La fidelidad de Trump a su desmesurado e irreverente estilo

Por Carlos Duguech, columnista invitado.

21 Jul 2018
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Donald Trump

Los juegos de Trump parecen un juego. Ganar siempre, la metas, aunque se equivoque y utilice recursos innobles: por ejemplo mencionar en la conferencia de prensa con Putin a Hillary Clinton -su oponente en las elecciones de 2017- en forma nada amable por cierto. O citar despectivamente al sector de los congresales demócratas de su país. O mencionar, nada menos que ante Putin, que logró ganar las elecciones sin trampa alguna.

Trump no es garantía alguna de que la paz no será perturbada allí donde todavía es un valor activo. Más que presidente de un país potente en lo económico y en lo militar y ahora no tanto en lo político, parece gerente de relaciones comerciales de los fabricantes de armamentos. La palabra desarme le debe resultar antipática en tanto implica reducción de gastos para la empresa bélica. Y de esto se queja de Europa que disminuye sus gastos de defensa. Ya en campaña electoral se manifestó frontalmente envidiando a Rusia por su incrementada y modernizada capacidad nuclear. Y ahora, tras la cumbre en Helsinki se regodea porque supone podrá mantener con su devenido “socio” Putin una relación amable, perfeccionando y aumentando los arsenales nucleares.

Poco le importa el tratado con Irán, nada menos que por parte de los cinco del Consejo de Seguridad (EEUU, Rusia; Gran Bretaña, China y Francia) más Alemania y da el portazo. El mismo portazo con la cuestión climática. La peligrosa soberbia de un presidente que arrastra a su país (y con el sorprendente apoyo de una buena parte del electorado de EEUU) a un aislamiento que se pagará muy caro en algún momento no lejano. Un momento en el que la Humanidad será presa de conflictos de toda especie, desatados por la impericia, el narcisismo y la prepotencia de un hombre que deshonra semejante responsabilidad como la de ser el ocupante de la Casa Blanca en Washington.

Elecciones y los rusos

El colmo en la conferencia de prensa: fue cuando deslizó un desprecio por las investigaciones e imputaciones hechas por la fiscalía de EEUU a un conjunto de personal diplomático ruso relacionadas con las elecciones que le dieron la victoria a Trump.

Expresó poco menos que Putin dice la verdad (que es como decir que sus expertos de inteligencia inventaban o mienten).

Demasiado para una conferencia de prensa de una hora en Helsinki. 30 minutos más y le proponía a Putin asociarse en una escalada (de cualquier tipo y peligrosidad imaginables) en contra de la OTAN. Sí, aunque parezca traído de los pelos.

Las dos cumbres

Y una observación. Tal vez explique por qué causó tanto revuelo en los Estados Unidos, entre los demócratas y hasta en un sector de su partido republicano. El bautismo con el agua bendita de elogios y exculpaciones que vertió sobre Putin en una cumbre poco promocionada en comparación con la realizada con el presidente norcoreano. Recuérdese todo lo que se dijo antes y durante la cumbre en Singapur con el líder norcoreano Kim Jong-un. Esa era una cumbre con minúscula y ésta, con Putin, debió ser una con mayúsculas. Nada menos de EEUU-Rusia. El plato fuerte de la política internacional y el punto cero de todo comienzo.

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