“Necesitamos superhéroes porque nos falta justicia”

Lammoglia, Gómez y Núñez, tres especialistas locales de las historietas, proponen pensar el Derecho desde la perspectiva de los superhéroes y, por supuesto, de los villanos. Una manifestación de esa búsqueda es La Justina, la heroína tucumana que en su debut libera a Tafí Viejo de las crueldades de El Uturunco.

15 Jul 2018

El mundillo del cómic explota la tensión entre el bien y el mal que existe en la realidad: fantasea y construye historias con situaciones propias de la experiencia humana. Esa conexión explica, según los especialistas Diego Lammoglia, Pedro Arturo Gómez y Alfredo Núñez, por qué las historietas tienen tantos adeptos y son una fuente inagotable de significados. En una mesa de café de una librería, ellos afirman que las viñetas sirven para entender y enseñar los alcances de la inequidad, y coinciden: “necesitamos superhéroes porque nos falta justicia”. Esa demanda insatisfecha incluso llevó a Lammoglia y a Núñez a crear La Justina, un cómic protagonizado por una heroína que restablece el orden justo en Tafí Viejo con la ayuda del perro Chanfain, de una espada y de una balanza.

La Justina ya hizo su entrada triunfal en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán. Sucedió el miércoles pasado, en una mesa panel denominada “Derecho y Cómics. Vol. 2” en la que participaron sus creadores, Gómez, Sebastián Aguilera e Ilde Diez, además de integrantes de la Legión 501, organización de admiradores de la saga de Star Wars -la filial tucumana se denomina “Dark Side Warriors”-. Como no podía ser de otra manera tratándose de superhéroes, el acontecimiento tuvo fines benéficos: recaudó ropa y juguetes para niños de 3 a 12 años (en la distribución de la colecta intervino el voluntariado “Dibujando Sonrisas”). Pero el mayor logro de esta forma lúdica y novedosa de transmitir el conocimiento fue el haber reunido a un público entusiasta y participativo, que en plenas vacaciones se entregó al análisis de nociones jurídicas antiguas y de transgresiones contemporáneas.

“Estamos anestesiados”, dice el abogado Lammoglia, que usa los cómics en sus clases de Derecho Penal II para “despertar” a los alumnos y transmitirles conceptos que no pueden olvidar. Entre ellos, que el Derecho Penal no sirve para castigar sino para limitar el poder del que castiga porque, de lo contrario, puede haber venganza y abusos, y, por ende, más violencia, y no precisamente justicia.

“Todo gran poder implica una gran responsabilidad: las historietas lo demuestran. Como los ciudadanos carecemos de superpoderes, tenemos representantes y nuestra responsabilidad radica en saber elegirlos y, luego, en controlar su desempeño”, agrega el investigador y profesor universitario Gómez. Promotor de la obra del ilustrador estadounidense Alex Ross, Gómez pronuncia una palabra clave: desmesura. Es que el caos acecha en los cómics y los propios personajes son desmesurados. Este resulta ser el destino perturbador de las sociedades con instituciones fallidas o extraviadas, que se convierten en caricaturas de sí mismas y comienzan a parecerse a la Ciudad Gótica de Batman.

La pena de Frankenstein

Fascinado con las múltiples lecturas que disparan las viñetas, “Frido” Núñez, artista plástico y autor de una simpática versión de la niña del bosque rebautizada “Caperucita Legal”, repara en la dimensión personal de la justicia. “Después de sufrir la pérdida de su madre, Víctor Frankenstein quiere hacer que desaparezca la muerte para que sus afectos vivan para siempre. Entonces, crea a su monstruo, que padece una enorme soledad. Cuando se encuentra con su padre, Frankenstein le pide justicia: que le dé una compañera que sea como él y que no lo odie al igual que el resto de los mortales. Pero, como no le conceden ese deseo, se venga y mata a la novia de Víctor”, relata. Taficeño orgulloso, Núñez analiza que el concepto de lo que es justo depende del lugar de donde se lo mire. Un crimen puede encontrar una explicación, si no una justificación, en otro crimen. “Yo puedo comprender a Frankenstein”, dice.

En las antípodas del monstruo abandonado y repugnante está el Capitán América. Lammoglia lo describe como un demócrata que cree en la república y se vuelca al bien común. Ataviado con la bandera estadounidense, este “soldado de la libertad” se pasa la “vida” buscando un sucesor: quiere expandir su causa justa, además de hacer actos heroicos. “El personaje trabaja con la idea de que todos podemos ser héroes, sólo que algunos no lo sabemos”, explica el abogado penalista.

Así como Gómez está seguro de que el cómic es literatura dibujada, Lammoglia considera, como el jurista Carlos Nino, que el Derecho está en todas partes, desde luego en el arte y la expresión literaria. Núñez agrega que la ventaja del humor gráfico es su lenguaje universal y fácilmente comprensible para todas las edades, que puede plantear temas muy profundos sin perder la virtud de la sencillez. Y crear villanos tan atractivos y seductores como Lex Luthor, uno de los enemigos más peligrosos de Superman, que con sus iniquidades potencia el deseo de que prevalezca el bien.

“Como recibimos dosis tan pequeñas de justicia humana, los héroes vienen a darnos un suplemento”, analiza Gómez. Esa es la misión de La Justina, que en su debut pelea contra El Uturunco (ver facebook.com/lajustinacomic). La criatura de Núñez y Lammoglia tiene los ojos vendados porque al momento de juzgar debe ser imparcial, pero puede “ver” por medio de su balanza. “Es como un test de culpa: cuando le pego a alguien con ella siento si es culpable o no”, expone la heroína tucumana que, según la descripción oficial, es “petisa, ‘gambuda’ y malhablada”. La Justina tiene ansias de verdad, pero también desazón e incertidumbres y, por ello, busca alivio en otro prócer autóctono, Juan Bautista Alberdi, que funciona como un faro. Es otra justicia posible, poética y literaria, para una tierra herida por la hermana descarriada de La Justina: La Impunidad.


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