Cartas de lectores

12 Jul 2018
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Dos miradas sobre el desfile

Es increíble pensar que, a pesar de los grandes cambios científicos y culturales que venimos transitando, haya quienes sigan sosteniendo la existencia de una cultura universal, contrapuesta a subculturas que hay que despreciar. Lo que es peor aún, es que hay quienes sienten que tienen el poder de determinar qué es lo culto y qué no lo es. Las manifestaciones culturales no están solamente encerradas en las paredes de los museos, sino también en los quehaceres diarios de toda la sociedad. En Tucumán, los desfiles tienen una larga tradición, representan una serie de valores y símbolos identitarios, que muestran las distintas expresiones populares. En los desfiles se dan cita familias enteras para integrarlos o para disfrutar de un espectáculo en el que se sienten expresados: niños, mujeres, jóvenes, ancianos y donde la diversidad de género también está presente para ocupar un lugar en el mundo, que jamás debió habérsele negado. Hay miradas pequeñas de quienes se mofan de lo diferente y que, a pesar de ser conductores de medios masivos de comunicación, muestran un grado altísimo de ignorancia e incomprensión hacia lo “otro”. La ignorancia no está relacionada solamente con el grado de alfabetización de una persona, sino con la falta de sensibilidad para ver al otro y para respetar sus valores. Por cierto, me estoy refiriendo a un programa televisivo, cuyo conductor y panelistas se burlaron del desfile tucumano y que, en realidad, se estaban burlando de una fiesta popular. Fiesta que es, al mismo tiempo, profundamente educativa porque refleja a los protagonistas de formas culturales diversas, cada una con sus propios valores, que debemos respetar para no reinstalar nuevamente la disyuntiva entre “civilización y barbarie” o entre “unitarios y federales”.

Susana Maidana

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Tv de irrespetuosos

Me dirijo al señor Mariano Iúdica, a la señora Virginia Gallardo y a los panelistas del programa televisivo de América, en mi carácter de ciudadano tucumano, para repudiar tremendamente el grave grado de discriminación que usaron ustedes, en tono de burla total, hacia nuestra provincia el pasado 9 de julio durante los actos del Día de la Independencia. No es la primera vez que esto sucede y, como siempre, originario de un grupo de “cabecitas negras” porteños, haciéndose superiores ante los hermanos del interior. Le aclaro que todo lo que se hizo se lo realizó de corazón, sin pomposidad ni glamour, menos riéndose de la gente. Como ustedes consiguen rating a través de sus impresentables programas, aquí desfilaron ex combatientes de Malvinas, un grupo de donantes de órganos que ellos mismos fueron trasplantados. También desfilaron médicos famosos, que salvaron muchas vidas, policías y muchos más que llevan los colores de la azul y blanca en sus venas, porque somos argentinos y no gente de mala onda, como lo son ustedes. ¡Dios mío, resucitá, Minguito!

Daniel Francisco Leccese

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Minería y ambiente

He leído en LA GACETA literaria (08/07) la opinión de Ricardo Grau, Director del Instituto de Ecología Regional (Conicet-UNT), sobre que “la megaminería tiene controles y estándares más altos que la minería de pequeña escala”. No comparto las afirmaciones del señor Grau por los siguientes motivos: 1.- Parecen provenir de un vocero de la corporación minera y no de un investigador científico que busca la verdad. 2.- Hoy se acepta universalmente que las exploraciones y explotaciones mineras, además de contribuir al progreso, presentan dificultades que sólo serán superadas si se toma conciencia de los riesgos, se trabaja de modo multidisciplinario y con la sociedad (los vecinos), para lograr el menor daño posible al medio ambiente y a los ecosistemas. 3.- La minería, como cualquier otra actividad que se realice en un ambiente natural, produce impactos negativos y el desafío es eliminarlos, reducirlos o controlarlos. Por ello, es indispensable la presencia y control del Estado, el que debe velar por: a) La seguridad y la salud de las personas, b) La distribución justa de los beneficios, c) La protección del ambiente y de los ecosistemas, d) La sustentabilidad de los recursos. 4.- Las comunidades residentes donde se desarrolla la actividad tienen derecho a oponerse a la minería, pero este derecho debe ser ejercido con pleno conocimiento de los riesgos, de los impactos y de los beneficios que obtendría la región de donde son extraídos los recursos. Es esencial el rol del Estado como regulador y controlador de la industria minera. En mi opinión, las provincias del NOA, Catamarca, Tucumán y la UNT, no pueden hacerlo con eficacia, eficiencia y transparencia, por diversos motivos: por ejemplo, en el caso de La Alumbrera son socias. Ha llegado el momento de acordar cuál es el mejor lugar, la mejor tecnología, los controles necesarios y la manera óptima de desarrollar la minería sin comprometer: la seguridad, la salud, los ecosistemas y la supervivencia de las poblaciones. La minería es compleja, lo que requiere trabajar en equipo. Lo peor que se puede hacer es dejarla únicamente en manos de geólogos, empresarios y científicos carentes de objetividad.

Juan Francisco Segura

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Sociedades enfermas

Posiblemente no haya una sola causa que enferme a una sociedad. La nuestra está o debería estar en terapia intensiva. Veamos: padecemos, desde el año 1955, y más recientemente desde el ‘76, las consecuencias de las siniestras revoluciones cívicomilitares que se llevaron 30.000 vidas, con bombardeos a la Plaza de Mayo, etcétera. Padecemos un trastorno de ansiedad con tensión motora, fatiga, inquietud, sobresaltos, miedos y reducción del desempeño laboral y social como consecuencia de la inseguridad. Esta nos genera pánico, ansiedad, irritabilidad, dolores, mareos, trastornos digestivos. El miedo domina nuestras vidas generando pensamientos sin sentido, desagradables, en guardia las 24 hs, pensando que el peligro está cerca nuestro. A los ataques de pánico se suman: depresión mayor, con agorafobia y otras obsesiones o compulsiones que alteran la calidad de vida. Si, además, fuimos asaltados con violencia física, sufriremos alteraciones del sueño, pesadillas acerca del trauma, aumento de la irritabilidad o un estado de hipervigilancia. Lo fatal es que no podemos confiar en la capacidad o eficacia de la justicia y de la policía. La policía aconseja: “Si lo asaltan, no se resista, entregue todo a los delincuentes y venga a hacer la denuncia. “Aun así, sin resistencia, puede que le disparen a quemarropa y se lleven además su vida, o, caso contrario puede quedar con trastorno de pánico. Ya ve, al no darnos soluciones, sólo nos queda la legítima defensa, pero ¿vio lo que le pasó al médico que mató a un asaltante? Una fiscal le imputa muerte con alevosía y puede ir preso por 25 años. Nuestra sociedad está psiquiátricamente enferma. Nos caben todos los conceptos sobre: 1) Ansiedad generalizada, 2) Trastorno obsesivo-compulsivo, 3) Trastorno por estrés postraumático, 4) Trastorno de pánico, 5) Trastorno depresivo, 6) Psicosis, 7) Paranoia y un poco de esquizofrenia, 8) Egotismo. En fin, consultar a un psiquiatra, o a muchos psiquiatras. Pero, ¿ellos podrán frenar la inflación, la locura de los precios, los desatinos del gobierno que nos dice que la deuda externa no debe ser tenida en cuenta, que este plan de Macri con el FMI es para ¿20 años? ¿O para 100? Bueno, lo mismo decía Onganía, y ¿cómo nos fue? Está a la vista. ¿Y los delincuentes? ¿Y los precios? Bien, gracias.

Federico Vázquez

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