Que la vuelta a clases no sea una pesadilla

Transcurren los últimos días de las vacaciones de invierno y muchos chicos ya sienten la angustia que les causa saber que dentro de poco tendrán que volver a clases ¿Cómo se los puede ayudar para que esta experiencia sea menos traumática? Acá, algunas ideas.

19 Jul 2018
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REGRESO A CLASES. Se terminan las vacaciones de invierno y volver a las aulas es todo un tema. LA GACETA/ ARCHIVO

Quedan cuatro días para que la rutina de las clases regrese: los chicos se tendrán que levantar temprano (o tarde y salir a las apuradas), ponerse lo mismo cada día (el uniforme), comer en horarios más estrictos y atravesar la ciudad para volver a las aulas y encarar el segundo semestre del año. Pero aunque las tareas que les encomendaron a muchos fueron tan sencillas como descansar, mirar una película en familia o reírse hasta que les duelan los cachetes, es posible que algunos chicos experimenten síntomas físicos o emocionales ante este nuevo período de clases. Hay formas de enfrentarlo, dicen padres y profesionales. Las charlas, los juegos y el apoyo docente son herramientas útiles y necesarias.

Con cuatro chicos de edades muy diferentes, la vuelta a clases es difícil en la casa de Viviana Olivera. Entonces, lo que hace es estimularlos de maneras distintas: a los del secundario, que ya se manejan solos, les hace ver que queda una segunda mitad del año aún mejor, porque tendrán actividades como la tan anhelada semana del colegio o el viaje de egresados. Entonces -resalta- el esfuerzo de ir a clases será, de alguna manera, recompensado. En el caso de su otro hijo, que está en primaria, la primera semana de vacaciones descansó, pero en esta segunda semana está repasando los contenidos curriculares y le renovará lo que necesite de la cartuchera. “También tiene un viaje en octubre, así que lo estimulo con eso”, agrega. Por último, con la nena que está en jardín habla mucho: “le digo que ya pronto volverá a ver a sus amiguitas y visitamos librerías para leer y acercamos a la rutina del cole”.

Lo que le toca por estos días a Pablo Filippini, papá de Matías, que tiene 13 años y va a segundo año, es ocuparse de ayudar a su hijo a completar las carpetas que quedaron pendientes. “Con Claudia (la mamá de Matías) hemos acordado que tiene que arrancar las clases con las carpetas completas. Para eso hay que buscar qué compañeros le pueden prestar las de ellos para que él copie. Así que estoy disponible para acompañarlo y ayudarlo a que termine con esa tarea. En cuanto a uniforme o útiles, ya tiene todo desde comienzo de año. Ahora sólo nos preocupa que estudie”, resume.

Y hablando de adolescentes, Miguel, que tiene dos hijos en la universidad y una hija de 14 en el secundario, añade que la organización le parece más difícil cuando hay una adolescente mujer de por medio. Es que desde que enviudó -hace tres años y medio- se tiene que ocupar no sólo de que refuerce lo aprendido con una maestra particular (“empezó el martes”), sino también -por ejemplo- ver que se despinte las uñas, prepararle el uniforme, entre otras cosas que antes no tenía previsto. “La primera semana descansó. Pero esta semana ya empezamos con el ritmo en vistas al inicio de clases. Lo bueno es que no se bajonea. Los chicos de ahora se entretienen en el colegio. No es como era para nosotros: una obligación”, asevera Miguel, que tiene 57 años.

Vuelta a la rutina

Armar un calendario en el que los chicos puedan ver en concreto el paso del tiempo durante las vacaciones, servirá para su organización mental, explica la psicóloga Natalia Gerez. “De esa manera verán cuánto falta para volver a clases y las actividades que tendrán los días que quedan. No los sorprenderá el regreso”, añade.

Otras de las recomendaciones son: volver de a poco a la rutina del sueño los días previos (acostarse más temprano, por ejemplo) les restará estrés; al hacer juntos la mochila se puede aprovechar para ver las distintas carpetas y elogiar sus logros; eso los animará. También se les puede contar que todos volverán a sus actividades y que si se quedan en casa se aburrirán; hay que recalcar las cosas positivas del colegio, como que volverán a jugar con sus compañeros, que aprenderán cosas nuevas, que tendrán cumpleaños; hacer un repaso mental de lo que hicieron en las vacaciones les ayudará a entender que esas ocupaciones en familia se pueden repetir en el próximo receso; y los juegos de roles (jugar a que el papá es el maestro y el niño es el alumno, o al revés) permitirá conocer sus miedos y ansiedades y de esa manera tratar de revertirlo contando las cosas buenas de la vuelta a clases.

“Ahora -finaliza la psicóloga- la mayoría de los maestros no dan tarea porque consideran que es necesario que el niño descanse, se relaje, disfrute este período que es corto. Entonces, lo mejor es dejar volar su imaginación”.

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