Menos arrugas e hipertensión: por qué hay que besarse más

Se cree que los besos vienen desde la prehistoria, y nos traen múltiples beneficios.

07 Jul 2018
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EL BESO. Escultura de mármol del artista francés Auguste Rodin.

ULRIKE VON LESZCZYNSKI

AGENCIA DPA

¿Ya has recibido hoy un beso? Si es así, entonces, todo bien, pues quien da pocos besos no solo termina con más arrugas, sino que además a menudo está de mal humor. Y en el amor los besos son indispensables, para algunos expertos, inclusive más que el sexo.

“Cuando una pareja deja de besarse, internamente ya se está separando”, afirma el psicólogo y escritor Wolfgang Krüger, en ocasión del Día Internacional del Beso, que se celebró ayer.

Tampoco se puede olvidar la química: las ganas de besar se deben a las hormonas. Los seres humanos se besan, probablemente, desde la prehistoria. Aunque el comienzo en la historia de la evolución suena poco romántico. Se supone que los besos servían sobre todo para pasar la comida ya masticada a los niños pequeños. Con el desarrollo de la cocina, esta función desapareció.

“Pero el beso como una forma muy íntima de encuentro permaneció”, dice el investigador Krüger.

La primera mención escrita del beso se encuentra en los Vedas indios, una colección de textos religiosos de 3.500 años de antigüedad, explica. “Por eso se data en esta época el beso como acto sociocultural consciente”, indica.

En el arte

La fascinación por los besos ha acompañado al ser humano a lo largo del tiempo. En el “Cantar de los Cantares” de La Biblia, Salomón invita apasionadamente a besuquearse y el poeta romano Ovidio describe los besos como su “Ars amatoria”.

Escultores como Auguste Rodin, pintores como Gustav Klimt, escritores, poetas y directores de cine siempre obtuvieron reconocimiento por sus obras en torno de este tema. Y para el beso casi cada idioma tiene su propia palabra, desde el albanés “puthje” hasta el vietnamita “danh to”.

¿El placer de besar les está reservado sólo a los humanos? “Hay monos e incluso peces que se besan”, asegura Krüger. Aunque los científicos no están seguros de si se trata de un ritual amoroso o sirve para alimentarse mutuamente.

Exactamente 58 horas, 35 minutos y 58 segundos fue lo que duró el beso más largo de la historia, según el “Libro Guinness de los récords”. La protagonista fue una pareja tailandesa.

Química y salud

En las últimas décadas los científicos analizaron la base química de los besos en el cuerpo. Según un estudio, las ganas de besar se deben a la actuación de una multitud de hormonas y además del efecto placentero, al parecer, besarse es hasta bueno para la salud. Por ejemplo, la frecuencia cardíaca aumenta y mejora el metabolismo. Por esta razón, las personas que besan mucho tienen menos probabilidades de sufrir hipertensión y depresión, según un estudio alemán publicado hace ya 15 años.

Además, se cree que el intercambio de saliva es bueno para el sistema inmunológico y para los dientes porque las enzimas antimicrobianas previenen las caries y la parodontosis (la fase final de la gingivitis).

Los más besucones no tienen que preocuparse por las arrugas, pues al besar se mueven todos los músculos de la cara y así se estira la piel. Asimismo, un beso apasionado produce el mismo efecto que comer 25 gramos de chocolate. Con la ventaja de que no engorda.

Investigadores estadounidenses estudiaron las costumbres en todo el mundo y descubrieron que el beso romántico sólo es habitual en menos de la mitad de las culturas (en el 46 %).

¿Y cuándo un beso es bueno en materia de amor? “Por un lado los besos requieren instinto”, dice Krüger. “Uno debe notar lo que le gusta a la otra persona, recibir sus mensajes sensoriales, por así decirlo, hablar con ella”. Los besos son el idioma de los labios y la lengua, explica. “Es el intercambio corporal más sensorial e íntimo. El sexo puede ser distante, pero los besos intensos son siempre una forma íntima de acercamiento”, afirma.

Con los cinco sentidos

Desde los besos tiernos a los más apasionados, hay numerosos tipos de besos y el volumen de los labios no juega ningún papel, destaca el experto. “Pero cuando alguien es muy serio y va por la vida casi con los labios apretados, siempre besa mal”.

El investigador considera que el hecho de que las personas cierren los ojos al besar es algo lógico. En los besos se implican los cinco sentidos; si se anula uno, los demás se potencian.

Por otro lado, investigadores estadounidenses descubrieron que las personas que se despiden por las mañanas de sus parejas con un beso tienen más éxito en el trabajo y provocan menos accidentes. Y una última cosa: a quien le guste besar y lo haga a menudo es más feliz y vive cinco años más, según los estudios.

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