El amor en tiempos de Copa: él es de Atlético y ella de Nacional de Medellín

Su amor nació por una casualidad, pero su rivalidad viene de nacimiento: Margarita y Guido serán rivales hoy en 25 y Chile.

09 Ago 2018

Hoy, en el diario familiar de los Romano, todo lo que ellos cuentan como marido y mujer tiene un plus emocional increíble. Hasta hace poco más de siete años, Guido y Margarita Jaramillo eran dos perfectos desconocidos, él tucumano y ella colombiana con residencia en Bogotá, pero nacida en Medellín, una tierra conocida por el drama de los narcos, por la sombra de Pablo Escobar, pero también una tierra de oportunidades, de gente buena, de corazón enorme y con la misma pasión que mueve el fútbol por este lado del planeta.

Ninguno de los dos pensó en enamorarse cuando se conocieron. Guido viajó en función de empresario, en búsqueda de oportunidades laborales, y de amor. “Como todo soltero, yo estaba abierto a todo”, recuerda sin sonrojarse y en tono de langa a LG Deportiva. Margarita, quizás uno de los seres más dulces que conocí en los últimos tiempos, ríe al escuchar parte del monólogo de su esposo. “El cazador fue casado”, agrega ella no sin antes enojarse (en broma) conmigo porque estoy grabando la nota. “Pero qué va, que berraco, qué pereza. ¡No seas malo!”

Guido no mintió en su intro, Margarita tampoco. Ella fue un alma caritativa en una noche para el olvido del señor Romano. El vuelo de Medellín a Bogotá vino con una demora de casi cinco horas. En este lapso pudieron entablar una charla y conocerse un poco más. Rato antes, a Guido lo habían tachado como Telekino en una cita.

Era volver a empezar, y Margarita, la más buena de toda Colombia fue su lotería. Fue su guía hasta el hostel donde él iba a hospedarse. Allí, en la puerta de acceso comenzó la verdadera historia de amor. Él la invitó a salir y jamás de los jamases se separaron. Se casaron y formaron una hermosa familia en Tucumán, cuya flor más bella es Francesca, que ayer cumplió tres años. También está Sara, tan pasional como mamá Margarita.

Lo curioso de esta familia es que ninguno de los dos creyó que alguna vez iban a estar enfrentados por un partido de fútbol, por una serie. Se dio de que Atlético tomó vuelo internacional y de que Guido se enamorara a su vez de una fanática perdida de Atlético Nacional de Medellín, el enemigo en cancha del “Decano” esta noche, por la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores.

Hace casi dos meses que en casa de los Romano hay pica entre marido y mujer. “Mi padre fue el que me inculcó esta pasión por Nacional. Allá le decimos el ‘Verdolaga’... Da la casualidad de que la mitad de la familia es del Nacional y la otra de Independiente Medellín, así que ya sabemos lo que es ser rivales en casa”, nunca pierde la espontaneidad y frescura Margarita, ni ante el mano a mano con el grabador ni ante las cámaras de LG Play. Está en su salsa, aunque antes me haya retado.

INCREÍBLE. Margarita y Guido jamás creyeron posible enfrentarse por ser hinchas de Atlético Nacional y Atlético. Bueno, la Libertadores lo hizo posible. la gaceta / fotos de Inés Quinteros Orio

En cambio Guido, el que se sentía que podía ir hasta la Luna sin traje ni oxígeno, está tan nervioso como quizás su propio cuerpo pueda tolerar. “Estoy bien, tengo muchas cábalas nomás”, me dice sosteniendo a Francesca, que pasa de sus brazos a los de su esposa, una y otra vez. La nena está inquieta, quizás celosa. Es normal.

Mamá es la que podría fumar bajo el agua. Gasta a su esposo, prometiéndole todas las maldades habidas y por haber si su equipo gana hoy, calma a su hija e interactúa con el equipo entero de LA GACETA, al mismo tiempo. Maestra.

Margarita tiene cara de intelectual, pero de fútbol sabe una banda. “A veces la tengo que correr del televisor, cuando grita los goles”, la carga Guido. “A mí me tocó la época de furor del Atlético. Mi papá me llevaba a la cancha en la época del ‘Pibe’ Valderrama, del ‘Tino’ Asprilla, de René Higuita, todos los grandes. Cómo no ser fan del Atlético”, confiesa.

Vamos a rodar

¿Hubo apuestas sobre la mesa? “No, no”, asegura Guido. “Síííí, claro que síííí; se me ocurrió una, pero secreto de cámara”, arremete Margarita, en un acto futbolero conocido como chicana.

Podría haber sido al revés, en una consideración previa, pero Guido es el más centrado de los dos cuando de hablar de fútbol se trata. “Confío en Atlético, pero también sé que es un partido de 180 minutos. Hay que esperar y ver qué pasa. Igual yo ya tengo el pasaje listo para la revancha (miércoles 29). Le tengo fe a Atlético, como siempre. Hemos ido de menor a mayor y todavía no llegamos a nuestro techo”, opina Guido en posición de estatua. Los nervios lo están consumiendo. No sabe cómo pilotear la ansiedad, aunque él lo niegue, claro.

Cuando sí se suelta el amigo es cuando le consulto si realmente él cree que le debe algo a Colombia como país. “Sí, a ella la conocí allá, qué más puedo decir”. Esa respuesta fue directo a su esposa, que abraza ese hilo conductor hasta quedar con los ojos en compota. Su vida cambió desde aquel día que decidió darle una mano al cazador argentino.

Margarita cuenta que el día del sorteo de los octavos de final de la Copa casi pierde la cabeza. “Los dos saltamos de felicidad cuando nos tocó enfrentarnos. Esa noche fue la euforia total.”

Si los Romano irán juntos a la cancha hoy es un misterio. “Ella me pide ir, pero yo no la imagino conmigo a mi lado ni tampoco entre los visitantes. Me gustaría llevarla, pero bueno”, acepta Guido. Su esposa pide la palabra. “Momento, creo que hay un poco de negligencia. Yo digo que voy a ver fútbol, no que voy a verlo a él.” Chan. Round IV.

El tema central sería cuando uno de los dos haga un gol. Si le toca a Guido, está clarito que lo gritará con todo el mundo pero no se lo gritará a ella. Un caballero. “Pero mira si sucede al revés, je, je, je.” Margarita nació para encender la llama de la polémica pre partido.

Los número previos de Atlético son más alentadores que los del “Verdolaga”. “Es verdad, no venimos bien, pero somos coperos, ¿eh?”, defiende la visitante al “Verdolaga” de su pasión. “Creo que no hay buena energía con los hinchas, aparte viene de perder un campeonato, creo”, agrega Guido.

La definición

Ambos quieren ganar. “Claro, vos. Me enloquezco si gana el Nacional”, jura ella, a lo que le agrega algo de sal a una herida imaginaria entre las chicanas. “¿Si lo gastaría a Guido si ganamos? Todo el tiempoooooooo, ja, ja, ja”.

Guido no hace más que escuchar. Continúa nervioso, pero a la vez transmite una especie de calma invisible, pero que llega. “Con todo lo que vivimos nosotros...”, me dice Romano y con eso basta para entender que los hinchas de Atlético han sabido lo que es sufrir el infierno. Y también resurgir de las cenizas. Y más cuando se trata de un torneo internacional.

Pase lo que pase, cargadas más, cargadas menos, los Romano seguirán siendo familia. Seguirán amándose y sobreviviendo a este amor en tiempos de Copa Libertadores.

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