Hipocresía

22 Jul 2018
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EJEMPLO. Marc Gasol mostró su rabia. reuters

“Si no tienes trabajo o si has cometido un crimen, eres migrante africano. Si has ganado la Copa del Mundo eres francés”, dijo el sudafricano Trevor Noah, célebre comediante y conductor de TV en Estados Unidos. “Nada puede ser menos verdad”, le respondió enojado Gerard Araud, embajador francés en Washington. Excepto dos de los 23 integrantes del plantel campeón de Rusia 2018, siguió Araud, todos los jugadores “nacieron y estudiaron en Francia”. “Al llamarlos un equipo africano, usted parece estar negando su francesidad”, señaló también el embajador y agregó: “la rica y variada procedencia de estos jugadores es un reflejo de la diversidad de Francia”.

Noah leyó la carta del embajador en su conocido programa (The Daily Show) y se preguntó si, acaso, más que la “diversidad”, la selección campeona de Rusia graficaba la historia de colonialismo de Francia. Se interrogó también si tal vez los 15 campeones de Rusia con ascendencia africana no podían ser “ambas cosas”. Africanos y franceses. Y remató con el caso de Mamoudou Gassama, inmigrante maliense que antes del Mundial trepó cinco pisos para rescatar a un niño en París y que, por su acción, fue recibido por el presidente Emanuel Macron, que le dio ciudadanía y trabajo. “Era africano cuando estaba en el suelo, pasó a ser francés cuando se elevó”, graficó Noah.

A Noah lo acusaron de racismo en las redes sociales. Nacido en 1984 en Johannesburgo, el comediante, crecido en Soweto, sufrió en carne propia el apartheid sudafricano, que tachó de ilegal la unión de sus padres, él suizo y blanco, ella sudafricana y negra y encarcelada. Y golpeada, igual que Trevor, por su segunda pareja, que llegó a dispararle, un caso de violencia que conmovió en Sudáfrica, pues el agresor recibió una condena de apenas tres años de prisión. Su “broma” inicial felicitando a Africa por haber ganado el Mundial reabrió uno de los principales debates que dejó la Copa de la FIFA que concluyó la semana pasada en Moscú. Algo similar le sucedió al político español Juan Carlos Monedero, que tuiteó buscando resaltar la hipocresía europea, porque, si celebra por un lado a “los negros que han ganado el Mundial”, bien podría entonces “salvar a los (negros) que vienen en pateras, aunque sea pensando que alguno seguro” podrá ser “un genio del fútbol”. A Monedero también lo criticaron porque al no decir que son franceses, cuando sí lo son, usó “los mismos argumentos de los racistas”.

Decir que no son franceses -bajo una intención de izquierda- es repetir el argumento de la derecha más rancia. “Tal vez una mayoría de los hijos, nietos, de inmigrantes han decidido pelear por un país que ya es suyo, que nadie, a pesar de todos los intentos, puede quitarles: son Francia y no hay vuelta atrás”, escribió días atrás Marco Teruggi, sociólogo platense nacido en Francia. Teruggi habla de “hijos, nietos, ya bisnietos de inmigrantes, en su mayoría de países que fueron colonizados por Francia. Con marcas de masacres, exclusiones, adjetivos, y con la fuerza de la fundación que trae un proceso inmigratorio masivo”. Y admite que los Kylian Mbappé y Samuel Umtiti “son la excepción”, porque “la regla son los millones que desde hace años y años son detenidos por la policía, desplazados a los bordes geográficos y laborales”, inmigrantes hijos del “hambre, la guerra, la necesidad” y de un sistema “que reproduce la pobreza nacional, internacional, la utiliza cuando le sirve, la descarta cuando no le interesa”.

Sabemos todos que, aún con las mejores intenciones, nunca es bueno eternizar prejuicios. Y que, más que la hipocresía o no europea, el campeón de Rusia 2018 desnuda que, como dijo la activista Helena Maleno, el Mundial fue ganado por “los hijos de quienes se tuvieron que exiliar de su tierra para buscar un futuro digno”. Más que hablar, el basquetbolista español estrella de los Memphis Grizzlies, Marc Gasol, decidió actuar. Se sumó días atrás al rescate de los cadáveres de una madres y su bebé y de otra mujer aún con vida del barco mercante Triades, destruido y abandonado en plena noche por la Guardia Costera libia tras llevarse al resto de ocupantes, en el Mediterráneo central, a 80 millas de la costa de Libia. El propio Gasol tuiteó su “rabia” por la situación y su “admiración profunda para los que estos días son mis compañeros de equipo”. Sus compañeros no eran justamente otros jugadores de la NBA, la mayoría de ellos de vacaciones en sitios lujosos, sino los miembros de la ONG catalana Proactiva Open Arms.

Advertida de la situación, la ONG inició el protocolo de búsqueda, uno de los socorristas se tiró a las aguas llenas de gasolina y sal muy corrosiva y vio que la embarcación tenía dos cadáveres, madre e hijo. Y que otra mujer, Josephine, camerunesa, estaba aguantándose solamente con un brazo a un trozo de madera. Gasol contó que la célebre foto de Aylan Kurdi, un niño sirio muerto en la costa turca en 2015, fue tal vez lo que más lo impulsó. Que tiene dos hijos y quiere ser un ejemplo para ellos y que “todos debemos aportar nuestro grano de arena”. Tras el Mundial, el mundo deportivo debate sobre quién será el nuevo Balón de Oro. Marc Gasol ya ganó el suyo.

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