La volatilidad expone al cambio de humor constante de la economía

15 Jul 2018

El dólar le dio una semana de respiro al equipo económico del presidente Mauricio Macri. Por fin, ya no hubo que mirar tanto las pizarras de las casas de cambio. Más alejados del mejor clima externo reciente, los activos domésticos no logran volver a despertar apetito entre los inversores, luego del rebote desde los mínimos de la semana pasada, ya que prefieren inclinarse por la prudencia a la espera de otro supermartes en las Lebac, donde el Banco Central buscará amortiguar la liberación de fondos -incluso a través de otra ronda de suba de encajes- y de las tasas del 50% que exhibe el mercado secundario, analizó el economista Gustavo Ber. Sin embargo, las Lebac marcarán el ritmo de la que arranca, como también el dato de inflación para junio que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundirá el próximo martes. El reporte es esperado en medio de las expectativas por la reapertura de las paritarias, ya que -de corroborarse que el Índice de Precios al Consumidor superará el 3% para el mes pasado- se habrá cumplido en un semestre la pauta que, en 2017, había fijado el gobierno para todo este año.

La corrida cambiaria no está dominada; ergo no se puede asegurar que es cosa del pasado y ya se terminó. A su vez, tampoco se puede decir que la economía ya ha tocado su piso y lo peor “ya pasó”. Por el contrario, no se puede descartar que vuelva a haber nuevos rounds de corrida cambiaria y presiones sobre el dólar, indica un reporte elaborado por Economía & Regiones (E&R). En este marco, las consecuencias negativas de la corrida cambiaria continuarían a la “orden del día”. En la esfera monetaria y financiera, el dólar probablemente prosiga encareciéndose en términos nominales. O sea, habría que descartar ingreso de capitales y baja nominal del tipo de cambio. Paralelamente, la inflación mantendrá tendencia alcista durante los próximos meses. La inflación debería ganarle al dólar en el promedio de la segunda mitad del año, ya que la actual devaluación es récord y el tipo de cambio real es el más sobre depreciado de los últimos años. erosionando la competitividad vía precio, puntualiza la consultora.

A eso se suma la retracción de la actividad económica observada con el informe de mayo. Tradicionalmente, las devaluaciones en la Argentina han estado asociadas a traumáticos procesos recesivos, debido a la caída del consumo y la inversión, sin que las exportaciones hayan reaccionado lo suficiente, en buena medida porque las mejoras de tipo de cambio real han sido poco duraderas. Si este fuera el escenario de 2018, entonces la retomada del nivel de actividad sería un objetivo lejano. El riesgo existe, y no puede ser ignorado, indica el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral). Sin embargo, si esta crisis se encamina hacia un cambio persistente de precios relativos, habrán de aparecer vectores que permitirán una recuperación no tan distante en el tiempo. Aunque el consumo está sufriendo una caída, los indicadores de producción no necesariamente tienen que mermar en igual proporción, porque habría más salida por el lado de las exportaciones o por la sustitución temporal de importaciones. Además, una inflación finalmente bajo control le pondría un piso al deterioro de la demanda interna. En realidad, el fiel de la balanza está en la dinámica de las inversiones, hoy frenadas por las turbulencias, pero con capacidad de reaccionar en la medida en que baje el riesgo país y que el nuevo set de precios relativos se consolide, considera el instituto de la Fundación Mediterránea.

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