Tiempo de libros que se leen con todos los sentidos

En la oferta de este Julio Cultural, el FILT convoca hasta hoy en el MUNT a autores y editores locales y de otras provincias argentinas que por cuatro días se metieron en la cocina del texto, compartieron sus gustos literarios, llenaron de poesía el patio del museo y reflexionaron, como Claudia Piñeiro, acerca de ese“estar en estado de escritura” que atraviesa al “oficio de escritor”

29 Jul 2018 Por Nora Jabif

FESTIVAL INTERNACIONAL DE LITERATURA DE TUCUMÁN

“El escritor viejo escribe textos, el escritor nuevo hace libros”, afirmó alguna vez Ulises Carrión, mexicano él y autor de culto. Y quien rescata este fin de semana en Tucumán esa cita es Tomás Fadel, poeta, traductor y editor mendocino radicado en Buenos Aires y responsable de la editorial “Fadel&Fadel”. Un anticipo de algo en lo que coincidirán los editores Eric Schierloh (Barba de abejas) y Julián Miana (Minibus ediciones): que el libro, hoy, se lee y se disfruta con todos los sentidos; y que, a diferencia del imaginario del escritor que en soledad escribe “Fin” en su obra, hoy emerge con fuerza la figura del editor “como un autor más”. El libro como una obra que se escribe y se concibe a cuatro manos (o más), y a la que hay un lector que le pone el punto final. La charla con Fadel transcurre en la galería del MUNT, con un fondo sinfónico de autores que maratónicamente leen sus poemas y relatos en el patio arbolado del edificio. Es la tercera jornada del Festival Internacional de Literatura de Tucumán, que se ha desarrollado en el marco del Julio Cultural de la UNT, y que concluye hoy. Al lado del stand en el que Tomás Fadel expone sus ediciones están los exquisitos libros-objeto de “Barba de abejas”, la editorial de Eric Shierloch en la que conviven obras de su autoría y de otros contemporáneos con traducciones de autores de habla inglesa de los siglos XIX y XX.

Fadel es poeta, traductor, editor, ilustrador y encuadernador. Y a su “Fadel &Fadel” la define como “una casa de edición, editorial de textos y plataforma online”. Cuenta que comenzó hace 10 años a editar, que no vive de su editorial, que sólo edita los autores que le gustan y que aunque no vive de su empresa, vende todo lo que edita. Reconoce que el boom de la edición autogestiva arrancó en los años 90, “cuando entró la impresora hogareña”.  “Y la crisis del año 2001 empujó el fenómeno”, reflexiona el artista múltiple.
Los tucumanos de “Minibus ediciones” también defienden la autoedición. “Antes, uno escribía y buscaba un editor. Pero el objetivo del editor no es decir: “borrá esto”,  sino un proceso colectivo. Vimos que había un montón  de autores locales que no estaban haciendo circular su producción, Y empezamos con una inversión chiquita, que fue creciendo de a poco. No tenemos ganancias, porque el objetivo es que eso sirva para publicar un libro nuevo”, afirma Julián Miana, que también es traductor (hay un Bob Dylan en espera), y que en Minibús comparte sociedad con Diego Font, con Joaquín Farizano y con Tomás Elsinger.
Como Fadel, Schierloh también es autor, editor, traductor e   ilustrador. Pero los libros de “Barba de abejas”, con sus tapas duras, sus hojas cosidas a mano y sus delicadas ilustraciones, son la quintaesencia del “libro objeto”. “Podría decirse que hago todo el circuito: me interesa mucho eso de llevar los textos a la acción; y el texto tiene una acción muy importante cuando es intervenido, cuando es ilustrado, cuando es  publicado”, afirma Eric, que define que lo suyo es “una microeditorial artesanal y hogareña de City Bell, Buenos Aires”. Y tan artesanal, que en cinco años editó 5.000 ejemplares hechos a mano, uno por uno, por él mismo.

- ¿Cómo hacer para convertir lo que se supone precario, artesanal, en un apetecible “libro -objeto?
- La precariedad está detrás de todo, pero esa precariedad ya trae algo innato en el hombre:  ver la posibilidad de mejorar,  de decir “ lo puedo hacer mejor”. En un libro están las distintas dimensiones de trabajo que se acumulan para un objeto denso, que se puede apreciar tanto desde lo textual como desde lo objetual. Está la dimensión de los colores, de la pintura, de la ilustración,  pero  también está la notación, el prólogo.

En el catálogo de Fadel y en el de “Barba de abejas”, la traducción pisa fuerte. “Traducir - afirma Schierloh- es la posibilidad de ser generosos al compartir esos textos con otras personas que no leen esa lengua. “Pero, además  -advierte - es un enorme recursos para la subsistencia editorial. Las editoriales que ofrecen obras traducidas salen con una enorme ventaja de supervivencia, que permite, como editorial independiente, colocar los libros más rápido, al tener lectores preexistentes, y así poder captar el interés.  Acá el  tiempo es fundamental, porque los proyectos nacen rápido y se ahogan pronto”.

