me niego a dormir en camas separadas, al menos ahora. Cuando seamos viejos, puedo pensarlo”. (Carolina, 35 años, diseñadora gráfica).

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