Hay que hablar a pesar de la resistencia

08 Jul 2018
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LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

La Liturgia de la Palabra de hoy nos recuerda los dos grandes obstáculos a superar al dar a conocer a Jesucristo: la incredulidad y la propia debilidad. “Te envío para que les digas: Esto dice el Señor... te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”, Y en la segunda lectura continúa San Pablo su labor evangelizadora sobreponiéndose a su debilidad y apoyado en la gracia de Dios.

También el Señor al comienzo de su ministerio público encontró una gran resistencia para que aceptaran su mensaje. Los prejuicios pudieron más que la evidencia: “¿No es este el carpintero, el hijo de María...? Y desconfiaban de él”. También hoy se mira con desconfianza a Jesucristo, a su Iglesia y a sus enseñanzas. Esta reserva inicial que es una dura prueba para nuestra fe, no debe ni retraernos de seguir difundiéndola entre nuestros familiares y amigos ni acomodarla para hacerla más atractiva a una mentalidad permisiva. “¿Cómo callar -dice Juan Pablo II- ante la indiferencia religiosa que lleva a muchos hombres de hoy a vivir como si Dios no existiera o a conformarse con una religión vaga, incapaz de enfrentarse con el problema de la verdad y con el deber de la coherencia?”.

La cruda realidad de una ley del aborto en Argentina nos interpela a no colaborar con nuestros silencios a la cultura de la muerte. Debemos trabajar incansablemente en señalar proféticamente que la vida no puede ser negociable con intereses humanos y políticos. La llamada profética del Señor en el libro de Ezequiel nos anima y al mismo tiempo nos obliga a no tener miedo. Hay que hablar de la vida como don de Dios y no podemos quedarnos callados.

Debemos pedir al Señor que nos ayude a sobreponernos a la tentación del desaliento al detectar las resistencias o la débil respuesta que la verdad de Jesucristo encuentra tanto en nosotros mismos como en quienes nos rodean. La verdad tiene un enorme poder de convocatoria. Ella se abre paso por sí sola en la cabeza y el corazón de quienes la buscan sinceramente. Tomemos ejemplo del Señor en Nazaret donde sus paisanos le miran con desconfianza, como acabamos de oír en el Evangelio de la misa de hoy, o en aquella entrevista con Pilato donde parece derrotado y frente a un mandatario escéptico: “Yo para esto he nacido y para eso vine al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37).

No nos dejemos impresionar por los obstáculos que encontremos en el camino. El futuro es de los que no se desaniman y continúan difundiendo entre sus iguales la doctrina salvadora de Cristo. Habrá dificultades, incomprensiones y hasta rechazos violentos, pero el éxito final está asegurado. “En el mundo tendréis tribulación; pero confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). Si aplicamos esto en el campo de la vida, debemos procurar que la ley no salga y si sale deberemos trabajar mucho más en que ese falso derecho de la muerte sea contrastado con una cultura que valore y respete la vida.

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