Unidad Ciudadana, entre picardías y codazos

22 Jul 2018

Las hormonas del peronismo se han alterado por los rostros preocupados que se observan en el oficialismo nacional. Algunos sueñan con la vuelta de la callada Cristina y otros con generar una nueva alternativa desde la disidencia, o desde el sector “racional”, como lo llaman. Mientras, por estos lares Manzur dio otro pasito en la consolidación del proceso interno para repetir la fórmula con Jaldo en 2019, a la vez que otea cómo se perfila el futuro del justicialismo no “K” en el país y el papel que puede llegar a jugar en esa liga superior.

Si el peronismo en general está en estado de éxtasis y movilizado y haciendo apuestas más fuertes con vista al eventual regreso al poder el año próximo, se debe principalmente a que Cambiemos navega entre un presente de realismo crítico y un futuro de optimismo incierto. La oposición lo percibe en el momento más débil y lo observa agazapada, especialmente un grupo que apuesta a que la endeblez y a que los desaciertos de la gestión nacional les termine jugando en favor. Son lo que han circunscripto su poderío territorial en Buenos Aires, de la mano de la ex presidenta. Son los duros, los que desafían incluso a los otros justicialistas, los “K puros”.

Sólo hay que detenerse en lo que se dijo en estos últimos días para descubrir ese panorama. Dujovne reconoció que la inflación es alta; según Peña se vienen más dificultades para el país; Carrió admite falta de transparencia en el oficialismo a causa de los aportantes truchos para la campaña electoral de Vidal, Alfonsín opina que habrá ruptura en algún momento en Cambiemos y Frigerio reconoce errores de gestión y adelanta que habrá menos obras públicas. Pesimistas si los hay.

Sólo Macri se muestra ante el público como el único optimista frente a tanto realismo crítico pintado desde el mismo riñón del Gobierno; el Presidente vaticinó que la inflación bajará 10 puntos en 2019, justo el año de la renovación de autoridades. Si se reduce, para él la reelección.

Frente a este clima adverso y complicado que dibujan los propios oficialistas, un sector del justicialismo se “vampirizó”; vio debilidad en un hilito de sangre y afiló los colmillos. Especialmente los adoradores de la patagónica que por ahora se llamó a un táctico silencio: Cristina. Más calla, más hablan de ella, incluso desde Cambiemos y por una estrategia que les vino dando resultados; la del miedo al pasado, al de la de la corrupción kirchnerista.

Pero es la propia descripción que hace el Gobierno de la situación económica y social la que le brinda aires al peronismo, a todas las ramas en las que hoy está fragmentado. No sin razón se aventura que los compañeros “unidos” podrían ganar los comicios. Dividirlos y alimentar el “cuco” del regreso de la senadora es el arma del macrismo. En el medio, hasta los analistas económicos no observan un buen segundo semestre en el país, lo que alienta aún más las expectativas de los opositores, basados en las supuestas debilidades o desaciertos de gestión de Cambiemos, ya sea por herencia, por errores propios o forzados, o por lo que sea.

El cristinismo es el grupo que más sonríe, y es uno de los que se prepara para dar pelea. De hecho, la ex mandataria mandó a constituir células de Unidad Ciudadana en todo el país, lo que revela que si decide jugar electoralmente el año próximo lo hará, otra vez, por fuera del PJ. Y que buscará negociar con el peronismo ortodoxo una lista opositora fuerte.

En ese marco, su leal escudero, Oscar Parrilli, fue el encargado de telefonear a varios dirigentes kirchneristas de Tucumán para darles indicaciones a los fines de fortalecer ese espacio orgánicamente. Si bien las llamadas fueron pensando en reforzar el núcleo nacional cristinista, los referentes locales están pensando más en organizarse para posicionarse con fuerza propia dentro del oficialismo provincial, lo que en los papeles implica diferencias en los propósitos.

Los locales aspiran a ser más que jugadores de reparto y tener el alcance necesario para sentarse en la mesa junto con Manzur, Jaldo y Alperovich. Frente a ese polo de poder pretenden constituirse como una opción política. En ese sentido han optado por no inmiscuirse en la pelea entre el gobernador y el senador, y hacer la suya. Por ahora eso se refleja en las pintadas que salieron a hacer, apuntando más a la gestión nacional: no al ajuste, no al FMI, basta de mentiras. A partir de mostrarse con planteos nacionales es que quieren consolidarse en la provincia.

De todas maneras, en el grupo hay quienes quieren jugar en la disputa interna del trípode de poder porque hay simpatizantes de uno u otro, pero la opinión mayoritaria es que el tiempo para esas definiciones es para mucho más adelante. Si bien un sector de dirigentes observa con desconfianza al ex gobernador, pues entienden que los quiso perjudicar internamente; la mayoría cree que finalmente la sangre no llegará al río y que terminarán arreglando entre ellos, por lo cual sumarse a la campaña de las “pintadas” lo observan inconveniente.

