La renovación llega sin Messi

19 Ago 2018
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EN SU CASA. Messi es amo y señor en el Camp Nou. El miércoles le hizo un gol a Boca y ayer dos a Alavés, por la Liga. reuters

La Selección quedó por primera vez afuera del top ten del ranking de la FIFA. Era acaso previsible después del pobre Mundial en Rusia y también por el nuevo sistema de puntuación en la confección de los rankings. Peor le fue a Alemania, que era campeón mundial y cayó del primero al décimoquinto puesto. Sigue lejos de conformar este nuevo sistema de puntuación de la FIFA. En Paraguay, por ejemplo, no se explican ni ellos mismos cómo su selección avanzó dos lugares si ni siquiera se clasificó al Mundial y perdió sus dos últimos amistosos. Para nosotros, el dato más impactante es que la selección nacional queda afuera del top ten después de 21 años. Hay otro dato tanto o más significativo. Lionel Scaloni, DT interino, dio el viernes una lista que, como se esperaba, confirma la ausencia de Leo Messi. Y Leo, dicen las estadísticas, estará afuera de la selección, sin lesión o suspensión, por primera vez después de más de diez años. No sabemos todavía por cuánto tiempo.

Las bajas en el ranking y de Messi son apenas dos datos que podrían ayudar a entender por qué entonces tanta renovación ahora en la nueva lista. Una renovación que, según muchos, no veíamos acaso desde mediados de los ’90, cuando asumió Daniel Passarella su conducción de supuesta mayor rigidez después del descontrol del Mundial 94, que tuvo como símbolo máximo la expulsión por doping de Diego Maradona. Imposible no recordar a los entonces debutantes Roberto Ayala y “Pupi” Zanetti como abanderados de aquella renovación. Ahora hay seis debutantes, pero (si bien hay diez convocados de Rusia 2018) resulta acaso más fuerte ver el nombre del arquero Sergio Romero como único “sobreviviente” de la vieja guardia. Lo muestran sus 94 partidos de selección, lejísimos de los 20 de Gabriel Mercado, el segundo más experimentado de una lista que, hay que decirlo, exhibe un corte claramente ofensivo.

Limitaciones

Hay otro número de la nueva lista que refleja una de las principales limitaciones que sufrió, sigue sufriendo y sufrirá siempre la preparación de la Selección. Por más fuerte que resulte el recambio, la lista de Scaloni incluye apenas cinco jugadores del medio local. Y, si buscáramos una posible nueva formación titular, acaso veríamos que Franco Armani, el arquero de River, podría ser el único nombre seguro si es que Romero no ocupa el puesto. Podríamos admitir que no conviene establecer grandes conclusiones porque Scaloni es un DT interino. Pero será difícil que su reemplazante, cualquiera sea su nombre, pueda encontrar más jugadores en el medio local. Los discursos de “juguemos con los de acá” se agotan rápido. Lo acaba de demostrar el Boca, campeón de todo, líder eterno, pero reducido al papel de partenaire por Barcelona en el amistoso de la Copa Joan Gamper, liquidado por un piadoso 3-0.

Hubo dos imágenes de ese partido que grafican las diferencias. La primera en el segundo tiempo, cuando Pablo Pérez, líder y capitán experimentado entró para frenar tanto toque rival y lo hizo al modo argentino. Pegándole sin sentido a Rafinha en la media cancha. Lejos de intimidarse, el brasileño le respondió con un golazo, sombrerito incluido. La segunda imagen sucedió afuera del campo, pero tiene que ver con otro de los peores rostros del modelo argentino. Fue el presidente boquense Daniel Angelici cantando eso de “matar una gallina”, con las peñas, no con los barras que también viajaron a España y hasta se los vio haciendo shopping. Las disculpas fueron amplias, pero no felices, porque luego Angelici buscó achicar la figura de Marcelo Gallardo describiéndolo como “empleado de River”. Así suelen ser los modos del poder. Habitualmente incorregibles.

Es cierto. El presupuesto de Barcelona multiplica por diez al de Boca. El club argentino gasta en un año lo que los catalanes en un mes. Messi solo vale más que todo el plantel “xeneize”, que a su vez es el más caro de Argentina.

Un discurso con firmeza

De Messi hablamos ya la semana pasada. Por fin volvimos a escucharlo. Tuvo que hablar en la previa de la Gamper en su carácter de nuevo capitán. En Barcelona impresionó la firmeza de su discurso. Acá seguiremos sin saber qué pudo haber sucedido en Rusia.

Ayer comenzó una nueva Liga de España, donde él sigue siendo referencia absoluta. El gran colega Ramón Besa recordó ayer en el diario madrileño El País que aquí seguimos pidiéndole a Messi que sea Maradona. “Se le acusa (a Messi) de no hacer buenos a sus compañeros y no defenderles; se le recrimina su docilidad y silencio; se le reprocha su quietud, siempre sometido al destino, sin rebelión posible, un ‘pecho frío’ que juega solo con amigos, se esconde en la cancha, le supera la presión y no tiene emoción ni grito”, describe Besa. Pero el colega nos recuerda otra frase conocida, que destaca la reinvención permanente de Leo. Es la frase que dice que “Messi es Maradona todos los días”. No es así en los Mundiales. Y nuestro “todos los días” son de Superliga. Y de Mundiales cada vez más inciertos.

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Lionel Messi
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