Los talleres como cocina de la escritura

29 Jul 2018
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AIRE LIBRE. Ignacio Jurao, Valentín Monroy, Gabriela Olivé y Priscilla Hill.

La convocatoria inicial era el intento de respuesta a la pregunta acerca de la “literatura sub30 en Tucumán”. Pero los panelistas - Priscilla Hill, Valentín Monroy, Gabriela Olivé y Julián Miana, con Ignacio Jurao como moderador- abrieron la agenda: en ese espacio que se les había asignado en el FILT se colaron también sus experiencias como talleristas (en instituciones estatales o privados) y las percepciones compartidas de que parte de la identidad de la literatura tucumana se vuelca en una profusa producción poética y en los registros sobre la ciudad, sobre cierta cartografía, sobre cierta geografía.

La pregunta acerca de la utilidad - o no - de los talleres literarios derivó en reflexiones alrededor de la creatividad, de la técnica ; y de la escritura como un espacio de comunicación, en casos como los de los talleristas en situación de encierro.

¿Se aprende a ser escritor? Se puede aprender la técnica; se puede aprender a entrenar el oído, la vista y el trabajo de la palabra; pero se trata de respetar el deseo del tallerista, se dijo en la ronda. Hubo, además, algún “no” rotundo a la pregunta por una “literatura sub 30” . “Las etiquetas son falaces”, dijo alguien, y se invitó a leer a dos autores tucumanos que superan esa barrera: Diego Puig, con “Nadar sin luz”, y Blas Rivadeneira, con “Ibatín”. No faltó la apelación a leer sin preconceptos a Hugo Foguet, el autor de “Pretérito Perfecto”, que en los últimos años años ha sido rescatado con justicia por las nuevas generaciones de escritores tucumanos. 


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