Ya son cuatro los detenidos, pero el misterio no se devela entorno a la desaparición de Priscila

Ayer por la mañana se realizó un nuevo allanamiento en el barrio Ampliación Elena White, donde otra persona fue aprehendida. Los investigadores no descartan que la joven haya sido víctima de un crimen en ocasión de robo. Analizan su celular.

30 Jul 2018
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COMPLICACIONES. Los policías cruzaron un desagüe y un sector de matorrales para acceder a las fincas. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Pese a haber concretado la detención de cuatro hombres, aún no se termina de disipar el manto de misterio que cubre el caso de la desaparición de Priscila Paz, de 27 años. Al cumplirse una semana desde que fue vista por última vez, todas las hipótesis apuntan a que podría haber sido víctima de un crimen. Los móviles aún no están claros, pero el más firme es que haya sido por el robo de su celular.

Paz salió de trabajar el domingo a la mañana de un hotel de El Manantial. Debía trasladarse hasta San Pablo en ómnibus para llegar a su casa, donde la esperaban su hijo de tres años y sus padres, pero nunca llegó. Dos personas testificaron que la vieron subir a un colectivo, pero que se bajó antes. Pero esa versión se contradice con los datos que tiene la fiscala María del Carmen Reuter.

Entrecruzamientos

Al día siguiente de haberse hecho cargo de la causa (estaba en poder del fiscal de feria Washignton Navarro Dávila), a través de la información obtenida de los entrecruzamientos telefónicos, se estableció que el celular nunca había salido de la zona de El Manantial. También llegaron a la conclusión de que dos personas utilizaron el aparato después de su desaparición. Identificaron a los titulares de las líneas partiendo con simples apodos y terminaron capturando a cuatro jóvenes, aunque no serían los únicos implicados.

Policías de las divisiones Trata de Personas y de Homicidios, al mando de los comisarios Julio Fernández, Jorge Dip y Diego Bernachi, aprehendieron a los sospechosos en cuatro días. El primer arrestado, oriundo de la localidad de Ohuanta, estaría detenido por una línea de investigación que fue perdiendo fuerza, pero aún no está descartada totalmente, por lo que seguirá tras las rejas.

Los otros tres arrestados están mucho más complicados. Según la investigación, ellos fueron los que utilizaron el celular de Priscila después de que desapareciera. Negaron tener algo que ver en el caso, pero detrás de la vivienda de uno de ellos encontraron un celular que habría sido de la víctima. Además, la Justicia tendría confirmado que mantuvieron conversaciones entre ellos antes, durante y después de la desaparición de la joven madre.

Contradicciones

Los sospechosos pasaron por la fiscalía que conduce Reuter. Allí cayeron en numerosas contradicciones sobre qué hicieron ese día. Habrían explicado que usaron el aparato porque lo habrían comprado a otras personas que no supieron identificar. Por ese motivo aseguraron que no conocen a Priscila y que no saben dónde puede estar.

Los investigadores, según confirmaron fuentes judiciales, tienen otra teoría: algunos de ellos podrían habérselo robado a la joven y después vendido o cambiado por drogas. Los investigadores señalaron que los tres tendrían serios problemas de adicción y sospechan que alguno de ellos podría estar vinculado a la venta de sustancias en el barrio Ampliación Elena White, donde viven.

Un transa de temer

Para la fiscala Reuter, el silencio de los sospechosos se debe a que en el caso podría estar involucrado un transa importante de la zona, que aterroriza a los acusados; a su entorno y a sus vecinos, ya que los habitantes del barrio no sólo colaboraron muy poco con la investigación, sino que se mostraron hostiles y hasta intentaron agredir a los pesquisas que caminaron las calles en busca de algún dato.

¿Dónde fue el ataque?

En la investigación surgió una duda. El momento en el que supuestamente fue atacada la joven. Las imágenes de las cámaras de seguridad registraron la salida de Priscila después de las 7 de la mañana, pero no tienen el alcance necesario para filmar del otro lado de la ruta, es decir, no se puede confirmar o descartar que se haya subido al ómnibus como dijeron dos testigos. Mucho menos grabar el supuesto ataque.

Y, a pocos metros de ese lugar, se instala la tradicional feria dominical de El Manantial. En ese horario, los puesteros ya están instalados o están armando sus puestos. Nadie escuchó gritos ni vio movimientos que indicaran que alguna persona estaba forcejeando para evitar un asalto o ser llevada a la fuerza.

No se descarta entonces que Priscila podría haber conocido a uno de ellos. Según la información que maneja la Justicia, mediante engaños le habrían ofrecido llevarla hasta San Pablo y en el trayecto podría haber sido atacada y abandonada en un lugar desconocido. Y los acusados, antes de huir, se quedaron con el celular.

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