Del “Burgergate” al liderazgo

Admirador de Riquelme y rebelde en su juventud, Eden Hazard quiere levantar la Copa del Mundo y terminar con el largo reinado de Ronaldo y Messi.

09 Jul 2018
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RIQUELME, SU ESPEJO. “Juan Román, gracias por todo”, fue el mensaje de Hazard cuando el argentino anunció su retiro. reuters

De Tomás Rudich, DPA.-

Cuando sucedió el “Burgergate”, Eden Hazard tenía 20 años y era un talento que estaba dando sus primeros pasos en Lille y en la selección de Bélgica. El 3 de junio de 2011, el combinado belga se medía ante su par de Turquía en un partido de la clasificación a la Eurocopa. El entonces director técnico, Georges Leekens, lo remplazó a los 60 minutos del partido y el joven futbolista se volvió loco. Salió del campo sin saludar al DT y enfiló derecho al túnel. No sólo eso: se retiró del estadio y, con el partido aún en desarrollo, se lo vio comiendo en una popular cadena de hamburguesas en Bruselas, junto a su familia. Ese acto de indisciplina se convirtió en un escándalo en la prensa y Leekens sancionó al futbolista por dos partidos.

El episodio podría haber echado por la borda su prometedora carrera. Pero el actual jugador de Chelsea se recuperó, maduró y dentro de una semana podría ser el hombre que esté alzando el trofeo más codiciado del fútbol.

Sin “Euro” y sin Mundial

Aquellos eran tiempos complicados en el fútbol belga. La selección, finalmente, no se clasificó para la Eurocopa de 2012. Tampoco lo había hecho para el Mundial de Sudáfrica 2010. Ocho años después, la realidad no podría ser más diferente para Hazard y para la selección de Bélgica. El equipo está en las semifinales del Mundial después de haber dado el golpe ante Brasil y Hazard, con 27 años, porta la cinta de capitán.

La “generación dorada” liderada por él intentará mañana seguir haciendo historia cuando se enfrente a Francia. “Esto no terminó: seguimos soñando”, había avisado Hazard luego de tumbar a la selección pentacampeona.

Hazard siempre fue puro talento, explosión y vértigo en la cancha. Pero en Rusia está mostrando, además, otros atributos. “Es un capitán genial, un líder del grupo. Es un jugador que siempre es él mismo y me encanta ese temperamento. Da igual el momento o el partido, siempre está pidiendo la pelota. Ahora está al máximo nivel”, elogió Roberto Martínez, el entrenador de los “diablos rojos”.

En Rusia, Hazard está siendo una de las figuras de Bélgica y del Mundial. Lleva dos goles y dos asistencias, Junto a Kevin de Bruyne y Romelu Lukaku forma un trío temible. En un torneo en el que ya se despidieron sin pena ni gloria Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar, el futbolista de Chelsea es uno de los aspirantes a ser el mejor jugador de la Copa del Mundo. Mientras tanto, su nombre suena cada vez con más insistencia en Real Madrid.

El Mundial está siendo el pico de una carrera en la selección que para Hazard tuvo sus altibajos. Antes del “Burgergate”, había debutado en el seleccionado en 2008, con apenas 17 años, cuando también era cortejado por Francia. En este país había desarrollado sus primeros pasos futbolísticos: un cazador de talentos de Lille lo había visto jugar de muy pequeño en AFC Tubize, de Bélgica, y se lo llevó para el club francés.

Pero el primer gran torneo de selecciones para Hazard fue el Mundial de Brasil 2014, donde Bélgica quedó eliminada en cuartos de final, ante Argentina. En la Eurocopa de Francia 2016, los “diablos rojos” se despidieron en la misma instancia, ante Gales.

De mínima, como en 1986

Ahora, su nombre ya está por lo menos a la misma altura del de la generación belga que alcanzó las semifinales en México 1986. Y también el de su hermano Thorgan Hazard (25 años), volante de Borussia Mönchengladbach, que también integra el plantel de Bélgica en Rusia.

Pocas familias hay más futboleras que la de los Hazard. Los cuatro hermanos se dedican a ese deporte. Kylian (22 años) juega en el Sub 23 de Chelsea y Ethan, todavía adolescente, está dando sus primeros pasos en Tubize. Además, sus padres Thierry y Carine Hazard fueron jugadores semiprofesionales en su momento. La joya, sin embargo, se llama Eden y afronta una semana en la que el mundo podría acabar a sus pies.

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