Odisea del primer astronauta checo

Un repaso vital en medio del espacio

08 Jul 2018

NOVELA

EL ASTRONAUTA DE BOHEMIA

JAROSLAV KALFAR

(Tusquets – Buenos Aires) 

El color del cielo ha cambiado. Desde todos los puntos del planeta, al mirar hacia arriba se percibe como si una mancha de luz violeta hubiera desteñido la noche. Hacia esa nube amenazante se dirige Jakub Procházka, el primer astronauta checo, en abril de 2018. A medida que se acerca a Venus y a la “nube Chopra”, se hacen inelubibles para él las presencias del pasado, los retazos de su vida que ya le parecen lejanos y ajenos. El supuesto vacío del espacio se comienza a poblar de imágenes pretéritas. Como en secuencias que se funden lentamente, Jakub habla sobre la Revolución de terciopelo, la pérdida de sus padres y la vida con sus abuelos, las marcas que la historia política y religiosa han dejado sobre la memoria de su pueblo. Por eso, tal vez, se sienta convertido en un cometa, en uno de esos “recolectores de la basura del universo, vagabundos infatigables que empujan sus carritos de porquería intergaláctica por los siglos de los siglos”. En la distancia, que la nave acrecienta constantemente, puede ver con más claridad un hecho clave: su padre era un torturador al servicio del régimen comunista y uno de sus torturados regresa para enfrentar a Jakub.

La misión científica se ve convertida en un reality show espacial. Las cámaras registran cada uno de sus movimientos, debe ajustar su rostro a las exigencias de la pantalla, someterse a entrevistas y a las conversaciones vigiladas con Lenka, su pareja, parte de un historia de amor que Jakub evoca, revive y presiente interrumpida para siempre. Pero a las cámaras se les escapa el diálogo invisible con una voz, alucinación o ser imaginario convertido en un horrible insecto que comienza a habitar la nave con él.

Su nombre resuena en todos los medios de República Checa, pero Jakub se pregunta sobre si le importa que, un hombre casi convertido en un astronauta fantasma, regrese a la tierra. Acaso, los que no mueren son los que sobreviven en el silencio anónimo. Tal vez, luego de vivir el vacío, no existen los regresos.

© LA GACETA

MÁXIMO HERNÁN MENA

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