Bien, se están armando, pero ¿qué se puede decir de Unidad Ciudadana en Tucumán? Como estructura, UC nació orgánicamente en la provincia el 13 de diciembre de 2017, pero su concreción como partido provincial fue el resultado de una picardía política de varios dirigentes peronistas que obraron con astucia y rapidez para quedarse con la sigla. Es una historia digna de contar. Como nombre, UC había aparecido precisamente cuatro meses antes de aquella fecha, en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto de 2017. Fue una de las nueve nóminas de precandidatos a diputados nacionales de la interna del Frente Justicialista por Tucumán: la UC- lista Magenta. Postuló a José Vitar, Ethel Weiss, Hugo Cabral y Pablo Hyon, y fue la segunda boleta en cantidad de votos reunidos -detrás de los 440.000 que había conseguido la “oficialista” encabezada por Osvaldo Jaldo-, obteniendo más de 24.000 sufragios.

En medio de este trámite electoral, los referentes del espacio se enteraron de que dirigentes muy próximos al oficialismo estaban detrás del armado de la expresión kirchnerista-cristinista como partido. Rápidos de reflejos hicieron una solicitud ante la Junta Electoral Provincial para apropiarse del nombre sin demasiados expedientes de por medio. Es así como pidieron cambiar el nombre del partido “Proyecto Colectivo” -que tiene como referente principal a Cabral, el ex Defensor del Pueblo- por el de UC, a los efectos de neutralizar aquella movida. La JEP autorizó la modificación en diciembre. Aquel partido tenía alcance provincial y más de 4.000 afiliados, por lo que trocar de nombre fue -literalmente- un mero “trámite”. Como quien dice, los compañeros les ganaron de mano. Para mayores datos, UC tuvo elecciones internas el 12 de mayo último, las que consagraron como presidente a Sergio Romero, amigo de Cabral, y a Manuel Aráoz como vicepresidente y apoderado.

Aunque el partido tiene sus autoridades, estos permanecen en un respetuoso silencio a la hora de emitir opiniones, ya que los voceros del espacio político son José Alberto Cúneo Vergés, Vitar, Cabral y Jesús Salim, de La Cámpora. Y ya está próximo a sumarse el diputado nacional Marcelo Santillán.

Haberse constituido en partido es un paso significativo en el marco de las nuevas reglas de juego electorales que estableció el Gobierno. Desde el viernes pasado está en vigencia la ley 9.111 -salió publicada en el Boletín Oficial de la Provincia- que sólo deja en pie para los comicios de 2019 a los partidos de alcance provincial; es decir aquellos que reúnan más de 4.000 afiliados. Hasta ahora son casi un centenar, lo que es lo mismo que hablar de 100 posibles acoples, siempre y cuando no se judicialice la reforma y todo quede en la nada.

Unidad Ciudadana puede estar tranquila en ese sentido. Los que aspiren a armar un partido para presentar candidatos para la elección provincial de 2019 tienen hasta el 25 de febrero -si los comicios se hacen el 25 de agosto- para completar los trámites. Es que la norma establece que para presentar postulantes deben tener reconocida la personería jurídica 180 días antes de la fecha de votación.

Ahora bien, he aquí el dilema que se le presenta a los integrantes de UC tucumana: en el plano local pueden ser un acople de la fórmula oficialista que eventualmente encabecen Manzur y Jaldo, y en el plano nacional tal vez deban enfrentar desde la UC de Cristina al peronismo federal de la liga de gobernadores que, posiblemente, integre Manzur. O sea; acoplados en agosto, ¿enfrentados con candidatos a diputados nacionales en octubre? La mejor apuesta del grupo es que finalmente la senadora quiera convertirse en un puntal, sin ser candidata, del armado de un espacio opositor que enfrente y derrote a Macri. Así todos contentos.

Los cristinistas, kirchneristas y camporistas que componen ese espacio entienden que la ex presidenta no será candidata en 2019, y que sólo aspira a fortalecer su expresión política (UC) a partir de consolidar partidos provinciales en todo el país. De hecho, en los próximos días habría un encuentro de dirigentes de UC en Tucumán.

Por ahora, la intención de los “ucé locales” es consolidarse como grupo y convertirse en una expresión política que entre a terciar en la mesa de discusión principal del peronismo. Si bien han centrado su acción en la capital, van a tener que andar a los codazos para abrirse paso en la lucha interna del oficialismo, donde Acción Regional, del monterizo Ruiz Olivares, y Tucumán Innovador, de los “mellizos” Orellana, hacen un aporte electoral importante al Gobierno y ya se han jugado por la dupla Manzur-Jaldo.

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