> Para hoy
En el MUNT (San Martín 1545)  cierra hoy la cuarta edición del Festival Internacional de Literatura de Tucumán (FILT)

16.- Poesía
Augusto Obeso, Valentina Rossi, Sandra Bulacio, Alfonsina Lucas, Dani Díaz

16.30.- Contar el cuento: discusiones sobre la narrativa breve contemporánea: Magalí Etchebarne, Mariano Quirós, Pablo Silva Olazábal, Horacio Paz

17.- Narrativa:
Diego Vargas Lozano, Santiago Garmendia, Natalia Ferro Sardi, Luis Acardi y Miguel García

17.30.- Lado B:
(textos que no pudieron ser publicados o terminados). Jorge Montesino, Carlos Busqued, Cristhian Monti y Mónica Cazón.

18.- Poesía:
Facundo Íñiguez, Sebastián Nofal, Dardo Solórzano, Rogelio Ramos Signes, Silvia Camuña

18.30.-  3x3
(los escritores eligen tres libros favoritos de su biblioteca; tres que desearían tener y tres que nunca tendrían: Pablo Silva Olazábal, Marcela Canelada, Tomás Fadel, Verónica Juliano y Magalí Etchebarne.

19.- Poesía,
con Fernanda Mugica, Alvaro Cormenzana, Javier Foguet, Cecilia Vega, Georgina Grasso y Patricio Schiffito.

19.30,
en el cierre del FILT 2018, conversación con Carlos Busqued, autor de la novela “Bajo este sol tremendo” y de “Magnetizado”:  modera Julián Miana.

Fadel es poeta, traductor, editor, ilustrador y encuadernador. Y a su “Fadel &Fadel” la define como “una casa de edición, editorial de textos y plataforma online”. Cuenta que comenzó hace 10 años a editar, que no vive de su editorial, que sólo edita los autores que le gustan y que aunque no vive de su empresa, vende todo lo que edita. Reconoce que el boom de la edición autogestiva arrancó en los años 90, “cuando entró la impresora hogareña”. “Y la crisis del año 2001 empujó el fenómeno”, reflexiona el artista múltiple.

EL EDITOR -ARTISTA. Eric Schierloh, de Barba de abejas (al fondo) y Tomás Fadel (Fadel&Fadel) reivindican la belleza del libro objeto. Si no podés visitar hoy sus stands en el MUNT, recorré sus catálogos en internet. .

Los tucumanos de “Minibus ediciones” también defienden la autoedición. “Antes, uno escribía y buscaba un editor. Pero el objetivo del editor no es decir: “borrá esto”, sino un proceso colectivo. Vimos que había un montón de autores locales que no estaban haciendo circular su producción, Y empezamos con una inversión chiquita, que fue creciendo de a poco. No tenemos ganancias, porque el objetivo es que eso sirva para publicar un libro nuevo”, afirma Julián Miana, que también es traductor (hay un Bob Dylan en espera), y que en Minibús comparte sociedad con Diego Font, con Joaquín Farizano y con Tomás Elsinger.

Como Fadel, Schierloh también es autor, editor, traductor e ilustrador. Pero los libros de “Barba de abejas”, con sus tapas duras, sus hojas cosidas a mano y sus delicadas ilustraciones, son la quintaesencia del “libro objeto”. “Podría decirse que hago todo el circuito: me interesa mucho eso de llevar los textos a la acción; y el texto tiene una acción muy importante cuando es intervenido, cuando es ilustrado, cuando es publicado”, afirma Eric, que define que lo suyo es “una microeditorial artesanal y hogareña de City Bell, Buenos Aires”. Y tan artesanal, que en cinco años editó 5.000 ejemplares hechos a mano, uno por uno, por él mismo.

- ¿Cómo hacer para convertir lo que se supone precario, artesanal, en un apetecible “libro -objeto?

- La precariedad está detrás de todo, pero esa precariedad ya trae algo innato en el hombre: ver la posibilidad de mejorar, de decir “ lo puedo hacer mejor”. En un libro están las distintas dimensiones de trabajo que se acumulan para un objeto denso, que se puede apreciar tanto desde lo textual como desde lo objetual. Está la dimensión de los colores, de la pintura, de la ilustración, pero también está la notación, el prólogo.

En el catálogo de Fadel y en el de “Barba de abejas”, la traducción pisa fuerte. “Traducir - afirma Schierloh- es la posibilidad de ser generosos al compartir esos textos con otras personas que no leen esa lengua. “Pero, además -advierte - es un enorme recursos para la subsistencia editorial. Las editoriales que ofrecen obras traducidas salen con una enorme ventaja de supervivencia, que permite, como editorial independiente, colocar los libros más rápido, al tener lectores preexistentes, y así poder captar el interés. Acá el tiempo es fundamental, porque los proyectos nacen rápido y se ahogan pronto”.

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